«Hay que imponer, en suma, al orden de la cultura, las ideas esenciales que han inspirado nuestro Glorioso Movimiento, en la que se conjugan las lecciones más puras de la tradición universal y católica con las exigencias de modernidad.» (Ley del 24 de noviembre de 1939 de fundación del CSIC). [1] 1º El Consejo Superior de Investigaciones Científicas, como órgano supremo de la alta cultura española, en el que tienen su elevada representación los más prestigiosos elementos universitarios, académicos y técnicos, gozará de la máxima jerarquía en la vida cultural del país. Alcanzará, por tanto, el puesto más preeminente en las manifestaciones sociales y públicas de cultura de la esfera nacional y en las relaciones con el mundo científico exterior.
2º El Consejo Superior tendrá por Patrono espiritual de todas sus empresas al glorioso san Isidoro arzobispo de Sevilla, que representa en nuestra historia el primer momento imperial de la cultura española.
3º El emblema será, siguiendo y adaptando la tradición luliana, un «arbor scientiae», que represente un granado, en cuyas diversas ramas se aluda en lengua latina a las manifestaciones científicas que el Consejo cultiva. Este emblema servirá para las medallas o insignias de los Consejeros, para «ex libris» de sus revistas y publicaciones y para sello en los papeles de sus relaciones sociales (Orden de 8 de marzo de 1940, Ministerio de Educación Nacional —Ibáñez Martín—).[2]
La inscripción, que glorificaba a la figura de Franco, fue suprimida en agosto de 2010.[3] Las disciplinas o nombres que deben aparecer en las cartelas del árbol son también objeto de polémica; porque el árbol luliano en sí ya era utilizado como emblema de la Junta para la Ampliación de Estudios desde 1907.[4] En la versión franquista se dio preeminencia a la teología, de la que las demás ciencias son «esclavas» según el aforismo escolástico philosophia ancilla theologiae);[5] aunque tanto en el friso, como en la revista Arbor desde los años cincuenta (las anteriores sí)[6] se utilizó un logo en el que no aparecen nombres en las cartelas, y que es el que se sigue utilizando en la actualidad.[7]
Un prominente falangista, Ernesto Giménez Caballero, fue el principal teórico del arte fascista en España;[15] mientras que el más prestigioso teórico del arte español de la época, Eugenio d'Ors, se esforzó por la creación de un ambiente artístico afín al régimen pero abierto y asimilador (Salón de los Once, Academia Breve de Crítica de Arte, 1941-1954), incluyendo a las vanguardias, que pasaron con el tiempo a ser incluso una seña de identidad del régimen, cada vez más interesado en mostrar, tanto hacia el interior como hacia el exterior, una imagen de modernidad.[16]
En el reparto de parcelas de poder entre las familias del franquismo (católicos, azules, monárquicos —carlistas y juanistas— y militares —africanistas y de otras tendencias—) correspondieron a cada una de ellas ámbitos ministeriales y funciones no siempre bien delimitadas: a los católicos les correspondió el Ministerio de Educación Nacional, donde se centraba la mayor parte de la política cultural; pero a los azules les correspondía la política social y el aparato del Movimiento Nacional, que pretendía una presencia totalitaria en todos los aspectos de la vida pública e incluso privada. Cada una de las familias disponía de medios de comunicación afines.[27]
La imagen ha sido moneda corriente desde poco después de la guerra civil. Primero circuló fuera de España; se suponía que en ella no quedaban más que “curas y militares”, y ni rastro de vida intelectual, refugiada en la emigración. La propaganda oficial, mientras tanto, afirmaba que se había eliminado —hacia el cementerio, la emigración, la prisión o el silencio— la escoria “demoliberal”, y se había restablecido el esplendor “imperial” de España, ejemplificado en nombres de los que hace mucho tiempo nadie se acuerda, y que no es piadoso recordar.
Los autores se procuran enumerar por géneros y por edad
Literatura y ambiente intelectual
editar
Tanto en la España de Franco como en el exilio y en la imagen de España en el exterior, la Guerra Civil (1936-1939) se perpetuó como referente vital y cultural.
La destrucción del patrimonio artístico español había sido de gran magnitud, no solo por actos de guerra, sino particularmente por la furia iconoclasta de la retaguardia republicana. Tales hechos fueron ampliamente divulgados por el nuevo Estado,[31] que a la vez pudo exhibir como un logro propio la recuperación de los fondos más importantes del Museo del Prado, puestos a salvo en Ginebra, y la obtención de la humillada Francia de Vichy de dos piezas emblemáticas salidas de España bajo diferentes circunstancias (la Inmaculada de Soult y la dama de Elche, 1941).[32]
A pesar de la producción literaria de los intelectuales afines al nuevo Estado Nacional, de la vuelta de algunas celebridades de gran peso internacional (Arturo Duperier, Ortega y Gasset, Salvador Dalí) y del mantenimiento de una mínima actividad científica (creación del Instituto de Estudios Políticos —1939—, del CSIC —1939— y del Instituto de Cultura Hispánica —1946—) y de algunos ámbitos de relación (tertulias como las del Café Gijón, revistas como Vértice —1937 a 1946—, Escorial —1940 a 1950—, Garcilaso-Juventud creadora —1943 a 1946—, Espadaña —1944 a 1951—, Ínsula —desde 1946—,[35] o Cántico —1947 a 1949—);[36] la posguerra española (años cuarenta e inicios de los cincuenta) algunos historiadores aseguran que para el interior de la destruida, hambrienta y aislada España la época fue un páramo cultural, agudizado por la represión, la depuración del sistema educativo y de las instituciones culturales, la desinfección política y religiosa del cine y el teatro, las purgas y quemas de libros y la censura,[37] no solo de obras españolas, sino de clásicos extranjeros: estaban prohibidas La cartuja de Parma y Rojo y negro, de Stendhal; Madame Bovary, de Flaubert, o El amante de Lady Chatterley, de D. H. Lawrence, por poner solo unos pocos ejemplos. Lo mismo ocurría con autores mucho más clásicos. Es más, si conseguían "pasar" algunas obras, era por una tendenciosa o inexacta traducción. Comparar el periodo con el inmediatamente anterior, la Edad de Plata, da uno de los contrastes más claros de la historia de la cultura española.[38] La expresión «páramo cultural» o «páramo intelectual», muy utilizada, ha sido en sí misma objeto de debate y es para muchos autores injusta con las producciones culturales efectivamente existentes;[30] pero no obstante tiene la virtud de entroncarse en el debate esencialista, introspectivo y pesimista sobre el Ser de España que fue en sí mismo el tema intelectual más importante de la época (en 1949 se sustanció el debate en los libros, de explícitos títulos, de Pedro Laín Entralgo —El problema de España— y Rafael Calvo Serer —España sin problema—).[39]
El alineamiento en uno u otro bando de la guerra civil fue haciéndose algo difuso para un grupo cada vez mayor de personalidades intelectuales, tanto del exilio como del interior, convergiendo en lo que se ha venido en llamar una tercera España. Es el caso de Manuel de Falla y de Ramón Gómez de la Serna (ambos residieron hasta su muerte en Argentina pero no se identificaron especialmente ni con los exiliados republicanos ni con las autoridades franquistas, que procuraban atraérselos); de un significativo conjunto de exiliados republicanos a los que la violencia había distanciado del propio bando republicano desde el inicio de la guerra («los blancos de París»: Salvador de Madariaga, Niceto Alcalá-Zamora o Alfredo Mendizábal —Comité Español por la Paz Civil, París, febrero de 1937—[43]); y de otro significativo grupo, que optó por quedarse en España o volver en los primeros años de la posguerra: el médico y ensayista Gregorio Marañón o los filósofos Ortega y Gasset, Javier Zubiri y Julián Marías.[44] Simbólicamente, los tres principales animadores de la Agrupación al Servicio de la República de 1931 (Ortega, Marañón y Pérez de Ayala) coincidieron en su desesperanzado rechazo de ésta y en la resignada aceptación del régimen de Franco, retornando a España en los años cuarenta. Por su parte, un selecto grupo de intelectuales procedentes del falangismo se fue distanciando del régimen (el entorno de la revista Escorial, que ha recibido la polémica denominación de falangismo liberal:[45][37] Pedro Laín, Antonio Tovar,[46] Dionisio Ridruejo, José María Alfaro Polanco, Gonzalo Torrente Ballester, José Luis López Aranguren, Álvaro Cunqueiro —que continuó escribiendo la mayor parte de su obra en gallego—).
