Prosa victoriana

Summary

Las obras literarias en prosa del periodo victoriano (1837-1901) abarcan disciplinas y géneros literarios como la religión, la teología y la oratoria; el ensayo; la historiografía; la biografía; las ciencias sociales y las ciencias naturales; la economía o la crítica.

El conflicto entre los conocimientos nuevos y la opinión consagrada llenó la época victoriana con el alboroto del debate. Los viajeros ampliaban nuestro conocimiento del mundo objetivamente considerado; los teóricos de las ciencias estudiaban su estructura interna; los economistas políticos y los moralistas deducían conclusiones que escandalizaban al hombre corriente. Detrás de todo esto, el aumento de la riqueza y del poder material favorecía una interpretación materialista de la experiencia, tácitamente aceptada en casi todos los departamentos de ésta hasta por los ortodoxos. Este materialismo se apoyaba erróneamente en la autoridad de la ciencia, ya que los científicos se mantenían correctamente dentro de los límites que sus premisas les imponían.[1]

Dos ensayistas, o más bien tres, alzaron fuertemente sus voces contra las enseñanzas de los economistas, los utilitaristas y los materialistas:[2]Carlyle, Ruskin y Matthew Arnold. Los dos primeros se erigieron en dos profetas que acusaron con vehemencia a su época y de los cuales ha tomado la posteridad la irónica venganza de considerarlos victorianos típicos, haciéndolos objeto de excesivas reconvenciones.[3]

Carlyle pretendió que Inglaterra regresase a una vida más espiritual por medio de una doctrina autoconcebida. Se trataría del mismo impulso que, moviéndose por un canal muy diferente, llevaría a otros, a través del Movimiento de Oxford, a una tendencia nueva en la Iglesia de Inglaterra y, en algunos casos, al catolicismo.[4]

Religión, teología y oratoria

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Los primeros años del reinado de la reina Victoria presenciaron un segundo gran movimiento de reforma en la Iglesia inglesa. El primero, o sea el de John Wesley, había sido evangélico; esta segunda reforma fue doctrinal y sacramental. El primero había llevado a la separación de los wesleyanos o metodistas de la comunión nacional. El segundo escindió esa comunión en dos partes discordantes, la una católica y la otra protestante. El tema de la época fue el conflicto entre el racionalismo y la fe, tomados estos términos en un sentido profano tanto como religioso, y a esta luz el Movimiento tractariano puede considerarse como una afirmación de fe.[5]​ Los tractarianos o folletistas se diferenciaban de la confesión católica romana ―afirmaban― por su mayor fidelidad a la organización de la Iglesia primitiva, por estar libres de los "errores populares" debidos a la corrupción de los tiempos posteriores. En realidad, el Movimiento restauró la autoridad de la Iglesia, la precisión dogmática (entre los que aceptaron esas opiniones), la catolicidad, la reverencia a los sacramentos y cierto tipo de santidad.[5]

Los himnos de The Christian Year (El año cristiano), de John Keble, son parte del germen de dicho movimiento, pero su consecuencia literaria más notable fue la Apologia pro Vita Sua de Newman.[6]​ Newman fue la personalidad más atractiva del grupo y el más distinguido prosista.[7]

Por último, debe recordarse que la época victoriana fue la Edad de Plata de la oratoria inglesa. Había aún suficiente unidad en la política y la religión para imprimir un tipo a la retórica, aunque la homogeneidad ya era menor que en el siglo XVIII. El sermón de Keble sobre La apostasía nacional, predicado en Oxford, tuvo fuertes repercusiones. El deán Stanley[Nota 1]​ alcanzó la perfección de la oratoria eclesiástica, y el disidente C. H. Spurgeon dio nueva vida a las raíces de la prosa de Latimer.[8]​ Hubo acuerdo en cuanto al estilo, en lo esencial; solo a fines del siglo desapareció el gran estilo bajo la granizada de golpes del estilo de Joseph Chamberlain, mucho más incisivo. No todos los discursos famosos sobreviven impresos, y los de la época victoriana hay que estudiarlos en antologías. Entonces se advierte que son homogéneos y diferentes.[8]

 
Retrato de John Henry Newman (1881), obra del pintor John Everett Millais (1829-1896).

En una trayectoria distinta ―y a menudo opuesta― a la tumultuosa corriente positivista, utilitaria, racionalista y tecnológica de los primeros tiempos de la era victoriana, encontramos a John Henry Newman (1801-1890), el eminente ministro anglicano[9]​ que acabaría convertido al catolicismo. Tras romper definitivamente con el evangelicalismo en el que se había criado[10]​ (1830), creó el Movimiento de Oxford (1833), cuyo propósito inicial era rescatar a la Iglesia anglicana del nivel de institución puramente humana en que parecía encontrarse, e infundirle el espíritu sacramental y sacerdotal derivado de Jesucristo. Newman fue durante años el principal motor del Movimiento,[9]​ hasta su renuncia (1842) y posterior conversión al catolicismo (1845). Newman es maestro de una prosa ágil, digna pero animada, y poseía una mente que, a pesar de actuar movida por la emoción, estaba disciplinada por una fina inteligencia.[7]​ Dentro de la comunión católica la posición de Newman era la de un "católico liberal".[11]​ Aparte su colaboración en Tracts for the Times,[Nota 2]​ escribió Alcance y naturaleza de la educación universitaria (1852) e Idea de universidad (1873), obras de gran valor formativo, y de una prosa excelente.[9]​ Una controversia con Kingsley, quien había escrito que Newman no consideraba la verdad como una virtud necesaria,[Nota 3]​ dio pie a la publicación de su Apologia pro vita sua (1864), uno de los libros de autobiografía religiosa más notables que se han escrito,[10]​ cuyo sencillo tono confidencial "revolucionó la estimación popular de su autor", consolidando la pujanza y la sinceridad de las convicciones que lo habían llevado a la Iglesia católica.[14]​ La manifiesta sinceridad y espiritualidad de la Apologia lo vindicaron a los ojos de todos los lectores de buena fe; pero esas cualidades solas no hubieran bastado para poner tan alto la obra entre las grandes confesiones de la cristiandad.[6]

Newman era un escéptico ávido de dogma. Su análisis de la historia y el contenido del dogma fue corrosivo, pero lo compensaba una sumisión apasionada a la autoridad.[6]

Además de las obras mencionadas escribió, entre otras: Los arrianos del siglo IV (1833), Doce conferencias (1850), Conferencias sobre la postura actual de los católicos (1851), El romanismo y el protestantismo popular y Disquisición sobre el canon bíblico.[10]​ Newman publicó también en 1870 The Grammar of Assent, en el que examinó la naturaleza de las creencias a la manera del Aids to Reflection de Coleridge.[7]​ Poseedor de uno de los intelectos más agudos y sutiles de su tiempo, Newman fue también maestro de un estilo de belleza y poder maravillosos. A juicio de muchos, sin embargo, su sutileza en no pocas ocasiones daba la sensación de pasarse a la sofística; y su actitud hacia las escuelas de pensamiento diametralmente opuestas a la suya propia fue en ocasiones dura y antipática. Por otra parte, se encontraba en condiciones de ejercer una notable influencia sobre los hombres que en lo eclesiástico y en ciertos aspectos en lo religioso, más fuertemente se opusieron a él.[10]​ Newman y sus compañeros del Movimiento de Oxford proporcionaron a la Iglesia anglicana del siglo XIX un considerable impulso de fervor y espiritualidad.[9]

Edward Bouverie Pusey (1800-1882) fue un teólogo, erudito y profesor inglés. En sus Observaciones sobre los beneficios futuros y pasados de las instituciones catedralicas (1833), Pusey defendió el sistema existente, ya que había proporcionado a algunos de los clérigos las oportunidades de estudio que habían producido y producirían de nuevo las principales obras de la teología inglesa, y los más sólidos esquemas de la doctrina teológica.[15]