El final del franquismo fue un periodo tan prolongado como el anterior, en el que los cambios sociales ligados al desarrollo económico, la industrialización, la urbanización, la apertura al exterior y el turismo, tuvieron diferentes respuestas institucionales, entre las que destacó la actuación del Ministerio de Información y Turismo (1951), dirigido por Manuel Fraga entre 1962 y 1969 (Ley de Prensa e Imprenta de 1966, que sustituyó a la de 1938); y la reforma educativa de José Luis Villar Palasí (Ley General de Educación de 1970);[48] al tiempo que se producían cambios sustanciales en la Iglesia católica, hasta entonces uno de los principales apoyos de la España de Franco, que pasó a marcar claramente las distancias (aggiornamento, Concilio Vaticano II, pontificado de Pablo VI desde 1963 y presidencia del cardenal Tarancón en la Conferencia Episcopal desde 1971). La parte de la jerarquía eclesiástica claramente identificada con los elementos más inmovilistas, quedó (como estos mismos —lo que en los años setenta pasó a denominarse el búnker—) relativamente marginada de las posiciones centrales del poder.[49] En 1967 se promulgó una Ley de Libertad Religiosa. La alianza del centinela de Occidente (retórica expresión referida a España y al propio Franco, identificados entre sí) con los Estados Unidos para la defensa del mundo libre había pasado a ser el apoyo clave. Incluso se solicitó el ingreso en el Mercado Común Europeo, que fue denegado por la falta de homologación democrática (1962).
El régimen adaptaba su ideología de lo carismático a lo tecnocrático (denominación que se utilizaba para designar a los expertos pragmáticos ligados al Opus Dei), mientras que las alternativas ideológicas se planteaban cada vez con mayor audacia. Las consecuencias llegaron hasta tal punto que se ha descrito lo sucedido como una pugna o disputa de la hegemonía cultural, una crisis de hegemonía o una crisis ideológica.[50]
Algunos periódicos (Diario Madrid —obligado a cerrar en 1971—, Informaciones) y revistas (Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, 1963-1976) aprovecharon hasta sus límites el relajamiento de la censura, en ocasiones sobrepasando la tolerancia de las autoridades y suscitando sonoros escándalos, lo que les convirtió en referentes políticos y culturales.
La participación de artistas vinculados al bando nacional seleccionados por Eugenio d'Ors representando a España en la XXI Exposición Internacional de Arte de Venecia (junio de 1938) tuvo un impacto bastante discreto (seis pintores y cuatro escultores —incluyendo al portugués Lino Antonio y al uruguayo Pablo Mañé— de entre los que únicamente destacaba Zuloaga, que envió 28 obras y fue galardonado con el Gran Premio Benito Mussolini); en comparación con la admiración suscitada por los artistas vinculados al bando republicano en la Exposición Internacional de París de 1937, en cuyo pabellón (diseñado por Josep Lluís Sert y Luis Lacasa) se exhibieron el Guernica de Picasso, el Pagès de Miró, la Montserrat de Julio González, fotomontajes de Renau, etc.[72] Sin impresionarse por ello, José María Pemán no se privó de hacer su propia comparación: los mejores, con nosotros.[73] Curiosamente, el pabellón del Vaticano exhibía una espectacular Apoteosis de Santa Teresa de José María Sert, con lo que los dos Sert, tío y sobrino, representaron la división española.[74]
Del mortecino ambiente artístico posterior a la guerra civil es muestra que uno de los certámenes más destacados fuera la IV Exposición Internacional de Arte Sacro (Vitoria mayo-agosto de 1939).[75]
Las estructuras oficiales de la pintura española en el franquismo estuvieron presididas por el academicismo (Fernando Álvarez de Sotomayor, director del Museo del Prado y de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, también es un buen ejemplo Ricardo Macarrón, el retratista de mayor éxito social), pero no carecieron de reconocimiento pintores de trayectoria vanguardista anterior a la guerra, como Benjamín Palencia, Pancho Cossío o Daniel Vázquez Díaz; mientras que la llegada de Salvador Dalí en pleno aislamiento internacional (1949) fue celebrada como un logro por las autoridades y como una deserción por el exilio. Joan Miró optó por desarrollar su trabajo de forma discreta y sin transigir con ningún tipo de actividad que pudiera interpretarse como colaborativa con el régimen; lo que en cambio sí le permitía extender su fértil influencia en los jóvenes artistas plásticos (de forma equivalente al exilio interior del poeta Vicente Aleixandre).[12] Maruja Mallo regresó a España discretamente en 1965. La estrategia de aperturas culturales del propio régimen incentivó el surgimiento de iniciativas estéticamente vanguardistas.[76]
Monumento a los Abogados de Atocha (2003), basado en la obra pictórica El Abrazo, de Juan Genovés (1976), que había sido utilizada como cartel de la Junta Democrática en favor de la amnistía, a consecuencia de lo cual el autor fue detenido.[85]
Con la formación del primer Gobierno Regular se establecieron distintos Servicios Nacionales. Entre ellos, el Servicio Nacional de Bellas Artes, dirigido por Eugenio d´Ors a través del que se abordó la cultura y la vida musical española desde ámbitos distintos. Se nombró a Manuel de Falla director del Instituto Español (aunque este rechazó el cargo) y se aplicó una lectura más nacionalista a su obra. Se realiza un nuevo intento de creación de la ópera nacional y, con ello, resurge una brillante generación de cantantes de ópera (Victoria de los Ángeles, Alfredo Kraus, Pedro Lavirgen, Montserrat Caballé). Toda la actividad musical del país se encontraba regida por el organigrama definido desde estos Servicios Nacionales.[92]
Salón de teatro del Palacio de El Pardo. Franco se hacía proyectar en él sesiones privadas de cine. Se hicieron famosas algunas de sus reacciones, como su permisividad ante la escandalosa Gilda —por haberle caído simpática la actriz protagonista, de padre español—, el estimar inofensiva Ana y los lobos de Saura —porque «no se entendía nada»—, o su incomprensión ante el escándalo vaticano por Viridiana —porque consistía simplemente en «chistes de baturros»—.[98]
El propio Franco era muy aficionado al cine,[99] y escribió (bajo seudónimo) el guion de Raza (1941, José Luis Sáenz de Heredia). La colaboración con el cine alemán e italiano durante la guerra mundial dio paso, tras la derrota del Eje, a la recepción del cine estadounidense en un entorno de censuranacionalcatólica; y a una producción interior, sometida a un férreo control económico (el crédito sindical), en la que únicamente contados cineastas e intelectuales próximos a Falange se pudieron permitir algunas producciones de carácter crítico (Surcos —1951, dirigida por José Antonio Nieves Conde y con guion de Gonzalo Torrente Ballester—).
La televisión española tuvo su primera emisión en 1948 y programación regular desde 1956 (desde 1966 con dos canales). No se convirtió en un medio de comunicación de masas hasta los años sesenta y setenta, a medida que la cobertura fue alcanzando prácticamente todo el territorio y que el equipamiento familiar de electrodomésticos se generalizó entre las clases medias e incluso bajas. En el ámbito rural se impulsaron los teleclubs (Red Nacional de Teleclubs, 1964-1978 —750 000 socios en 5 000 centros, el primero creado en Matilla la Seca, Zamora—).[102]
Los servicios informativos, que no podían plantearse ningún tipo de independencia frente a la política oficial, no obstante alcanzaron un alto nivel en algunos reportajes, corresponsalías y enviados especiales (Informe Semanal, desde 1973).[103]
↑Estaba situada en el centro de la plaza del Caudillo (hoy plaza del Ayuntamiento) de Valencia. En la transición democrática fue trasladada al interior del convento de Santo Domingo, contiguo a la Capitanía General de Valencia. Véase en: Defensa retira la estatua de Franco del patio de la Capitanía de Valencia Archivado el 15 de febrero de 2011 en Wayback Machine., Intereconomía, 06-04-2010.
Referencias
editar
↑«El logo del CSIC, pendiente de ser liberado de su connotación fascista». Canarias Insurgente. 21 de septiembre de 2010.
↑«Orden de 8 de marzo de 1940, Ministerio de Educación Nacional». Consultado el 1 de marzo de 2020.
↑Obligando al CSIC a ocultar su vergonzosa historia, en Tiempo de Historia (fecha acceso 2011).