James Martineau (1805-1900), hermano menor de la escritora y activista Harriet Martineau, fue un destacado teólogo unitario. En Liverpool, durante un cuarto de siglo ejerció una extraordinaria influencia como predicador, y alcanzó una gran reputación como escritor de filosofía religiosa.[16]​ En 1839 salió en defensa de la doctrina unitaria, que había sido atacada por ciertos clérigos de Liverpool,[17]​ y publicó cinco discursos, en los que disertaba acerca de La Biblia como gran autobiografía de la naturaleza humana, desde su infancia hasta su perfección; La Deidad de Cristo; La redención vicarial; El mal y El cristianismo sin sacerdote ni ritual.[Nota 4][18]​ Aparte de las Iglesias, hombres como Carlyle y Matthew Arnold ―con quien tenía mucho en común― le influyeron; mientras que Herbert Spencer en Inglaterra y Comte en Francia proporcionaron la necesaria antítesis al desarrollo dialéctico de sus propios puntos de vista.[18]​ El auge del evolucionismo y la nueva forma científica de ver la naturaleza y sus métodos de creación, lo obligaron a repensar y reformular sus principios y conclusiones teístas, especialmente en lo referente a las formas en las que podría ser concebida la relación de Dios con el mundo y su acción sobre el mismo.[18]​ No hay apenas nombre o movimiento en la historia religiosa de su siglo que no tocara e iluminara. Fue de esta forma que criticó el «mesmerismo ateísta» con el que su hermana Harriet se había comprometido, y ella nunca le perdonaría dicha crítica.[18]

Entre sus escritos, que fueron muy influyentes, están los Fundamentos de investigación religiosa (1836), Los sustitutos ideales de Dios (1879), Estudio sobre Spinoza (1882), Tipos de teoría ética (1885), El estudio de la religión (1888), Establecimiento de la autoridad en la religión (1890), y poemas religiosos e himnos.[19]​ Los tres últimos libros mencionados expresaban su pensamiento maduro, y puede decirse que contienen, en lo que el autor concibe como una forma final, los logros especulativos de su vida.[18]​ Sus cualidades literarias y especulativas son en verdad excepcionalmente brillantes; resultan espléndidos en léxico, elaborados en su argumentación, convincentes a la par que reverentes, perspicaces a la par que audaces en la crítica. Pero poseen también los más obvios defectos: son incuestionablemente los libros de un anciano que había pensado tanto como hablado y escrito a menudo sobre los temas acerca de los cuales diserta, pero que finalmente había organizado sus materiales a toda prisa en un momento en que su mente había perdido, si no su vigor dialéctico, sí en cambio su frescura y su sentido de la proporción.[18]

Con su publicación durante 1839-40 de Ancient Christianity and the Doctrines of the Oxford Tracts (El cristianismo primitivo y las doctrinas de los «Oxford Tracts») (en ocho partes),[20]​ una serie de disertaciones en respuesta a los Tracts for the Times,[21]Isaac Taylor (1787-1865), escritor filosófico e histórico, artista e inventor,[22]​ se mostró por vez primera como un polemista, consistiendo su aseveración en que la Iglesia del siglo IV (sobre cuyas costumbres primitivas los seguidores de Pusey trataban de injertar las instituciones de la Iglesia anglicana) ya había madurado una cuantiosa cosecha de supersticiones y errores,[20]​ que no debía ser considerada como la encarnación de la doctrina y la práctica de los apóstoles porque ya entonces estaba corrompida por el contacto con la superstición pagana.[21]​ Su punto de vista fue acaloradamente refutado.[20]

En marzo de 1841, Taylor pronunció cuatro conferencias sobre El cristianismo espiritual (publicadas en Londres). Poco después fue persuadido a completar y editar una traducción de La guerra de los judíos de Flavio Josefo, que había sido preparada por el Dr. Robert Traill.[20]

Publicó años más tarde una obra sobre el argumentario cristiano, titulada The Restoration of Belief (El restablecimiento de la fe) (Londres, 1855), en la que recurrió una vez más a su formato preferido de publicación anónima. Logic in Theology (La lógica en teología) y Ultimate Civilisation (Civilización última), dos volúmenes de ensayos parcialmente reimpresos de la Eclectic Review durante 1859 y 1860, fueron seguidos a su vez por The Spirit of Hebrew Poetry (El espíritu de la poesía hebrea) (Londres, 1861), un volumen de conferencias, originalmente pronunciadas en Edimburgo, que abunda en pasajes sugestivos y hermosos, y que es la más importante de sus obras postreras.[20]​ En sus Considerations on the Pentateuch (Consideraciones sobre el Pentateuco) (Londres, 1863), se oponía a las conclusiones de Colenso.[23]

Algunos lo consideraban como el más grande teólogo laico inglés desde Coleridge.[24]​ Ciertamente se caracterizaba por su vasta formación, sus nobles propósitos, y una profunda piedad personal, pero la mayoría de sus libros han caído en el olvido.[24]

En la órbita de Newman y de la High Church anglicana se encuentra el pensamiento teológico del arzobispo y posteriormente cardenal Henry Edward Manning (1808-1892), que también se adhirió a los postulados del Movimiento de Oxford y pasa por ser uno de los más capacitados del grupo tractariano.[25]​ Se ganó reputación de orador elocuente tras la publicación de sus dos primeras obras: Regla de fe (1839) y su obra capital, La unidad de la Iglesia (1842). Tras su conversión al catolicismo y su adhesión a la Iglesia de Roma (1851), en la que se unió a la facción ultramontana,[25]​ alcanzó una posición de notable influencia en el seno de aquélla, llegando a ser, superando incluso a Newman,[25]​ el máximo representante de la misma en Inglaterra (1865). Sus escritos incluyen sermones, de los que publicó varios volúmenes antes de su abandono de la Iglesia de Inglaterra, y algunas obras controvertidas, incluyendo Petri Privilegium (1871), Los decretos del Vaticano (1875) ―en respuesta a Los decretos del Vaticano y el vaticanismo, de Gladstone― y El sacerdocio eterno (1883).[25]

Liberal en política y celoso reformador eclesiástico,[26]​ el pedagogo y profesor Thomas Arnold (1795-1842) estuvo implicado en numerosas controversias educativas y religiosas. Como hombre de iglesia fue un erastiano convencido,[Nota 5]​ y se opuso frontalmente a la facción de la High Church (Iglesia Alta).[26]​ En sus últimos años escribió un par de volúmenes de sermones (1842 y 1844) y una obra teológica (La interpretación de las Escrituras, publicada póstumamente en 1845).

Desde 1827, el teólogo F. D. Maurice (1805-1872) se entregó a la labor literaria, escribiendo una novela, Eustace Conway, y editando el London Literary Chronicle hasta 1830.[27]​ También escribió para la Westminster Review y otras publicaciones, y durante un breve período de tiempo editó el Athenæum.[28]​ En ese momento se encontraba muy confuso en cuanto a sus opiniones religiosas.[27]​ Finalmente, al cambiar sus puntos de vista teológicos, se unió a la Iglesia de Inglaterra.[28]​ Se convirtió en un líder entre los socialistas cristianos, y por un breve período de tiempo editó su órgano de propaganda.[29]​ Acusado de heterodoxia (1851) y posteriormente absuelto por una comisión de investigación,[27]​ al publicarse sus Ensayos teológicos en 1853 se le pidió que renunciara a su puesto de profesor en el King's College.[29]​ Maurice mantuvo con gran efusión de convicción que sus puntos de vista estaban en concordancia con las Escrituras y los criterios anglicanos, pero el consejo, sin especificar ninguna "herejía" concreta y negándose a someter el caso al juicio de los teólogos competentes, dictaminó lo contrario y le privó de sus cátedras.[27]​ Entre sus escritos se cuentan Las religiones del mundo y su relación con el cristianismo (1847), Filosofía moral y filosofía metafísica (1848), Los profetas y reyes del Antiguo Testamento (1853), La doctrina del sacrificio (1854) y Ensayos teológicos. El estilo de Maurice era prolijo, y con frecuencia es tachado de oscuro; sin embargo, ejerció una extraordinaria influencia sobre algunas de las mejores mentes de su tiempo por la originalidad de sus puntos de vista, y por la pureza y la altura de miras de su carácter.[29]

Como reformador social, Maurice fue un adelantado a su tiempo, y dio su apoyo entusiasta a unos esquemas para los que el mundo no estaba preparado.[27]

El hermano de John Henry Newman, Francis William Newman (1805-1897), también fue un erudito y escritor teológico,[30]​ y como aquél, abandonó su evangelicalismo inicial, pero en su caso para tomar una dirección diametralmente opuesta a la de su hermano, pues Francis evolucionó hacia el escepticismo a través del eclecticismo.[30]​ Su Unión Católica (1844) era un alegato por una "Iglesia del futuro" sobre una base ética, dejando abiertas las cuestiones teológicas.[31]​ Adquirió una especial reputación gracias a sus escritos sobre temas de religión, de los cuales los más importantes fueron su Historia de la monarquía hebrea (1847), un estudio que quedó obsoleto por investigaciones más recientes; su tratado devoto sobre El alma (1849), tal vez la más influyente de sus obras;[32]​ y su libro más famoso, Las fases de la fe (1850), una autobiografía teológica escrita en respuesta a la Apologia de su hermano, cuya publicación dio lugar a una notable controversia y a la aparición de El eclipse de la fe, de Henry Rogers.[Nota 6]​ También publicó una Miscelánea en cuatro volúmenes, un Diccionario de árabe moderno y algunos tratados matemáticos.[30]

Henry Alford (1810-1871) fue un teólogo, erudito, poeta y escritor misceláneo[33]inglés. Su fama descansa mayormente sobre su monumental edición del Nuevo Testamento en griego (4 volúmenes), que le ocupó desde 1841 hasta 1861.[Nota 7]​ En esta obra puso por vez primera a disposición de los estudiantes ingleses un esmerado cotejo de las interpretaciones de los principales manuscritos y de las investigaciones de los eruditos continentales más sesudos del momento. De carácter más filológico que teológico, marcó un cambio de época de los antiguos comentarios homiléticos, y aunque investigaciones más recientes, patrísticas y papirológicas, han cambiado en gran medida el método exegético del Nuevo Testamento, la obra de Alford sigue siendo una cantera de la que el estudiante puede extraer un buen provecho.[35]​ Alford siguió en esta obra en gran medida los pasos de los críticos alemanes, manteniendo, no obstante, una posición liberal moderada; y fue durante mucho tiempo la obra de referencia sobre el tema[33]​ en Inglaterra. En el último año de su vida emprendió un comentario sobre el Antiguo Testamento, que en el momento de su muerte solo llegaba al vigésimo quinto capítulo del Éxodo.[36]

Arthur Stanley (1815-1881) fue deán de Westminster (1864-81), historiador, biógrafo y teólogo.[37]​ Fue profesor de Historia eclesiástica en Oxford (1856). Su posición eclesiástica era erastianista y latitudinarista, y su propósito práctico en la Iglesia, la comprensión política.[37]​ Fue un autor prolífico, sus obras incluyen una Vida del Dr. Arnold (1844), de quien fue su discípulo favorito; Memoriales de Canterbury (1854); Sinaí y Palestina (1855); Conferencias sobre la Iglesia de Oriente (1861); Historia de la Iglesia judía (1863); Memoriales históricos de la abadía de Westminster (1867); Conferencias sobre la historia de la Iglesia de Escocia (1872); además de diversos comentarios.[37]​ Su Comentario sobre las epístolas a los corintios (publicado en junio de 1855) era una obra compañera del Comentario sobre las epístolas a los tesalonicenses, gálatas y romanos de Jowett. Resulta valioso en los aspectos pintoresco, histórico y personal; pero doctrinalmente es débil, y en erudición y precisión resulta deficiente.[38]​ En sus Memoriales de Canterbury (publicados en diciembre de 1854) encontró un amplio campo de aplicación para su talento para la narrativa dramática o gráfica.[38]​ En sus Sermones de Canterbury (publicados en marzo de 1859) se esfuerza por poner en valor el lado práctico de la religión; por hacer que sea una vida más que un credo; por enunciar sus verdades, no atacar sus errores.[38]

John William Colenso (1814-1883), matemático y crítico bíblico, ingresó en la Iglesia, y publicó varios tratados matemáticos y unos Sermones rurales.[39]​ A principios de 1861 publicó su Comentario sobre la Epístola de San Pablo a los romanos, una obra que, según el obispo Gray de Ciudad del Cabo,[Nota 8]​ estaba repleta de herejías de principio a fin. No cabe duda de que golpeó las raíces del comúnmente denominado sistema sacramental.[40]

La evolución de los puntos de vista de Richard Holt Hutton (1826-1897) sobre el tema de la encarnación está marcada por la publicación, en 1862, de su Incarnation and Principles of Evidence (La encarnación y los principios de la evidencia), que constituía el número 14 de los Tracts for Priests and People.[41]

Sabine Baring-Gould (1834-1924), pastor anglicano, novelista, hagiógrafo, anticuario, folclorista, antólogo y erudito inglés, publicó numerosos himnos y sermones, además de otras obras de temática religiosa: Post-Mediæval Preachers: Some Account of the Most Celebrated Preachers of the 15th, 16th, and 17th Centuries (1865); The Origin and Development of Religious Belief (1870); Lives of the Saints (16 volúmenes, 1872-89); The Lost and Hostile Gospels: An Essay on the Toledoth Jeschu, and the Petrine and Pauline Gospels of the First Three Centuries of which Fragments Remain (1874); Some Modern Difficulties (1875); A Study of St. Paul, His Character and Opinions (1887); Our Inheritance: An Account of the Eucharist Service in the First Three Centuries (1888); Conscience and Sin: Daily Meditations for Lent (1890); Virgin Saints and Martyrs (1900),[42]​ etc.

Más conocido por sus novelas fantásticas y cuentos de hadas, George MacDonald (1824-1905) también publicó algunos volúmenes de sermones (Sermones silenciados, 1867/1885/1889) y obras apologéticas. Frente a la doctrina de la expiación penal sustitutiva desarrollada por Juan Calvino, MacDonald defendía la teoría según la cual Cristo estaba llamado a salvar a los cristianos de sus pecados, no a castigarles por ellos en nombre de Dios. El autor escocés estaba convencido de que Dios solo castiga para enmendar a quien lo necesita, y que el fin único de su ira es la rehabilitación de los pecadores (del mismo modo que el médico hace sufrir a sus pacientes, sirviéndose del "fuego y el acero", con el único objetivo de sanarles). Abandonó el ejercicio del ministerio eclesiástico, debido en parte a consideraciones teológicas, y en parte por el riesgo de deterioro de su salud.[43]

Richard William Church (1815-1890), teólogo, historiador y biógrafo, fue educado en Oxford,[44]​ donde se convirtió en discípulo de Newman, asistiendo regularmente a los sermones vespertinos en la Iglesia de St. Mary.[45]​ Tradujo los sermoneos catequísticos de San Cirilo (1841) para la «Biblioteca de los Padres» de Pusey, de la que constituyeron el segundo volumen.[46]​ Fue un destacado miembro de la facción de la High Church, pero era reverenciado por muchos que no simpatizaban con sus opiniones eclesiásticas.[44]​ Tras la ruptura del Movimiento tractariano en Oxford[46]​ (1845), un signo de una nueva era fue la fundación del periódico The Guardian por parte de Church y algunos amigos ―James Mozley, Thomas Henry Haddan, Lord Blachford, Mountague Bernard[Nota 9]​ y otros―.[46]​ Entre sus escritos están Los inicios de la Edad Media (1877) y un libro de memorias sobre El Movimiento de Oxford (1891), publicado póstumamente. También escribió las biografías de Anselmo, Dante, Spenser y Bacon.[44]

Henry Drummond (1851-1897) publicó en 1883 el libro que tan ampliamente contribuyó a su fama contemporánea, Natural Law in the Spiritual World (La ley natural en el mundo espiritual). En este sostenía que el principio científico de continuidad se extendía desde el universo físico al mundo espiritual. La tesis estaba basada sobre una serie de brillantes figuras dialécticas más que sobre una cadena de razonamientos, y las falacias en el argumentario de Drummond fueron advertidas con claridad y perspicacia[47]​ por algunos autores de la época. El libro, sin embargo, resultó ser asombrosamente exitoso; su popularidad, debida en primera instancia a la belleza de su escritura, fue reforzada por una reseña sumamente entusiasta en The Spectator, y en los cinco años posteriores a la fecha de publicación se vendieron unas setenta mil copias.[47]