↑Véase el nombre de las ciencias en una escultura existente en Santiago de Compostela panoramio.com Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine. (fecha acceso 2011).
↑Véanse la portada de la revista de marzo de 1955, sin nombres (fecha acceso 2011).
↑Véase la imagen corporativa del CSIC Archivado el 26 de junio de 2012 en Wayback Machine. (fecha acceso 2011).
↑Uso bibliográfico de «cultura franquista» en español, en francés y en inglés; y de «arte franquista» en español, en francés y en inglés. Uso bibliográfico de «arte del franquismo», en español, en francés (ninguno a 14/4/2011) y en inglés (ninguno a 14/4/2011); y de «cultura del franquismo» en español, en francés y en inglés. Uso bibliográfico de «pintura franquista», «escultura franquista», «arquitectura franquista», «música franquista», y «cine franquista»; de «pintura del franquismo» (ninguno a 14/4/2011), «escultura del franquismo» (ninguno a 14/4/2011), «arquitectura del franquismo», «música del franquismo» y «cine del franquismo» (fecha acceso 2011).
Ignacio Luis Henares Cuéllar, José Castillo Ruiz, Gemma Pérez Zalduondo, María Isabel Cabrera García (coords.) Dos Décadas de Cultura Artística en el Franquismo (1936-1956), actas del congreso (año 2000), Universidad de Granada, 2001, ISBN 84-699-6912-9 (ponencias, entre otros, de Elías Díaz y Víctor Manuel Nieto Alcaide).
Ángel Llorente, Arte e ideología en el franquismo, 1936-1951, Visor, 1995, ISBN 84-7774-573-0.
Jordi Gracia García y Miguel Ángel Ruiz Carnicer, La España de Franco (1939-1975). Cultura y vida cotidiana, Madrid, Síntesis, 2001. (véase resumido en uclm.es Archivado el 13 de abril de 2012 en Wayback Machine., donde se cita también a Juan Pablo FusiUn siglo de España. La cultura, Marcial Pons, 1999; Dionisio Ridruejo, Escrito en España, 1961)
Equipo Reseña, La cultura española durante el franquismo, Mensajero, 1977, ISBN 84-271-1074-X
Javier Tusell, La cultura del franquismo intermedio. El final de la penitencia - Sobre la cultura en el segundo tercio del franquismo, en Dictadura franquista y democracia, 1939-2004, Crítica, 2005, ISBN 84-8432-622-5, pp. 174 y ss. Bibliografía citada como libros de carácter general: Jordi Gràcia, Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo (1940-1962), Presses Universitaires du Mirail, 1996, Shirley Mangini, Rojos y rebeldes. La cultura de la disidencia durante el franquismo, Anthropos, 1987, Juan F. Marsal Pensar bajo el franquismo. Intelectuales y política en la generación de los años cincuenta, Península, 1979.
↑
Más allá de la identificación, matización u oposición terminológica entre nacionalcatolicismo, falangismo —o nacionalsindicalismo—, fascismo y franquismo, las denominaciones arte falangista, cultura falangista, estética falangista, pintura falangista, escultura falangista, arquitectura falangista, literatura falangista, etc., tienen un uso amplio, que se puede restringir a los productos culturales más identificados con Falange y específicamente con la familia azul dentro de las familias del franquismo; aunque muy habitualmente se generaliza para englobar la totalidad de lo identificado con la denominada España nacional, franquista o de Franco (p. ej. Arte franquista, arte falangista, título del capítulo correspondiente en Ángel Llorente, op. cit.).
Miguel Ángel Ruiz Carnicer, Estética falangista y penetración de las vanguardias artísticas. Proa, revista del SEU de Zaragoza (1940-1958), Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, ISSN0211-3171, N.º 34, 1988 , pp. 173-200
la evolución del gusto literario de Fernández Figueroa... típica de los falangistas de su generación.. refleja el paso de la estética falangista de la literatura justificativa o militante a la parasocial, Índice se constituirá en protector de esta corriente humano-verídica que aún no llega a ser socialrealista, representada por escritores como Aldecoa (Manuel L. Abellán, Medio siglo de cultura (1939-1989), Rodopi, 1990, ISBN 90-5183-224-9, p. 176.
el arte falangista, mal estudiado y peor comprendido, según todos los indicios. En un primer momento, la arquitectura neoimperial y la mitología épico-nacional (Francisco Calvo Serraller, España: medio siglo de arte de vanguardia 1939-1985, Fundación Santillana, 1985, p. 54.
Si se puede hablar en un principio de un arte falangista y comprometido, es de corta duración y más estrictamente para usos y fines políticos que generalizado entre el pueblo. Exalta la persona de Franco, el Movimiento... (Vicente Cantarino, Civilización y cultura de España, Prentice Hall, 1999, ISBN 0-13-096149-3, p. 411.
Las denominaciones arte fascista español, pintura fascista española, escultura fascista española, arquitectura fascista española, cultura fascista española, literatura fascista española, etc., son menos utilizadas, pero hay ejemplos:
Literatura fascista española: Antología, Akal, 1987, ISBN 84-7600-160-6.
Las denominaciones arte nacionalcatólico, pintura nacionalcatólica, escultura nacionalcatólica, arquitectura nacionalcatólica, cultura nacionalcatólica, literatura nacionalcatólica, estética nacionalcatólica también tienen algún uso.
En mayo de 1952, y en Barcelona, tendrá lugar la consagración de la cultura nacionalcatólica [el Congreso Eucarístico Internacional] (Gregorio Morán, El maestro en el erial: Ortega y Gasset y la cultura del franquismo, Tusquets, 1998, ISBN 84-8310-049-5, p. 434.).
Andrés Sopeña Monsalve El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcatólica, Barcelona, Crítica, 1994.
↑Juan Casco y Antonio Espino «En el centenario de López Ibor.» 9 de mayo de 2006. El País.
↑ abcExpresión de Miguel Salabert para un artículo en L'Express de 1958; citado por él mismo en la introducción a El exilio interior, 1988, Barcelona: Anthropos. El libro fue escrito en 1961 y tuvo problemas para editarse en España (Carta al director de El País. de José Manuel Fajardo 30/12/1984. La nómina de los pertenecientes a tal categoría no es fácil de determinar. La bibliografía suele referirse a Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso, pero en el caso de Alonso solo puede atribuirse al periodo anterior a su integración en las instituciones (Real Academia). También es muy frecuente la inclusión de Juan Gil Albert (ejemplos) o de Rafael Cansinos Assens (ejemplos) entre los literatos, y de Joan Miró (ejemplos) entre los artistas plásticos.
El Epistolario del exilio de Max Aub con autores del exilio interior recoge cartas de Celaya, Landínez, Fuertes, Aleixandre, José Agustín y Luis Goytisolo, Gil Albert, Aranguren, Mainer, Gubern, Matute y otros (Web de la fundación Max Aub Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine.). Otra nómina lista a Gabriel Celaya, Blas de Otero, José Hierro, Eugenio de Nora, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente (Claude Le Bigot, Lectures de Neruda, p. 87. Es muy habitual que al describir a un autor, se le atribuya su pertenencia al exilio interior, argumentándolo como un mérito (por ejemplo, es legítimo hablar de exilio interior, para el caso de Ángel González: José Luis García Martín, La poesía y sus circunstancias, p. 250).
La naturaleza del exilio se hace más profunda, como un aislamiento dentro del aislamiento, primero en la separación del exilio interior con respecto a la emigración, y luego en la división ulterior del exilio interior (Paul Ilie Literatura y exilio interior: (escritores y sociedad en la España franquista), Fundamentos, 1981, ISBN 84-245-1311-2).
Francisco Giral, Ciencia española en el exilio (1939-1989), Anthropos, 1994, ISBN 84-7658-442-3, p. 207 (en relación con Grande Covián y el exilio interior en científicos españoles del franquismo).
En el exilio interior sobrevivieron Francisco Tello, Antonio de Zulueta o Miguel Catalán, que vieron considerablemente mermada su capacidad de trabajo científico ante la hostilidad de las nuevas autoridades, la incomunicación con el exterior y la penuria económica de posguerra (José Manuel Sánchez Ron, Un siglo de ciencia en España, Residencia de Estudiantes, ISBN 84-95078-88-0).
Tras el concepto de «exilio interior» surge un nuevo mito bien intencionado de izquierdas, que termina sirviendo a facilitar una lectura estanca y «conservadora» de la época, un mito que siempre se inscribe a la derecha. José María Naharro-Calderón, Entre el exilio y el interior: el «Entresiglo» y Juan Ramón Jiménez, Anthropos, 1994, ISBN 84-7658-438-5.
↑«Ruiz Giménez no estaba solo. Dio paso a una serie de personajes que se revelarían capitales en el proceso de amoldamiento mutuo entre el poder y la vanguardia. Durante su mandato en el ministerio de Educación (1951-1956), se creó un cierto clima liberal.» (marzo, op. cit., p. 25).
↑* El 85 por ciento de los profesores universitarios de España, con once rectores a la cabeza... editaron más de 650 periódicos, algunos con tiradas impresionantes, de hasta 100.000 ejemplares (Jorge Domingo, El exilio republicano español en Cuba, p. xvii). La cifra probablemente sea excesiva: José Antonio Biescas y Manuel Tuñón de Lara (España bajo la dictadura franquista, tomo 10 de Historia de España, Barcelona, Labor, 1980. ISBN 84-335-9431-1, p. 16) hablan de dos tercios del profesorado universitario exiliados o destituidos.
Galería de artistas, intelectuales y científicos republicanos (lista tanto a los del exilio interior como a los del interior) (fecha acceso 2011).
↑ abEn 1934, tras acudir a un congreso en Italia, Ernesto Giménez Caballero había publicado en F. E. el artículo «Arte y Estado», convertido en libro en 1935. Allí identificó el monasterio de El Escorial como «compendio de todas las virtudes del arte español» y «símbolo de lo que debería ser el arte fascista» (véase bibliografía sobre el tema).
↑* «Había que demostrar al mundo que el Alzamiento no había sido solo una sublevación de militares, moros, banqueros y clérigos, sino que también habían intervenido intelectuales y personas civiles de muy diversas procedencias». Sin embargo, y a pesar de algunos tímidos esfuerzos, no se llegó a emprender el camino hacia esa «cultura asuntiva y superadora» de la que nos habla Laín Entralgo. La primera cita, de una entrevista a Pedro Sáinz Rodríguez; la de Laín, de Descargo de Conciencia (1930-1960), Barcelona, Barral, 1976; en Alted, op. cit., p. 224.
Son muy clarificadoras las reflexiones de Jorge Luis Marzo, planteadas en forma de pregunta: «En 1960, los artistas españoles triunfan en el MOMA de Nueva York... El evidente acercamiento cultural del franquismo hacia los Estados Unidos durante los años 50, en el marco del apoyo político norteamericano a Franco, ¿pudo constituirse como resultado de la (des)politización internacional del formalismo abstracto? Y si así era, ¿cómo fue recibida la vanguardia informalista española, producida bajo y por una dictadura, en países democráticos, que blandían la abstracción como bandera simbólica de la libertad?... [Se debe distinguir entre] prácticas “modernas”... del arte pictórico y escultórico —y sus aparatos literarios— que siguió respondiendo a algunas de las premisas clásicas de las vanguardias europeas de preguerra... [y las] obras meramente académicas... Hablar de “vanguardia”, no implica, al menos abiertamente, que toda ella, anterior y posterior a la guerra civil, participara de las mismas premisas que los artistas “modernos” eclosionados a principios de los años 50... “vanguardia” en el sentido oficial que el Estado daba a sus apuestas por el arte moderno. Todo arte moderno que no tuviera sello oficial, no era vanguardia, porque “no era políticamente moderno”. En fin, la cultura franquista, como buena heredera del barroco, supo crear retorcidos retruécanos. Y duraderos». (Arte moderno y franquismo. Los orígenes conservadores de la vanguardia y de la política artística en España, 2006.)
Julián Díaz Sánchez y Ángel Llorente Hernández, La crítica de arte en España (1939-1976), Akal, 2004, ISBN 84-7090-440-X.
María Dolores Jiménez Blanco, «Academia Breve de Crítica de Arte», en Enciclopedia Madrid S.XX, fuente citada en Academia Breve de Crítica de Arte en Madripedia (fecha acceso 2011).
↑ abAndrés Trapiello, Las armas y las letras: literatura y Guerra Civil (1936-1939), Península, 2002, ISBN 8483075197; reeditado en Destino, 2009 ISBN 84-233-4191-7. Citado por Javier Rodríguez Marcos en «Generales, curas y señoritos españoles». 30 de marzo de 2009. El País.
↑«¿De qué fuentes o corrientes ideológicas se nutre esta interpretación de la historia de España?... las formulaciones realizadas entre 1930 y 1936 por los ideólogos de los grupos anteriormente citados [fuerzas o tendencias políticas e ideológicas diversas (falangistas de distintas orientaciones, monárquicos alfonsinos, tradicionalistas y católicos provenientes básicamente de la extinta CEDA)] integrados dentro del círculo interno del poder franquista. Estos autores son, en concreto: José Antonio Primo de Rivera ['Obras completas', Madrid, 1942], José Monge y Bernal ['Acción Popular (estudios de biología política)', Madrid, 1936], Ramiro de Maeztu ['Defensa de la Hispanidad', Madrid, 1934] y Jorge Vigón ['Historia de España seleccionada en la obra del maestro Marcelino Menéndez y Pelayo', Madrid, 1933 - La de J. Monge es la única obra que conocemos de un miembro cualificado de la CEDA en la que se hace, aunque de forma muy sucinta, una interpretación de la historia de España]... los carlistas... pueden ser aunados, en el aspecto concreto que estudiamos sin grave distorsión, con las formulaciones de los representantes de Acción Española... El que el franquismo inicial presente una ideología basada en la versión más tradicional del catolicismo creemos que hay que interpretarlo, por una parte, como resultado de la debilidad del falangismo (tanto ideológica, como política y social) y por otra como ideología que permitía una mayor posibilidad de acuerdo dentro del círculo interno de poder franquista». Rafael Valls, Ideología franquista y enseñanza de la historia en España, 1938-1953, en Josep Fontana (ed.) España bajo el franquismo, Barcelona, Crítica, 1986, ISBN 84-7423-284-8, pp. 234-245. En el mismo estudio, se cita el texto del prólogo de la Ley de la Reforma de la Segunda Enseñanza de 20 de septiembre de 1938:
El depósito de la genuina cultura de España, a costa de tanto heroísmo salvado, exige de aquellos que han sido llamados a custodiarlos y a transmitirlo, los cuidados más abnegados... reformas radicales que el porvenir de la enseñanza española imperativamente requiere... rápidamente, influir en la transformación de una sociedad y en la formación intelectual y moral de sus futuras clases directoras... La revalorización de lo español, la definitiva extirpación del pesimismo antihispánico y extranjerizante, hijo de la apostasía y de la odiosa y mendaz leyenda negra, se ha de conseguir mediante la enseñanza de la Historia Universal (acompañada de la Geografía), principalmente en sus relaciones con la de España. Se trata así de poner de manifiesto la pureza moral de la nacionalidad española; la categoría superior, universalista, de nuestro espíritu imperial, de la Hispanidad, según concepto felicísimo de Ramiro de Maeztu, defensora y misionera de la verdadera civilización, que es la Cristiandad.
↑Stanley G. Payne «Cultura y educación» en El primer franquismo, Temas de Hoy, 1997, pp. 102 y ss.
↑Francisco Javier Paredes Alonso, Historia contemporánea de España: Siglo XX, p. 868.
↑ abPueden verse los textos de las órdenes ministeriales en los que se acuerda, por ser pública y notoria la desafección... por sus actuaciones... por su pertinaz política antinacionalista y antiespañola y dada la evidencia de sus conductas perniciosas que hacían completamente inútiles las garantías procesales... separar definitivamente del servicio y dar de baja en sus respectivos escalafones a una impresionante nómina de profesores, en Luis Enrique Otero Carvajal (dir), Mirta Núñez Díaz-Balart, Gutmaro Gómez Bravo, José María López Sánchez, Rafael Simón Arce: La destrucción de la ciencia en España. Depuración universitaria en el franquismo Complutense, Madrid, 2006 ISBN 978-84-7491-808-3 (reseña de Salvador López Arnal). Véase también Luis Enrique Otero Carvajal: «La destrucción de la ciencia en España. Las consecuencias del triunfo militar de la España franquista.» En Historia y Comunicación Social. número 6. Universidad Complutense, Madrid, 2001. ISSN1137-0734 pp. 149-186.