El científico y novelista Grant Allen (1848-1899) es autor de la obra The Evolution of the Idea of God (La evolución de la idea de Dios, 1897), una investigación sobre el origen de las religiones. Este libro está repleto de conocimientos antropológicos, y contiene numerosos vislumbres brillantes, pero arrastra el defecto de intentar explicarlo todo mediante una sola teoría.[48]

Ensayo

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El encanto que les faltaba a los filósofos políticos se encontrará al máximo en la prosa de Thomas Babington Macaulay (1800-1859). Al servicio de la composición de sus ensayos pondría una mente ricamente provista de detallismo y brutalmente clara por sus convicciones, lo que le permitiría relatar sus temas con una sencillez que evitaba cualquier compromiso; y este plan perfectamente establecido, una vez definido, lo adornaba con alusiones y detalles pintorescos. Siguió este método en los estudios que redactó sobre Bacon, Johnson y Warren Hastings, y le sirve admirablemente todo el tiempo que resuena la primera fórmula simple.[49]

El empleo alegre y abundante de una cultura enciclopédica es una defensa convincente y un fuerte baluarte contra la oposición.[50]​ Aparece en los Ensayos críticos e históricos (1825-44) de Macaulay aplicada no solo a temas políticos, sino también literarios.[50]​ Su debilidad y su fuerza se manifiestan juntas en su tour de force sobre el Johnson de Boswell.[50]​ Macaulay ideó la explicación de que la obra de Boswell era tan grande precisamente por ser su autor tan pequeño, explicación manifiestamente insostenible, pero expuesta con extraordinaria fuerza de convicción.[50]​ Pero con toda su brillantez, estos ensayos no pueden compararse con su labor de historiador, para la que muestra disposiciones excepcionales.[51]

Desde 1841, Arthur Helps (1813-1875), editor, ensayista e historiador,[52]​ pudo dedicarse por entero y durante veinte años al estudio y la escritura.[53]​ De sus publicaciones propias, la primera fue Pensamientos en el claustro y entre la multitud (1835), una serie de aforismos, que fue seguida, entre otras, por Ensayos escritos en los recesos del trabajo (1841), Amigos en el Consejo (en 4 series, 1847-59),[Nota 10]​ y Conversaciones sobre la guerra y la cultura general (1871).[55]Ruskin llamó la atención sobre la sinceridad y el propósito práctico de sus reflexiones,[54]​ aunque sus argumentos a menudo carecen de profundidad.[54]​ Sus ensayos son lo más exitoso de su obra, pues contienen los pensamientos y opiniones de un hombre perspicaz, experimentado y muy culto.[55]​ No poseen, sin embargo, una excepcional profundidad u originalidad.[55]

Harriet Martineau (1802-1876) fue escritora, economista y activista social en diversas parcelas (feminismo, abolicionismo, teoría social y filosófica). En los Estados Unidos, país que visitó en 1834, su abierta adhesión a la causa abolicionista, entonces reducida y muy impopular, supuso una gran ofensa, en la que ahondó con la publicación, poco después de su regreso, de La sociedad en América (1837) y una Retrospectiva del viaje a Occidente (1838). Un artículo publicado en la Westminster Review, La era de los mártires de los Estados Unidos, introdujo a los lectores ingleses en las luchas de los abolicionistas.[56]

El período de formación en la vida de Thomas Arnold estuvo diligentemente consagrado a la búsqueda de estudios clásicos e históricos.[57]​ Los autores que con mayor atención estudió en ese período fueron Tucídides y Aristóteles, y por sus escritos formó un archivo adjunto que mantuvo hasta el final de su vida, y ejerció una poderosa influencia sobre su manera de pensar y sus opiniones, así como sobre sus ocupaciones literarias en años posteriores. Heródoto también fue objeto de su consideración en grado relevante, pero más, al parecer, para la recreación que para el trabajo.[57]

A partir de 1819, Arnold dedica su tiempo libre a la prosecución de sus estudios de filología e historia, más concretamente al estudio de Tucídides y de la nueva luz que habían arrojado, sobre el estudio de la historia de Roma y sobre la metodología histórica en general, las investigaciones de Niebuhr.[57]

Desde su elección como director de la prestigiosa Escuela de Rugby (1827), dedicó sus energías principalmente a la actividad de la escuela; pero tuvo tiempo también para una copiosa labor literaria.[57]​ Sus principales obras literarias son su inacabada Historia de Roma (en 3 volúmenes, 1838-42) y sus Conferencias introductorias sobre Historia Moderna (1842).[26]​ Estas dos obras, junto con una edición de Tucídides, con notas y disertaciones en inglés (1835); y numerosos artículos en revistas, diarios, periódicos y enciclopedias, se conservan para dar fe de la incansable actividad de su mente y de su paciente diligencia durante este período.[57]​ Thomas Arnold era un hombre de notable erudición, seriedad y fuerza de carácter.[26]

 
Thomas Carlyle, fotografiado por Eliott & Fry (c. 1860).

El historiador, ensayista, traductor y filósofo Thomas Carlyle (1795-1881) es un signo de contradicción en el seno de la sociedad victoriana. En una época en que Inglaterra se proyecta tras la idea del progreso y confía en que la ciencia y la industrialización conseguirán la felicidad y el bienestar humanos, Carlyle se levanta para acusar la complacencia de sus compatriotas, burlarse de su solemnidad, darles una idea de la vibración con que los intereses del espíritu se sentían en la Alemania romántica[Nota 11]​ y atacar la tibieza de su fe o su solapado racionalismo con la sinceridad, el celo y la fuerza moral de un profeta.[59]​ Atacaba a los utilitaristas y los economistas y le proclamaba a la ciencia, directamente a la cara, la realidad del milagro. A la evolución y el progreso oponía la idea de lo "cataclísmico" en la historia, y a la democracia enfrentaba su Sobre los héroes y el culto a los héroes.[60]​ Carlyle se sirve frecuentemente de la historia para ilustrar sus puntos de vista. Profesa una especie de misticismo que desconfía de la razón, y se opone al materialismo utilitario, siguiendo canales distintos de los utilizados por Newman y demás propulsores del Movimiento de Oxford.[59]

En 1839 aparecieron por primera vez sus ensayos reunidos.[61]​ En aquel período sus obras se sucedían rápidamente:[62]​ un texto rechazado por inapropiado por la Quarterly Review y desestimado para la Westminster, finalmente sería publicado en formato de libro independiente, bajo el título de Chartism (El Cartismo), a finales de 1839. Puede ser considerado como una confesión explícita de Carlyle sobre los principios que le diferenciaban por igual de Whigs, Tories y radicales ortodoxos. Se vendieron de inmediato mil ejemplares, y en 1840 apareció una segunda edición.[61]

En Sobre los héroes y el culto a los héroes (1841) encontramos su pensamiento y su visión de la historia expresados con más sencillez y en un estilo menos complicado.[63]​ En esta obra, el autor incorpora del modo más romántico su filosofía individualista de la historia:[63]​ Carlyle creía que la historia universal es una suerte de criptografía divina, que estamos leyendo y escribiendo continuamente, "y en la que también nos escriben".[64][Nota 12]​ En 1842 se topó con la crónica de Jocelyn de Brakelond,[Nota 13]​ publicada en 1840 por la Camden Society, e hizo de la historia del abad Sansón el núcleo de una disertación sobre sus consabidos temas.[61]​ Fue escrita y publicada en 1843 con el título de Past and Present (Pasado y presente). El brillante cuadro de un fragmento de la vida medieval aligeraba la algo confusa masa de retórica sombría, y el libro causó más revuelo que la mayoría de sus escritos.[61]​ En 1845 apareció Cartas y discursos de Oliver Cromwell, siendo este quizás el más exitoso de sus escritos;[62]​ en él Carlyle renovó el respeto por un gran personaje inglés.[60]