La mayor parte de las depuraciones fueron sanciones meramente simbólicas, ya que muchos de los afectados estaban o muertos o en el exilio. De los que permanecieron en España algunos fueron objeto también de persecución penal, como Julián Besteiro, que murió en la cárcel, o Juan Peset, que fue fusilado. No pocos de los represaliados administrativamente no tenían una vinculación política especial con las izquierdas, como Flores de Lemus. Entre los profesores de bachillerato depurados estaba Antonio Machado (a pesar de haber muerto en Francia) entre los profesores de Escuela Normal Eliseo Gómez (fusilado), y entre los maestros Amós Acero y Vicente Moliner (ambos fusilados). Biescas y Tuñón (op. cit., p. 16) dan la cifra de 7000 maestros entre los 270 000 presos totales en campos de concentración y cárceles del primer periodo franquista; y la de «dos tercios del profesorado universitario exiliados o destituidos».
De los catedráticos en activo en junio de 1936 en la Universidad de Madrid (hoy Complutense), un 44,3 por ciento fueron sancionados. La cifra es similar entre los profesores auxiliares y ayudantes que alcanza el 43,6 por ciento, aunque de un 7,6 por ciento de ellos no se han encontrado datos.Listado completo de los represaliados de la Universidad Complutense tras la guerra civil.
las universidades, estructuradas por la ley de ordenación de julio de 1943, cuyos rectores debían ser militantes de Falange. La realidad, tanto en la enseñanza media como superior, profesores y alumnos, alejados de todo espíritu científico, estaban encuadrados por el SEU y el Servicio Nacional del Magisterio. Tipo de seudocultra que también se manifestó a través de semanarios como El Español editado por la Vicesecretaría de Educación y dirigido por Juan Aparicio. Estos aparatos se completaban con el Instituto Nacional del Libro (que ya había sido creado en 1939) dirigido por Julián Pemartín, destacado ideólogo del régimen (Tuñón de Lara, La España de la Cruzada, op. cit., p. 114).
↑Elvira Ontañón «El Instituto-Escuela, un proyecto educativo vigente.» 23 de abril de 2007. El País. Entre las pocas instituciones educativas que escaparon del modelo nacional-católico (colegio alemán —Noticia del de Madrid, El Liceo francés de Madrid, breve cronología—, liceo francés — Archivado el 1 de julio de 2011 en Wayback Machine.—), estuvo el Colegio Estudio, fundado en 1940 como continuidad del proyecto institucionista, bajo la dirección de Jimena Menéndez-Pidal, esposa de Miguel Catalán Sañudo; en lo que puede interpretarse como un exilio interior institucional. El colegio Estudio, una aventura pedagógica en la España de la posguerra (exposición de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, Madrid, 2009 -reseña del catálogo Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine. reseña de la exposición) (fecha acceso 2011).
↑Jaume Claret Miranda, El atroz desmoche: la destrucción de la universidad española, p. 356.
↑* José Miguel Delgado, Propaganda y medios de comunicación en el primer franquismo (1936-1959), Universidad de La Rioja, Servicio de Publicaciones, 2006.
Propaganda y medios de comunicación en el franquismo (1936-1951) Universidad de Alicante, 1998.
↑Luis Hurtado Álvarez, Si eres español, habla español, en Unidad, 18 de mayo 1937. Citado en escueladesara.com Archivado el 7 de julio de 2010 en Wayback Machine.
↑La Iglesia, a cambio del apoyo prestado a la sublevación, exigió el régimen el control del campo que tradicionalmente había considerado suyo: la educación y enseñanza. Por su parte, la Falange como partido único iba a intentar imponerse a través de los mass media. Ello explica el reparto de poderes que se realizó tras la constitución del primer gobierno por Ley de 30 de enero de 1938. En el Ministerio del Interior (Servicios Nacionales de Prensa y Propaganda) los falangistas; en el de Educación, los monárquicos de Acción Española, con Pedro Sainz Rodríguez al frente, bajo la atenta vigilancia del cardenal Gomá, primado de España.... nombró a sus colaboradores siguiendo esa táctica de aunar diferentes posiciones ideológicas que había presidido la constitución del gobierno. En el Servicio Nacional de Primera Enseñanza, el tradicionalista Romualdo de Toledo; en el de Enseñanza Superior y Media, José Pemartín, monárquico de Acción Española; en el de Enseñanza Técnica y Profesional, un técnico, Augusto Krahe. Encargado de Bellas Artes, Eugenio d'Ors, y de Archivos y Bibliotecas, Javier Lasso de la Vega... la necesidad de nombrar a alguien vinculado con Falange la obvió con Alfonso García Valdecasas, un falangista de primera hora, amigo personal suyo, que ocupó un cargo eminentemente técnico y administrativo: el de subsecretario... política educativa y cultural que desarrollaría uno de sus más caracterizados representantes, discípulo de Menéndez y Pelayo [se refiere al propio ministro Sainz Rodríguez], a quien convirtió en mentor de aquélla junto con el pedagogo y educador católico Andrés Manjón. Alicia Alted, Notas para la configuración y el análisis de la política cultural del franquismo en sus comienzos: la labor del Ministerio de Educación Nacional durante la guerra, en Fontana, op. cit., pp. 217-218.
↑La Carta colectiva del episcopado Español a los obispos del mundo entero de 9 de julio de 1937 había supuesto la sanción de la alianza entre Franco y la Iglesia, que interpretaba la guerra civil como una cruzada y a la figura de Franco como un don de la Providencia, que la había salvado de una horrenda persecución. A Franco se le recibía bajo palio en las ceremonias religiosas y se incluyó su nombre en la liturgia de la misa. No obstante, no hubo unanimidad, ni siquiera en la jerarquía: El cardenal Segura, que la República había conseguido privar de su sede toledana, regresó a España durante la guerra y ocupó el arzobispado de Sevilla, desde el que mantuvo fuertes enfrentamientos con Franco, pretendiendo una supremacía teocrática incompatible con la construcción del liderazgo cesarista del Caudillo. Por razones totalmente opuestas, Francisco Vidal y Barraquer, arzobispo de Tarragona, que se había negado a firmar la Carta Colectiva, no pudo volver a España y murió en el exilio en 1943.
↑* Xosé Chao Rego Iglesia y franquismo: 40 años de nacional-catolicismo (1936-1976) Tresctres, 2007, ISBN 84-935562-0-3
Eudaldo Forment Historia de la filosofía tomista en la España contemporánea, Encuentro, 1998, ISBN 84-7490-491-9
José María Albareda Consideraciones sobre la investigación científica, citado en Revista de filosofía, Instituto Luis Vives, 1951.
Resultados para «vocaciones tardías» Morente (fecha acceso 2011).
↑ abUso bibliográfico de «páramo cultural» y «páramo intelectual». En Juan Luis Suárez, El ensayo español del siglo XX, 1900-1990, p. 60, la expresión se atribuye a José Luis Abellán. Julián Marías indica que «primero circuló fuera de España», es decir, entre los exiliados (La vegetación del páramo Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine., publicado en La Vanguardia y El País, el 19 y el 21 de noviembre de 1976; artículo muy reproducido, donde propone como más ajustada la expresión «páramo institucional»). La expresión aparece usada de forma extensa por Luis Marañón, «Cuarenta años de páramo cultural.» 27 de julio de 1976. El País.
La expresión «desierto intelectual» es citada por Ramón Menéndez Pidal como usada por Marcelino Menéndez y Pelayo para referirse a su propia época (finales del XIX y comienzos del XX). Joaquín Pérez Villanueva, Ramón Menéndez Pidal: su vida y su tiempo, p. 168.
↑Recopilación con profusión de imágenes de La dominación roja en España. Causa General (1961), que se fue publicando parcialmente (Avance de la información instruída por el Ministerio Público, Eduardo Aunós, 1943).
↑Colorado, Arturo (ed.) Patrimonio, Guerra Civil y Posguerra Archivado el 12 de febrero de 2015 en Wayback Machine., Madrid, Complutense, 2011, ISBN 978-84-669-3465-7.
Breve descripción del contexto en nidodepoesia.com(fecha acceso 2011).
Miguel Hernández y Buero Vallejo: Retrato de de una amistad en cuevalagua.com (fecha acceso 2011).
Buero en la fundación Miguel Hernández (fecha acceso 2011).
↑El término se debe a José López Rubio en su discurso de ingreso en la RAE de 5 de junio de 1983. Citado en José Romera Castillo, Perfiles autobiográficos de la otra generación del 27 (la del humor) en uned.es (fecha acceso 2011).
Carlos Seco Serrano «Mihura y la otra generación del 27.» 18 de febrero de 2006. ABC.
↑«65 años de hispanismo en dos orillas. ‘Ínsula’, ‘revista de letras y ciencias humanas’ edita su Almanaque 2010.» 29 de marzo de 2011. El País.
↑De lo restringido de la nómina de revistas de la época da idea las pocas que aparecen en Revistas culturales de postguerra, artículo de Florentino Pérez Embid publicado en Temas Españoles (1956). Solo cita a Escorial de las referidas arriba, y añade: cuatro revistas efímeras (Cuadernos de Adán, Leonardo, Revista Española y Finisterre —heredera de Cruz y Raya, Leopoldo Eulogio Palacios 1949—), cinco revistas de distintos órganos oficiales (Arbor —del CSIC, desde 1944— Revista de Estudios Políticos —del Instituto de Estudios Políticos—, Cuadernos Hispanoamericanos —del Instituto de Cultura Hispánica, 1948—, Estudios Americanos —de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla, 1949—, Clavileño —de la Asociación Internacional de Hispanismo, 1950, no debe confundirse con la Asociación Internacional de Hispanistas fundada en Oxford en 1962—) y solo dos revistas independientes de reciente aparición para entonces (Nuestro Tiempo —Antonio Fontán, 1954— y Punta Europa —Vicente Marrero, 1955—). Eso sí, se añade una nutrida lista de revistas de instituciones religiosas, de títulos muy significativos: Razón y Fe, La Ciudad de Dios, Verdad y Vida, Pensamiento, La Ciencia Tomista, Revista Calasancia, Eidos, Religión y Cultura, Proyección, Estudios Filosóficos y Augustinus.
Un número mayor, referido a la totalidad del periodo franquista, se estudia por Jeroen Oskam, Las revistas literarias y políticas en la cultura del franquismo Archivado el 9 de marzo de 2014 en Wayback Machine., Letras peninsulares, 1992.
↑ abLeón Felipe: con los desterrados se había ido la canción, citado por José María Naharro-Calderón y Manuel Andújar, El exilio de las Españas de 1939 en las Américas: «¿adónde fue la canción?», Anthropos Editorial, 1991, ISBN 84-7658-268-4, p. 199. En el mismo texto de estos autores se dice: los nuevos usufructuarios del poder proscribieron también, con carácter retroactivo, esa cultura desterrada... se prohibió la edición y circulación de determinados libros... se decretó la destrucción de otros muchos. Purgas en bibliotecas, librerías y fondos editoriales; reescritura de la historia a imagen y conveniencia de la Dictadura... falsificación y censura... cierto manual de literatura firmado por Gonzalo Torrente Ballester... da noticia del alcance y de las intenciones de aquella operación «cultural»... Me negué siempre a aceptar que el inicio de la apertura fuese obra de los responsables de la cerrazón... la famosa «recuperación» de Antonio Machado por Dionisio Ridruejo no fue sino una tentativa de cambiar de lugar... a un nombre que el antólogo-censor sabía prestigioso e imprescindible, de recortar su obra y falsear su pensamiento para que cupiera dentro de los estrechos límites del quicio que permitía el acceso al régimen... se trataba de una usurpación... del poeta y del hombre. Aquellos liberales de camisa azul [el entorno de la revista Escorial] tenían que saber que su intentona pseudoaperturista nunca iba a alterar la naturaleza de la Dictadura. Toda la cultura, toda la literatura a ellos debida en los primeros años de posguerra tenía como objetivo el disimulo, la ocultación, igual que sus maniobras de recuperación de parte del pasado respondían al deseo de apuntalar lo insostenible. El sistema no hubiera permitido nunca otra cosa (pp. 200 a 202).
↑Término acuñado, para la literatura, por José Carlos Mainer (1987) La Edad de Plata (1902-1939), Madrid: Cátedra. El mismo autor titula Modernidad y nacionalismo 1900-1939 el volumen 6 de la Historia de la literatura española, Crítica, 2010. Reseña en El País, 19 de marzo de 2010.
↑Antoni Raja Vich, El problema de España bajo el primer franquismo, 1936-1956. El debate entre Pedro Laín Entralgo y Rafael Calvo Serer, tesis doctoral, Pompeu Fabra, 11-01-2011.
↑Juan A. Ríos Carratalá, El teatro de Carlos Arniches y los hermanos Álvarez Quintero, p. 21.
Citado en «Fascistas de vanguardia. El debate sobre la ideología totalitaria de escritores revolucionarios se reabre con dos libros sobre Céline y Drieu La Rochelle.» 18 de abril de 2011. El País.
↑Para algunos, el caso de Baroja puede ser incluso considerado el de un exilio interior dulcificado por la vida familiar (Miguel Sánchez-Ostiz, Pío Baroja, a escena, p. 482). No obstante, hay bastantes evidencias de la aproximación de Baroja al bando nacional, e incluso de la interpretación de su obra por intelectuales del régimen (Ernesto Giménez Caballero) como favorable al mismo (Eutimio Martín Pío Baroja, un intelectual del fascismo Canariasemanal 4 de enero de 2010).
↑* El aniversario de Alfredo Mendizábal en lne.es (fecha acceso 2011).
Alfredo Mendizábal, el pacifista al que los dos bandos de la guerra quisieron destruir. Un libro recupera la figura del que fuera catedrático de la Universidad de Oviedo, fundador del Comité Español por la Paz Civil, que luchó por un final dialogado en lne.es (fecha acceso 2011).
↑* Antonio López Vega Gregorio Marañón. Radiografía de un liberal, Taurus, 2011 (Reseña. 27 de mayo de 2011. El País.).
Ignacio Merino, «Marañón y la tercera España.» 14 de mayo de 2010. Archivado el 1 de diciembre de 2010 en Wayback Machine. Tiempo.
muchos intelectuales españoles... buscaron refugio en Francia desde el inicio de la Guerra Civil, tras verse confrontados a situaciones desagradables o peligrosas durante los primeros días que siguieron la sublevación. Disconformes con la violencia desencadenada en cada uno de los bandos contendientes... la expresión de Tercera España fue “acuñada por un sector crítico de la República durante la misma guerra, y designaba precisamente a esa parte de españoles que no se identificaban con ninguno de los dos bandos o, mejor, que disentía del curso que habían tomado los acontecimientos en el propio” [Milagrosa Romero Samper La oposición durante el franquismo, 3. El exilio republicano, Madrid, Encuentro, 2005]... lo bastante amplio y difuso como para abarcar a todos los decepcionados o descontentos de ambos bandos... se aplica a personalidades y actuaciones de signo muy variado... no desearon la guerra; los que no pudieron huir fueron actores pasivos de la guerra... esfuezos en vista de la mediación, la concordia, la reconciliación... Salvador de Madariaga, Niceto Alcalá-Zamora o Alfredo Mendizábal, tres hombres que intentaron federar los que como ellos no tenían cabida en ninguna de las dos Españas, para propiciar un acuerdo entre ellas (Eve Giustiniani El exilio de 1936 y la «Tercera España». Ortega y Gasset y «los blancos de París», entre franquismo y liberalismo, en Circunstancia, n.º 19, mayo de 2009).
↑La denominación se debe a los estudios de José Carlos Mainer (La revista Escorial en la vida literaria de su tiempo (1940-1950), en Ínsula, 1969) y Elías Díaz (Notas para una historia del pensamiento español actual (1939-1972),en Sistema, 1973), y ha sido criticada por Santos Juliá (La Falange liberal o de cómo la memoria inventa el pasado, en Autobiografía en España, un balance, congreso internacional celebrado en la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba del 25 al 27 de octubre de 2001, actas publicadas en 2004; ¿Falange liberal o intelectuales fascistas? Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine., en Claves de Razón Práctica, 2002; Historias de las dos Españas, Madrid, Taurus, 2004).
↑La desafección de Tovar se fecha a partir de un artículo publicado en Arriba contra Valentín Galarza (el Técnico), que provocó su destitución como secretario de Prensa y Propaganda (18 de mayo de 1941, momento en que se marca la máxima cota de poder de los azules y el comienzo de su decadencia dentro del equilibrio de poder entre las familias del franquismo). Tuñón, La España de la Cruzada, op. cit., p. 113.