Carlyle ejerció una poderosa influencia sobre el pensamiento de su época, no solo por sus propios escritos y su personalidad, sino a través de las numerosas personalidades de renombre tanto en la literatura como en la vida pública a quienes imbuyó sus doctrinas; y tal vez no exista mejor prueba de ello que el hecho de que gran parte de lo que era novedoso y original cuando fue propuesto por primera vez por él ya ha pasado a formar parte de las ideas nacionales. Su estilo es quizás el más notable y diferenciado en la literatura inglesa, intensamente fuerte, vívido y pintoresco, pero absolutamente fuera de lo convencional, y a menudo caprichoso o explosivo.[65]​ Figura contradictoria y siempre desconcertante, desde su posición individualista Carlyle coincidió con Newman y con el Movimiento de Oxford en la valoración suprema del espíritu y en el rechazo del positivismo y del industrialismo progresista.[63]

Con su prosa, Carlyle pretendía sacudir a su época de la complacencia en que se encontraba. Posee un extraño misticismo sin formular que desconfía de la razón y que, por encima de todo, se opone al materialismo de los utilitaristas.[66]

Sir Thomas Erskine May, barón Farnborough (1815-1886), jurista constitucional,[67]​ publicó en 1844 un Tratado práctico sobre las leyes, prerrogativas, procedimientos y usos del Parlamento, una obra de saber profundo, preciso y bien meditado, reconocida por el Parlamento como autorizada, y traducida al alemán, francés, italiano, español, japonés y húngaro.[67]

Tras escribir artículos para The Daily News sobre la reforma social y la penitenciaria,[68]William Hepworth Dixon (1821-1879) publicó John Howard y el mundo carcelario de Europa, que tuvo una amplia difusión,[68][Nota 14]​ y un volumen descriptivo de Las prisiones de Londres[69]​ (1850). En 1868 publicó dos volúmenes suplementarios titulados Spiritual Wives (Esposas espirituales),[70]​ que tratan sobre el mormonismo.[68]​ Fue acusado de indecencia y presentó una demanda por libelo contra el Pall Mall Gazette , que formuló la acusación en una reseña de Free Russia[70]​ (1870).

Al espíritu y el ejemplo de su madre cabe atribuir parte del entusiasmo por la autosuficiencia y el autodidactismo, que más tarde quedaría plasmado en los escritos[71]​ de Samuel Smiles (1812-1904) y que daría popularidad e influencia a los mismos.[71]​ Ya en marzo de 1845 Smiles había pronunciado, en una pequeña sociedad de progreso común de Leeds, un discurso sobre la educación de las clases trabajadoras, en el que mostraba cuántos pobres habían creado para sí mismos, con efectos beneficiosos para sus carreras, oportunidades de conocimiento y cultura.[72]​ Poco a poco, Smiles ampliaría la conferencia hasta convertirla en un sustancioso tratado bajo el título de Self-Help, with Illustrations of Character and Conduct (El esfuerzo personal, con ejemplos de carácter y conducta),[72]​ publicado en julio de 1859. El libro causó buena impresión entre el público al que iba especialmente dirigido, y Smiles recibía constantemente garantías del estímulo práctico que había brindado a artesanos de todas partes del mundo;[72]​ se vendieron 20.000 ejemplares el primer año, y en 1889 las ventas habían alcanzado las 150.000 copias, mientras que el libro había sido traducido a 17 idiomas.[73]​ En subsiguientes volúmenes, Character (Carácter, 1871), Thrift (Ahorro, 1875), Duty (Deber, 1880) y Life and Labour (Vida y trabajo, 1887), Smiles proseguiría su útil sistema de recopilar datos biográficos y coordinarlos de manera tal para incentivar el esfuerzo ventajoso. Era inevitable que estos volúmenes resultaran repetitivos, y el éxito de Self-Help no volvería a producirse. Character estuvo cerca pero no logró alcanzar las grandes ventas de su predecesor. Con todo, estos libros, excepto el último, alcanzaron una difusión excepcional en países de habla inglesa así como en traducciones extranjeras.[72]​ Sus obras resultan admirables no solo por su estilo sencillo a la par que contundente, sino por las muchas lecciones útiles y prácticas que aplican.[72]

 
Caricatura de William Edward Hartpole Lecky publicada por el semanario Vanity Fair en su número del 27 de mayo de 1882.

La primera obra en prosa del historiador y ensayista irlandés William Edward Hartpole Lecky (1838-1903) fue un volumen de ensayos titulado Las tendencias religiosas de nuestra época, publicado de forma anónima en 1860.[74]​ El libro resultaba notable por su amplia perspectiva y por su espíritu de tolerancia, y no prefiguraba adhesión a ninguna Iglesia en particular.[74]​ Pero su primera obra importante fue Leaders of Public Opinion in Ireland (Líderes de opinión en Irlanda,[75]​ 1861), un breve esbozo de la vida y obra de Swift, Flood,[Nota 15]Grattan y O'Connell, que suponía un indudable presagio de su admirable labor posterior en el mismo campo. Este libro, publicado originalmente de forma anónima, se volvería a publicar en 1871; y el ensayo sobre Swift, reescrito y ampliado, aparecería de nuevo en 1897 como introducción a una nueva edición de las obras de Swift.[76]Leaders ocupó su lugar como una contribución sumamente importante a la historia de Irlanda.[77]​ En 1863 publicó un ensayo sobre El sentido decadente de lo milagroso, que con posterioridad formaría los dos primeros capítulos de su Historia del racionalismo, publicada en dos volúmenes en enero de 1865.[74]​ El estudio de la Historia de la Civilización de Buckle determinó hasta cierto punto la orientación de sus propios escritos, y dio lugar a la producción de dos importantes obras: Historia del auge e influencia del espíritu del racionalismo en Europa (1865)[75]​ e Historia de la moralidad europea desde Augusto a Carlomagno (2 volúmenes, 1869),[76]​ ambas notables por su erudición, claridad e imparcialidad.[75]​ Estos libros dieron lugar a algunas críticas, especialmente el último mencionado, con su disertación inicial sobre «la historia natural de la moralidad», pero ambos han sido generalmente aceptados como comentarios perspicaces y sugestivos sobre una amplia gama de hechos.[76]

En 1896 publicó dos volúmenes bajo el título de Democracia y Libertad, en los que analizaba, con especial referencia a Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, algunas de las tendencias de las democracias modernas.[76]​ Esta obra, aunque esencialmente diferente de los escritos puramente históricos del autor, posee muchas de sus virtudes.[76]​ Aunque repleta, como todas sus obras, de erudición y marcada por sus profundas reflexiones, su imparcialidad y la sobriedad de sus juicios, apenas gozó del éxito que, en muchos aspectos, merecía.[78]​ El libro es muy prolijo. La gran cuestión ―el efecto de la democracia sobre la libertad― queda oscurecida por la introducción de numerosos asuntos, como el matrimonio y el divorcio, cuya relación con el tema principal no resulta obvia, o de otros, como la nacionalidad, cuya relación con aquel está insuficientemente enfatizada. El peso del material ilustrativo y el tono sumamente severo también han dificultado su popularidad.[78]Democracia y Libertad es en gran parte un tratado sobre política contemporánea. Proporciona una provisión de reflexiones admirables, si bien un tanto inconexas, hechas, en su conjunto, desde un punto de vista inequívocamente conservador y sin mucha esperanza en el futuro de la democracia.[77]​ En 1899 publicó una edición revisada de Democracia y Libertad, con una nueva introducción, que contiene lo que probablemente sea el mejor resumen y estimación de la obra y el carácter de Gladstone aparecido hasta la fecha.[77]​ Por último, en The Map of Life (El mapa de la vida, 1899) trataba en un estilo popular algunos de los problemas éticos que surgen en la vida cotidiana.[76]​ Se trata de un volumen de reflexiones sobre la vida, el carácter y la conducta, que alcanzó y sigue gozando de una considerable popularidad. No se puede decir que las reflexiones sean muy profundas, ni que estén expresadas de manera epigramática; pero hay una apacible sabiduría, una sensatez, una esperanzada confianza en la fuerza de la resolución, una mezcla de dulzura y firmeza, que dan al libro un cierto encanto. Sería una lectura provechosa para los jóvenes, pero probablemente haya encontrado más lectores entre los mayores.[77]