↑Montero i Aulet, Francesc, Manuel Brunet i Solà (1889-1956). Itinerari d'un periodista catalanista, catòlic i conservador. UdG, 2005. Fuente citada en Manuel Brunet i Solà
↑«El régimen no podía ni quería realizar la apertura intelectual que hubiese satisfecho las crecientes inquietudes de las nuevas generaciones universitarias.... el descontento y la agitación de os universitarios... se hicieron endémicos, agravados por una reacción gubernamental que trató el problema como una cuestión de orden público, llenando los campus de policías —y las Facultades desde 1966 a 1973—, deteniendo y expedientando a miles de estudiantes y sancionando a los profesores que se atrevieron a apoyarles... llegó a suscitarse desde 1964-1965 un verdadero debate nacional sobre la educación, fuera y dentro (Falange contra Opus Dei) del régimen... avanzó espectacularmente la escolarización y se reforzó la expansión del sector público, aunque la Ley protegía la enseñanza prvada y garantizaba los derechos de la Iglesia, a la muerte de Franco casi el 70 % de los estudiantes españoles se educaban en escuelas y centros estatales... [pp. 31-32]... Si en 1962 España gataba en educación solo el 1,42 % de su renta nacional, en 1973 gastaba el 2,68 %. En 1964 el ministro Lora empezó, además,una intensa campaña de alfabetización de adultos y extendió la escolaridad hasta los catorce años... el porcentaje de analfabetos quedó reducido, en 1968, al 1.8 %... el número de alumnos en enseñanza primaria aumentó en un millón: la Universidad se duplicó en el mismo tiempo (87 608 estudiantes en 1962; 168 992 en 1968). Con Villar, otro hombre del Opus Dei, continuó la expansión: en 1974, estaba escolarizado en 99,88 % de los niños de seis a catorce años: el número de institutos era ya de 466 (178 en 1965); había 22 Universidades (12 en 1968); de 1970 a 1974 se quintuplicó el número de universitarios... se reconocieron sendas universidades al Opus Dei (Pamplona) y a los jesuitas (Deusto) y desde 1970 el Estado daría a los colegios privados subvenciones valoradas en varios miles de millones de pesetas anuales [p. 15]». Juan Pablo Fusi, La década desarrollista, en Historia de España de Historia 16, 1976, p. 15.
↑* Biescas y Tuñón op. cit.; especialmente los caps. III (Hacia la normalización económica y hacia la crisis ideológica 1951-1959) y IV (Crisis de hegemonía) de la parte III (Cultura e ideología), pp. 479-523.
Ramón Tamames, La República. La Era de Franco, tomo VII de la Historia de España Alfaguara (Miguel Artola, ed.), Madrid, Alianza, 1981 (1ª ed. 1973), ISBN 84-206-2051-3; especialmente el cap. 15 Educación, cultura y libertad de creencias y de expresión, pp. 549-579.
↑J. A. González Casanova «Estudiantes contra Franco.» 5 de enero de 2005. El País.
↑También entre los represaliados estaban los profesores Santiago Montero Díaz y Aguilar NavarroSantiago Montero Díaz 1911-1985 en filosofia.org (fecha acceso 2011). Mangini op. cit., p. 142. José Vidal-Beneyto, Memoria democrática, p. 83.
↑Web oficial de la revista Archivado el 28 de noviembre de 2018 en Wayback Machine. en la Fundación Camilo José Cela (fecha acceso 2011).
↑Cuadernos para investigación de la literatura hispánica, Volumen 13, p. 182.
↑Se ha propuesto la denominación Escuela de Barcelona (que lleva un movimiento cinematográfico). Juan Marsé y la Generación de los 50, en Correo, 20 de abril de 2011.
Manuel Vázquez Montalbán, Una educación sentimental (libro de poemas fechados entre 1962 y 1967, editados en 1967 y ampliados en 1970 —comentario Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine.—), Memoria sentimental de España (recopilación de artículos aparecidos en la revista Triunfo, 1969).
Juan Marsé, amigo de Carlos Barral, de Gil de Biedma y de Manuel Vázquez Montalbán entre otros autores de la generación del 50, ha sido considerado siempre un francotirador de la literatura, poco interesado en formar parte de movimientos y grupos. Su principal objetivo ha sido el de contar la memoria de la supervivencia, plasmando en sus personajes y en sus tramas las esperanzas, las derrotas, frustraciones y sueños que configuran íntimamente al ser humano. Esta capacidad de transmitir sensación de vida mediante el choque entre la realidad y los deseos, el uso de la ironía y la creación de un territorio literario basado en los barrios de El Carmelo y El Guinardó en los que transcurrió su infancia, lo han convertido en un escritor clásico de nuestro tiempo (Aquel muchacho, esta sombra, número monográfico en Mercurio, abril 2009, p. 5).
Javier Tusell, op. cit., recoge una extensa bibliografía. Como memorias: Carlos Barral, Años de penitencia', 1975, y Los años sin excusa, 1978; José María Castellet, Los escenarios de la memoria, 1988, Jaime Gil de Biedma, Diario del artista seriamente enfermo, 1974, Juan Goytisolo, En los reinos de taifas, 1986, Manuel Millares, Memorias de infancia y juventud, 1998, Antonio Martínez Sarrión, Infancia y corrupciones, 1993, y Una juventud, 1997, Antoni Tàpies, Memoria personal. Fragmentos para una autobiografía, 1979.
↑Aznar Soler, Manuel: Literatura y cultura del exilio republicano español de 1939 en Francia: el estado de la cuestión - Del Ruedo Ibérico a la democracia en España (1961-1975) Archivado el 20 de febrero de 2012 en Wayback Machine., en Literatura y cultura del exilio español de 1939 en Francia, p. 25.
Nuevas arquitecturas aparecerían en la Universitaria, rompiendo con los criterios de unidad y coherencia de preguerra: el ruralismo de Regiones Devastadas, el neoherreriano, el neovilanoviano, el neoclasicismo fascista muniqués... se dieron cita en el nuevo proyecto de conjunto concebido como un itinerario didáctico, muestra patente de las nuevas y ordenadas pautas de vida estudiantil... en un eclecticismo neoherreriano y en un neoclasicismo vilanoviano como teorizara Eugenio d'Ors, y preconiza Luis Moya (Pilar Chías Navarro, La ciudad universitaria de Madrid, Complutense, 1986, ISBN 84-7491-190-7, pp. 22 y 185). Lo vilanoviano se refiere a la arquitectura neoclásica española encarnada en Juan de Villanueva (edificio del Museo del Prado). Por neoclasicismo fascista muniqués se refiere a la Königsplatz de Múnich, escenario utilizado en las manifestaciones nazis.
Uso bibliográfico de «vilanoviano» en relación con D'Ors. Antonio Palacios pronunció una conferencia con el título Madrid ante una nueva arquitectura imperial Vilanoviana (Revista hispánica moderna: boletín del Instituto de las Españas, vol 7, 1941.
↑Ramón Arregui Sagarzazu, poco citado en la bibliografía, a no ser por esta obra (véanse referencias bibliográficas).
↑*Eria. Revista cuatrimestral de Geografía, Universidad de Oviedo, n.º 33-34, 2007, p. 300.
Saga Gómez Millán, arquitectos regionalistas, en Diario de Sevilla (fecha acceso 2011).
Ficha en Artehistoria (fecha acceso 2011).
↑Los arquitectos del exilio (reseña de la exposición Arquitecturas desplazadas. Arquitecturas del exilio español, Madrid, Nuevos Ministerios, 2007).
↑El pueblo canario en la web del Museo Néstor (fecha acceso 2011).
↑Tres nuevas Iglesias de Fisac: Iglesia Parroquial en Canfrac (Huesca), complejo parroquial de Santa Ana en Moratalaz, Madrid, Iglesia parroquial en Punta Umbría (Huelva), en Hogar y arquitectura: revista bimestral de la obra sindical del hogar, ISSN0018-3237, N.º 57, 1965 , pág. 54.
↑Oriol Bohigas, una bella arte llamada arquitectura Archivado el 27 de febrero de 2021 en Wayback Machine., Rfi, 02/11/2006.
↑Ureña Portero, Gabriel: La escultura franquista: espejo del poder, en Bonet, op. cit., pp. 77 y ss.
↑* Pabellón español en la Exposición Internacional de París (1937), en lluisvives.com (fecha acceso 2011).