En 1860, Herbert Spencer (1820-1903) reunió cuatro ensayos escritos para revistas, para formar los cuatro capítulos de su libro Sobre la educación, cuya primera edición apareció en 1861.[79]​ El método educativo propugnado se asemeja al de Pestalozzi al aspirar a un desarrollo natural de la inteligencia y crear un provecho grato.[79]​ La obra defiende el estudio de la ciencia como el más conducente al bienestar y solaz de los hombres de nuestro tiempo.[80]​ Sus argumentos hicieron de la educación asunto de discusión en las universidades y hasta en el foro público. Protestó contra la historia como catálogo sin sentido de nombres y fechas; proponía en su lugar la ciencia de la sociología.[2]Sobre la educación ha tenido una enorme influencia, y es todavía reconocido como un libro de texto de referencia.[79]

El elemento histórico fue cuidadosamente excluido de La Constitución inglesa, de Walter Bagehot[81]​ (1826-1877). Su objeto fue describir ese organismo tal como realmente funcionaba en los años 1865-66, tiempo en que no tenía más paralelo democrático que la Constitución de los Estados Unidos. Bagehot se cuidó de no confundir el poder efectivo con las formas establecidas, y evitó especulaciones doctrinarias, por ejemplo, sobre las limitaciones recíprocas y el equilibrio de los diferentes órganos de gobierno.[82]​ Sus ideas son audaces y estimulantes, y la exposición lúcida. Aunque algunas de sus opiniones puedan ser discutibles y todas estén sujetas a la mutabilidad del organismo mismo, su amplia y cuerda apreciación de la Constitución en un momento importante no corre el riesgo de perder su valor documental.[83]​ La obra ha sido utilizada en Oxford y en más de una de las universidades norteamericanas como libro de texto sobre el tema; también ha sido traducida al alemán, francés e italiano.[84]

Entre 1870 y 1885, el biólogo y escritor científico Thomas Henry Huxley (1825-1895) publicó una serie de ensayos sobre temas filosóficos, siendo el más importante de ellos su esbozo sobre Hume (1879) para la serie «English Men of Letters» de Mr. John Morley.[Nota 16]​ En el capítulo sobre el propósito y el alcance de la filosofía, Huxley adopta el punto de vista de que el método de la psicología es el mismo que el de las ciencias físicas, y señala a Descartes, Spinoza y Kant como ejemplos de las ventajas para un filósofo de una formación en ciencias físicas.[85]​ El capítulo sobre los milagros comienza demostrando lo absurdo de las objeciones a priori a la creencia en los milagros porque son violaciones de las «leyes de la naturaleza»; pero si bien resulta absurdo creer que aquello que nunca ha sucedido nunca puede suceder sin una violación de las leyes de la naturaleza, Huxley coincide con Hume al pensar que "cuanto más entre en conflicto una exposición de hechos con la experiencia previa, tanto más completa debe ser la evidencia que nos da motivo para creer en ella". La aplicación de este criterio a la historia del mundo tal como figura en el Pentateuco y a la historia de los evangelios constituye el tema de numerosos ensayos y discursos controvertidos, reeditados en los volúmenes cuarto y quinto de sus Ensayos reunidos.[85]

El ensayo había sido revitalizado a finales del siglo XIX por R. L. Stevenson (1850-1894) en obras tales como Virginibus Puerisque (1881) y Memories and Portraits (1887).[86]​ En 1876, Stevenson comenzó la brillante serie de ensayos sobre la vida y la literatura en el Cornhill Magazine que posteriormente serían recopilados junto con otros en los volúmenes titulados Virginibus Puerisque y Familiar Studies of Men and Books. Tuvieron continuidad en 1877, y en mayor medida a lo largo de 1878.[87]​ El primero de dichos volúmenes es una recopilación de ensayos en los que predica con cautivador vigor y gracia su evangelio de juventud, coraje y desprecio por las timideces y las mezquinas respetabilidades de la vida.[88]​ El volumen Familiar Studies of Men and Books, publicado en 1882, consta de una serie de ensayos íntimos y de otro tipo, incluida una eficaz exposición de sus propias teorías novelísticas, que había publicado en diversas publicaciones periódicas durante los años anteriores.[89]

El aristócrata y político liberal escocés George Campbell, VIII duque de Argyll (1823-1900), publicó en 1879 su importante obra política La cuestión oriental, un estudio de la política en Oriente desde la guerra de Crimea. Su conclusión era: "Injusta y poco política como creo que ha sido la conducta del Gobierno en la Europa Oriental, esta misma ha sido sabia y virtuosa en comparación con su conducta en la India".[90]

Cuando, a partir de 1890, su popularidad como novelista comenzó a declinar, la otrora célebre Ouida (Marie Louise de la Ramée, 1839-1908) se dedicó a escribir mayormente para las principales revistas ensayos sobre cuestiones sociales o críticas literarias, todo ello sin remunerar.[91]​ Muchos de sus ensayos posteriores para The Fortnightly Review, The Nineteenth Century y North American Review fueron recopilados en Views and Opinions (1895) y Critical Studies (1900). En ellos proclamaba su hostilidad hacia el sufragio femenino y la vivisección,[Nota 17]​ o evidenciaba su percepción crítica de las literaturas inglesa, francesa e italiana.[92]​ También escribió sobre política italiana; pero sus puntos de vista sobre estos temas estaban marcados por una característica violencia y por la falta de criterio.[93]

Historiografía

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Memorias y literatura de viajes

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En los libros de viajes del siglo XIX, la entrega total de los autores al interés de la aventura por lo general hace lúcido y vivo el estilo; el asunto habla por sí solo. Sin embargo, cuando el viaje no es tan lejano se le exige más al autor, que tiene que compensar con el interés de su personalidad la falta de novedad de los lugares. El gran maestro en este aspecto es George Borrow.[94]​ Sus libros pueden clasificarse como novelas de base autobiográfica o como viajes novelados. Richard Ford fue más objetivo en sus Gatherings from Spain, a las que dio vida con su singular idiosincrasia y sus prejuicios. No obstante, el mejor libro de esta clase fue Eōthen, de Kinglake, libro que eclipsó la voluminosa Historia de la guerra de Crimea del mismo autor. Trata del Cercano Oriente, y Kinglake mojó sus pinceles en colores fuertes. Es ingenioso y sensitivo.[95]

El escocés Hugh Miller (1802-1856), geólogo y hombre de letras, mostró desde muy pronto un notable gusto por la lectura y el poder de la narración de historias.[96]​ En 1835 publicó sus Escenas y leyendas del norte de Escocia,[96]​ que recogía las tradiciones de su Cromarty natal.[97]​ Desde 1840 fue editor del periódico The Witness, órgano de la facción popular de la Iglesia de Escocia, cargo para el que mostró una notable capacidad.[96]​ Al margen de sus obras sobre geología ―materia que también fue objeto de un capítulo de sus Escenas y leyendas,[97]​ cabe destacar sus libros Primeras impresiones de Inglaterra y su gente (1847) y El crucero del «Betsy».[96]​ En general, todos sus escritos se caracterizan por una gran excelencia literaria, y sobre todo por una maravillosa capacidad para lograr vívidas descripciones.[96]

La obra literaria del matrimonio compuesto por William Howitt (1792-1879) y Mary Howitt (1799-1888), que era muy extensa, fue en parte elaborada conjuntamente y en parte de manera independiente, y abarcó una considerable variedad de temas: poesía, ficción, historia, traducciones y temas sociales y económicos. Útil y amena en su momento, poco de ella tiene probabilidades de perdurar.[98]​ Las obras de William incluyen Rural Life in England (Vida rural en Inglaterra, 1837), Visits to Remarkable Places (Visitas a lugares notables), Homes and Haunts of the Poets (Hogares y refugios de los poetas), Land, Labour, and Gold (Tierra, trabajo y oro, 1855), Rural Life in Germany (Vida rural en Alemania),[98]​ etc. Sus obras conjuntas incluyen The Forest Minstrel (El trovador del bosque), Book of the Seasons (El libro de las estaciones) y Ruined Abbeys and Castles of Great Britain (Abadías y castillos en ruinas de Gran Bretaña).[98]

 
Retrato de George Borrow (1843), obra del pintor inglés Henry Wyndham Phillips (1820-1868).

Un personaje pintoresco que arranca del período romántico, del cual conserva esencias, y pertenece a la época victoriana, es el estrambótico aventurero y excelente narrador George Borrow (1803-1881), que tan interesado estuvo por las cosas de España.[9]​ La línea de George Borrow se remonta hasta Defoe. Como éste, mezcla la observación y la invención en un estilo tan natural, que desafía a toda clasificación. Uno duda si es novelista, autobiógrafo o viajero, y sin embargo su estilo y asunto son siempre los mismos. El relato no pierde por su modo de narrarlo, pero no es escritor de obras de ficción. No inventa personajes, ni probablemente episodios; pero los episodios que narra parecen los de una novela biográfica, y en el diálogo y el dibujo de los personajes Borrow iguala a los mejores maestros del arte de novelar.[99]​ Conviviendo con gitanos en su finca de Oulton Broad (Suffolk) escribió Lavengro, The Romany Rye, Wild Wales, Romano Lavo-Lil y otras obras.[100]​ Viajó ampliamente por el Continente y por Oriente, familiarizándose con la gente y con las lenguas de los distintos países que visitó. Estuvo especialmente unido a los gitanos, con cuya lengua llegó a estar tan familiarizado como para publicar un diccionario de la misma.[101]​ Su amistad con gitanos tratantes de caballos le permitió conocer una Inglaterra desconocida a los ingleses, y también le sirvió en España.[102]​ Como resultado de sus dos largas estancias en este país (1835/1840) dejó los interesantísimos libros The Zincali (Los gitanos) (1841) y La Biblia en España (1843),[103]​ por los que Borrow se ganó un puesto cumbre en la literatura. El interés romántico de estas dos obras atrajo al público hacia el hombre tanto como hacia el escritor, y éste fue objeto de admiración durante algunos años.[100]​ El primero es una descripción de la vida de los gitanos españoles, y el segundo una narración más o menos autobiográfica de sus aventuras durante la época turbulenta de la primera guerra carlista[103]​ (1833-40). Este libro cimentó su reputación literaria.[104]

 
Ilustración de Claude Allin Shepperson (1867-1921) para una edición de Lavengro publicada en 1899.

De sus andanzas por Inglaterra con un grupo de gitanos ingleses surgieron tres libros: Lavengro (1851), narración novelada de sus aventuras en este período; The Romany Rye (1857) y Wild Wales (1862), obras éstas que, aunque originales y de gran interés, y en la actualidad tal vez sus libros más populares, fueron recibidas con escaso agrado por el público. Las dos primeras dan una imagen muy maquillada de su propia historia.[104]​ Aunque por lo general se las considera novelas, lo son muy poco más que los dos libros anteriormente citados[102]​ (The Zincali y La Biblia en España), y como descripción de las condiciones en que viven los gitanos ingleses se han convertido en documentos de primera mano.[102]​ Sus escritos ocupan un lugar único en la literatura inglesa.[104]​ Es sobrio en las partes estáticas de la narración, tales como la descripción de lugares, pero copioso en el diálogo; ignora las recetas formales relativas al estilo, y emplea un lenguaje que nunca decae en interés; y por las orillas de su relato pasan constantemente figuras que instantáneamente reconocemos como personas vivas.[102]

A. W. Kinglake (1809-1891), en un trabajo que no es propiamente una novela de ficción, pero que sí posee una gran calidad imaginativa acercándose al arte del novelista, utilizaría el ambiente oriental en un libro de viajes titulado Eōthen o fragmentos de un viaje de regreso a casa desde Oriente (1844).[105]​ Se trata de un sensible e ingenioso registro de las impresiones sentidas y recordadas de modo penetrante.[106]​ El libro demostró que Kinglake era un maestro del más refinado estilo y sutil humor,[107]​ y aunque fue comparado un tanto absurdamente con las narraciones de viajes ordinarias, en verdad resulta más parecido al Viaje sentimental de Sterne, y es un delicioso registro de impresiones personales más que de hechos ajenos.[107]

Como abogado, Elliot Warburton (1810-1852) se colegió en Irlanda en 1837, pero abandonó su profesión para viajar y escribir.[108]​ En 1843 hizo "un largo viaje" a través de Siria, Palestina y Egipto. Describió estos viajes en el Dublin University Magazine (octubre de 1843, enero y febrero de 1844) bajo el título de Episodios de un viaje oriental.[108]​ En formato de libro su título fue La medialuna y la cruz, o romance y realidades de un viaje oriental, y apareció en dos volúmenes en 1844, si bien está fechado en 1845. A pesar de que el Eōthen de Kinglake acababa de aparecer, esta obra de Warburton alcanzó por lo menos diecisiete ediciones, llegando a reeditarse en fecha tan tardía como 1888, y su popularidad era debida a sus "brillantes descripciones".[109]

Richard Ford (1796-1858), crítico, viajero e hispanista, es el autor de una de las primeras y mejores guías de viaje.[110]​ Estudió Derecho, pero nunca ejerció, y en 1830-33 viajó por España, pasando gran parte de su tiempo en la Alhambra y en Sevilla.[110]​ En 1840 comenzó a escribir, por invitación de John Murray,[Nota 18]​ su Guía para viajeros en España, a la que mayormente se ha asociado su nombre.[110]​ Fue concluida y publicada en 1845; y unas ventas de dos mil copias en pocos meses demostraron la estimación pública de sus virtudes.[111]​ En la siguiente edición (1847) fue reducida a las dimensiones ordinarias de las «Guías para viajeros» de Murray, y con los recortes y algunos materiales nuevos añadidos se hizo el delicioso volumen breve publicado en 1846 bajo el título de Gatherings from Spain.[111]

En 1846, Harriet Martineau realizó un viaje con algunos amigos por Egipto, Palestina y Siria, y a su regreso publicó Vida oriental, presente y pasada (1848),[112]​ un libro de viajes que la autora consideraba su mejor libro: en él declaraba que ya no creía en la revelación.[113]​ Esta obra mostraba que a medida que la humanidad pasaba por las religiones históricas del mundo, una tras otra, la concepción de la deidad y del gobierno divino se volvía a cada paso más y más abstracta e indefinida.[112]

 
Fotografía de Richard Francis Burton fechada el 24 de agosto de 1864.

Richard Francis Burton (1821-1890) fue geógrafo, explorador, traductor, escritor, militar, orientalista, cartógrafo, etnólogo, espía, lingüista, poeta, esgrimista y diplomático, y llevó una vida de viajes, aventuras y servicio militar y civil en casi todas las regiones del mundo, incluyendo la India, África, Oriente Próximo, Norteamérica y Sudamérica.[114]​ Burton fue el primer inglés en entrar en La Meca, el primero en explorar Somalilandia, el primero en hallar los Grandes Lagos del África Central.[115]​ Fue el viajero más activo y al mismo tiempo un lingüista de primera fila. Publicó sus libros rápidamente, demasiado rápidamente para dar valor permanente a sus escritos, y su estilo es áspero, lo mismo que su carácter.[116]​ Fue autor de más de 50 libros en una gran variedad de géneros, incluyendo viajes, novelas y traducciones, entre los cuales destacan Narración personal de una peregrinación a [Medina y] La Meca (1855), Primeros pasos en el África Oriental (1856), Las regiones lacustres del África Ecuatorial (1860), La cuenca del Nilo (1864),[117]​ etc. En 1848 viajó a la India con un permiso para restablecer su salud en las montañas de Nilgiris.[118]​ En seis meses encontró tiempo para visitar Goa y formar su primer contacto con la lengua de Camões.[119]​ Regresó a Inglaterra en mayo de 1849, llevando consigo una amplia colección de manuscritos y curiosidades orientales, y los materiales para no menos de cuatro libros sobre la India.[119]​ En un año (1851) lanzó al mercado Sind, o el valle desdichado (2 volúmenes) y Sind y las razas que habitan el valle del Indo, que son todavía valorados como libros de referencia; y Goa y las Montañas Azules, un maravilloso historial de un viaje de seis meses.[119]