Maqueta, en el Reina Sofía (fecha acceso 2011).
↑Orientación Española, abril de 1938. Citado en Alted, op. cit., p. 223.
↑El bando nacionalista tuvo su representación moral en el Pabellón del Vaticano, decorado por el catalán, muralista de moda, José María Sert —tío, precisamente, del arquitecto Josep Lluis— con una grandiosa «Apoteosis de Santa Teresa». Pero, sin embargo, no es hasta el año siguiente cuando hubo ocasión de realizar una gran muestra del bando franquista en el extranjero. Fue con ocasión de la XXI Bienal de Venecia de 1938. Eugenio D'Ors se movilizó para que la presencia nacionalista, apoyada por las autoridades fascistas italianas, tuviera una enorme trascendencia. El gran progagonista fue Ignacio Zuloaga, que consiguió el Gran Premio entonces denominado «Benito Mussolini». El vasco contaba con el apoyo incondicional de sus amigos, los embajadores de Estados Unidos en Italia, entonces —signo del momento— grandes admiradores del Duce. La presencia española se reforzó con la colaboración portuguesa y de algunos sectores hispanoamericanos. El escultor uruguayo Pablo Mané [sic] participó activamente en la organización y expuso sus obras con los nacionalistas. Otros participantes de la Bienal Veneciana fueron los escultores Quintín de Torre y Enrique Pérez Comendador —entonces ex-pensionado de la Academia Española en Roma, institución que personalmente «tomó» para la causa nacional—, los pintores catalanes Pruna y Togores, José Aguiar —uno de los primeros retratistas de Franco— y Gustavo de Maeztu, hermano del fusilado escritor. Según la documentación de la época, este conjunto tuvo un éxito clamoroso y sirvió de contrapunto al éxito republicano en París. (Álvaro Martínez Novillo, «Las artes plásticas durante la guerra española.» Archivado el 18 de mayo de 2014 en Wayback Machine. Cuenta y Razón n.º 21, 1985.
↑Para todo el párrafo, Alted, op. cit., pp. 222-223.
↑* Gabriel Ureña, Las vanguardias artísticas en la postguerra española, 1940-1959, AKAL, 1982, ISBN 84-7090-120-6, p. 168.
Jordi Gracia García, Estado y cultura: el despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, Presses Universitaires du Mirail, 1996, ISBN 2-85816-287-5 p. 29.
↑Uso bibliográfico de «informalismo español» en castellano y inglés. Véanse también los artículos arte abstracto e informalismo.
↑La etiqueta hiperrealismo español no ha tenido tanto éxito (Uso bibliográfico en español y en inglés).
↑* Noemí de Haro, Estampa popular: un arte crítico y social en la España de los años sesenta Archivado el 6 de marzo de 2019 en Wayback Machine., tesis doctoral, Universidad Complutense, 2009.
Estampa Popular en Artehistoria (fecha acceso 2011).
Estampa Popular en masdearte.com (fecha acceso 2011).
↑La posguerra española en Artehistoria (fecha acceso 2011).
↑Desde 1945 hasta 1960, se citan como ligados a grupos artísticos de discutida denominación, como la Segunda Escuela de Vallecas y su continuación en la Escuela de Madrid: la Galería-Librería Buchholz, Fernando Fe, Sala Negra, Biosca, Juana Mordó y Neblí. Referencias en:SÁNCHEZ CAMARGO, Manuel. Pintura Española contemporánea, Itto de Cultura Hispánica, Madrid, 1954. / CRESPO, A. «Sobre la significación de la llamada Escuela de Madrid», Artes, núm.extraoridinario, Madrid, 1964, pp. 14-15. / y MARTÍNEZ CEREZO, Antonio. La Escuela de Madrid, Ibérico Europea de Eds., Madrid, 1977 , 1ª ed. ISBN 978-84-256-0339-6 (y Pamplona, Caja de Ahorros de Navarra, 1999). / Ver también: VV. AA. "Exposición antológica de la Escuela de Madrid". Fundación Humanismo y Democracia, Caja de Madrid, 1990.
↑Para el teórico del arte Xavier Rubert de Ventós, el arte más rupturista se había convertido en un arte implicado en la producción. Entre sus obras sobre el tema: El arte ensimismado, 1963, Teoria de la sensibilitat, 1968, Utopías de la sensualidad y métodos del sentido, 1973, La estética y sus herejías, 1974 (Rubert de Ventós, pensador polifacético Archivado el 11 de marzo de 2016 en Wayback Machine. en lletra.com) (fecha acceso 2011). Ideas similares se encuentran en la obra del teórico del arte italiano Giulio Carlo Argan.
↑María Dolores Jiménez Blanco, Museo de Arte Contemporáneo, en Enciclopedia Madrid S.XX, citado en Madripedia (fecha acceso 2011).
↑Cronología de Juan Genovés Archivado el 26 de febrero de 2011 en Wayback Machine. en juangenoves.com (fecha acceso 2011). Imágenes de ambas obras Archivado el 27 de enero de 2012 en Wayback Machine. en artespain.com (fecha acceso 2011).
↑Junto con Juan Cabanas, se citan como participantes de los intereses de este grupo («dar una utilidad social al arte») a José Aguiar y Carlos Ribera. Laura Arias Italia como referente de modernidad. El eco de la revista Valori Plastici y del grupo Novecento en el arte español de posguerra, p. 247.
↑Alberto Sánchez Álvarez-Insúa Luisa Alberca y la generación de señas de identidad en el primer franquismo, Arbor, julio-agosto (2006) 469-487.
↑Natalia Meléndez Malavé, Humor gráfico y cómic ante la guerra: entre la propaganda y la contestación, Congreso Comunicación y guerra en la Historia, Vigo, abril de 2003.
↑«Joaquín Rodrigo y el nacionalismo casticista». Diario Digital Ciudadano de la provincia de Ciudad Real. 24 de septiembre de 2013.
↑Jordi Gracia; Jordi Gracia García (1996). Estado y cultura: el despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo: (1940-1962). Presses Univ. du Mirail. p. 36. ISBN9782858162871.
Casares Rodicio, Emilio, Generación del 51, en Enciclopedia Madrid S.XX, citado en Madripedia (fecha acceso 2011).
Kalipedia Archivado el 28 de marzo de 2012 en Wayback Machine. (fecha acceso 2011).
↑ Pérez Zalduondo, Gemma. Una música para el «Nuevo Estado». Música, ideología y política en el primer franquismo Granada, Libargo, 2013.
↑Danzas de España en Google Earth, 234 grabaciones en la web del Ministerio de Cultura (fecha acceso 2011).
↑Polémica en torno a su canción Un gran hombre, de 1966, dedicada a Franco, en libertaddigital.com (fecha acceso 2011).
↑Raphael actuó repetidamente en las galas de Navidad con presencia de Carmen Polo de Franco. En el Palacio de la Granja se celebraban recepciones para celebrar el 18 de julio (aniversario del Alzamiento) con fiestas de arte en las que actuaron gran número de actores, humoristas y cantantes, entre las que algunas recibieron el nombre de las tonadilleras de Franco (Juanita Reina, Estrellita Castro, Lola Flores, Rosa Morena, Carmen Sevilla, Antoñita Moreno). Véase un amplio listado en Juan Ignacio García Garzón y Silvia Castillo Espadas Lola Flores, p. 13. En las Campañas de Navidad hubo también partidos de fútbol benéficos entre famosos: toreros contra artistas y folklóricas contra finolis (Noticia en ABC, 31 de diciembre de 1970).
↑Los Beatles en España de José Luis Álvarez desvela los detalles de su visita
↑Citado y estudiado por Serge Salaün Defensa e ilustración de la canción popular según Vázquez Montalbán, en Manuel Vázquez Montalbán: el compromiso con la memoria (José F. Colmeiro, ed., Tamesis Books, 2007, ISBN 1-85566-156-X, pp. 35 y ss.)
↑Francisco Gil Delgado Pedro Segura. Un cardenal de Fronteras, BAC.
↑Citado por Virginia Guarinos Calle Mayor. Mujer y Teatro en fama2.es (fecha acceso 2011). La definición de Bardem es citada muy a menudo. Aquí se recoge en una revista pocos años posterior: Arbor, 1959, vol. 43, p. 371.
↑Herrero Martín, Luis: «La Labor educativa de la red nacional de teleclubs en la provincia de Salamanca.» Aula, n.º 9, pp. 73-84, 1997.