En 1853, después de mucho tiempo abrigando la esperanza de cumplir su sueño de peregrinar a La Meca,[119]​ viajó a Egipto, siendo esta su primera visita a ese país que posteriormente conocería tan bien. La peregrinación propiamente dicha comenzó con un viaje a lomos de un camello de El Cairo a Suez. Después siguieron doce días en un buque de peregrinos en el mar Rojo de Suez a Yanbu, el puerto de Medina.[119]​ El viaje desde Yanbu a Medina, de allí a La Meca, y finalmente de nuevo hacia el mar hasta Yeda,[119]​ le llevó más de dos meses. Desde Yeda Burton regresó a Egipto en un barco de vapor británico.[119]​ El viaje en sí resultó menos notable que el libro en el que fue narrado.[120]​ Su sensacional Narración personal de una peregrinación a Medina y La Meca une el interés de una sólida documentación sacada de autores árabes a la observación intensamente personal del autor.[116]​ Es merecidamente el más popular de los libros de Burton, habiendo alcanzado cuatro ediciones. Como relato de aventuras audaces, y por levantar el velo de lo desconocido, su interés nunca se desvanecerá.[119]​ Sus vívidas descripciones, su estilo acre y sus "apuntes" intensamente personales lo distinguen de los libros de su género; su penetración en los modos semitas de pensamiento y su cuadro de las costumbres árabes le otorgan valor de documento histórico; su humor negro, sus perspicaces observaciones y su temeraria embriaguez de opinión, expresados en un lenguaje peculiar, tosco pero vigoroso, hacen de él una curiosidad de la literatura.[120]

 
Ilustración de una edición de First Footsteps in East Africa publicada en 1894 por Isabel Burton.

A mediados de 1854 se encontraba de nuevo en el mar Rojo, con permiso del Gobierno de Bombay para explorar Somalilandia. Su ambición era penetrar a través de las montañas hasta el curso superior del Nilo.[119]​ Cuando aún se encontraba cerca del puerto de Berbera[121]​ resultó herido en un ataque y tuvo que regresar a Adén. De esta fallida expedición publicó los resultados en sus Primeros pasos en el África Oriental.[116]​ Se trata de uno de sus más emocionantes y más característicos libros, pleno de saber, observación y humor.[115]

En el verano de 1860 atravesó Norteamérica, con el particular objetivo de estudiar a los mormones en Salt Lake City. Esto dio como resultado un libro, The City of the Saints (La ciudad de los santos, 1861), que se caracteriza por su lenguaje sumamente sencillo.[121]​ Burton pasó cuatro años en la costa occidental de África, "la tumba del hombre blanco".[122]​ Su jurisdicción se extendía por unas seiscientas millas a lo largo de los golfos de Biafra y Benín, incluyendo la desembocadura del Níger,[122]​ pero sus exploraciones se extendieron más allá de su jurisdicción consular. Fue el primero en escalar las montañas de Camerún y en advertir su valor como "sanatorio" para los europeos. Remontó el río Congo hasta las cataratas de Yellala. Visitó la colonia francesa de Gabón, entonces famosa por las narraciones de Du Chaillu, pero fracasó en su ambición de atrapar un gorila. También rindió visitas a Abeokuta y Benín, donde buscó en vano los huesos de Belzoni. Dos veces fue a la capital del Reino de Dahomey, la segunda en misión oficial del Gobierno británico. Algunos reportes de lo que hizo y vio pueden leerse en media docena de libros: Andanzas por África Occidental (1863, 2 volúmenes), Abeokuta y los Camerunes (también de 1863, 2 volúmenes), Una misión ante Glele, rey de Dahomey (1864, 2 volúmenes), Ingenio y sabiduría del África Occidental (1865), y La tierra de los gorilas, o las cataratas del Congo (1875, 2 volúmenes).[122]

Su período de cuatro años en Sudamérica (1865-69) dio como resultado dos libros: Exploraciones de las tierras altas del Brasil (1869, 2 volúmenes) y Cartas desde los campos de batalla del Paraguay (1870).[122]​ Estudió las antigüedades etruscas de Bolonia;[123]​ visitó las regiones de Sind y Goa,[123]​ y los yacimientos auríferos del Madián y de la Costa de Oro. Y cada una de estas expediciones tiene su historial en un libro. En 1876 apareció La Bolonia etrusca: un estudio; en 1877 Sind revisitada; en 1878 Las minas de oro del Madián; en 1879 La tierra del Madián revisitada (3 volúmenes), y en 1883 A por el oro de la Costa del Oro (2 volúmenes).[123]​ Ninguno de ellos tenía más que un interés pasajero. Burton no poseía el donaire estilístico o imaginativo que otorga la inmortalidad a un libro de viajes.[115]

Considerando únicamente sus exploraciones, pocos han atravesado una extensión mayor de lugares ignotos de la Tierra, y ninguno con ojos más observadores. Sus logros como escritor resultan casi tan notables. Su producción total asciende a más de cincuenta volúmenes, algunos de dimensiones considerables. Aunque no todos son literatura, todos ellos representan el trabajo duro y son el producto de una mente original.[124]​ Detrás del viajero y el escritor emerge la figura de un hombre que se atrevió a ser siempre fiel a sí mismo.[124]

Laurence Oliphant (1829-1888) fue un viajero, aventurero, diplomático ocasional y escritor. Sus viajes incluyen, además de los países continentales, las costas del Mar Negro, la región de Circasia, donde fue corresponsal de The Times, América, China y Japón. Estuvo en la Guerra de Crimea, en la sublevación india, en la guerra de China, en las operaciones militares de Garibaldi y en la insurrección polaca.[125]​ Oliphant fue un autor prolífico y versátil, que publicó libros de viajes, novelas y obras sobre misticismo.[126]​ Pasó una agradable temporada en Nepal, y conoció tantas novedades que le dieron para poder escribir su primer libro, Un viaje a Katmandú (1852).[127]​ Abandonó sus estudios de Derecho y se marchó de viaje a Rusia. El resultado de esa gira fue su libro sobre Las costas rusas del Mar Negro (1853).[127]​ Ideó un proyecto para colonizar Palestina con judíos, y a principios de 1879 marchó a Oriente para estudiar el país y tratar de obtener una concesión del gobierno turco. Un relato de su viaje se encuentra en La tierra de Galaad, con excursiones por el Líbano (1880).[128]​ Describió su viaje a Egipto (invierno de 1881) en La tierra de Khemi: río arriba y río abajo por el curso medio del Nilo (1882).[128]​ Escribió una serie de textos en el Blackwood's, publicados en 1887 como Episodios de una vida de aventuras, que describen su carrera inicial con gran espíritu.[129]​ Otras obras suyas: Minnesota y el Lejano Oeste (1855), La campaña de Transcaucasia (1856), Patriotas y filibusteros (una narración de aventuras en el Sur de Estados Unidos, 1860), Narración de una misión a China y Japón (1857-59).[130]

Sir John Bowring (1792-1872), lingüista, escritor y viajero, declaró que uno de los períodos más interesantes de su vida pública fue su visita a Siam en 1855.[131]​ En 1857 Bowring publicó un relato de sus viajes y experiencias en Siam bajo el título de The Kingdom and People of Siam (El reino y el pueblo de Siam).[131]

En 1857, el explorador misionario David Livingstone (1813-1873) publicó sus Missionary Travels.[132]​ Tras unos años en África, en Inglaterra publicó su segundo libro, El Zambeze y sus afluentes (1865). De nuevo en África, organizó una expedición a la cuenca del Nilo, descubrió el lago Bangweulu, exploró el país de los caníbales, soportando terribles sufrimientos y peligros, de los que fue rescatado justo a tiempo por H. M. Stanley. Su último viaje lo emprendió para descubrir las fuentes del Nilo, pero resultó ser fatal, ya que murió en una aldea en Ilala.[132]​ Sus escritos son exposiciones austeras y sin adornos de su labor y sus experiencias. Se cuenta entre los más grandes exploradores y filántropos. El diario que mantuvo fue publicado como el Último diario de David Livingstone en África central (1874).[132]

Como funcionario público, el novelista Anthony Trollope (1815-1882) fue destinado en el otoño de 1858 a una misión en las Indias Occidentales, que daría origen a sus aportaciones a la literatura de viajes.[133]​ La expedición dio como resultado Las Indias Occidentales y las posesiones continentales españolas (1859), un libro de viajes sumamente entretenido, considerado por el autor como su mejor obra en este género. En 1862 visitó los Estados Unidos;[134]​ el relato de su viaje, titulado Norteamérica (1862), es menospreciado por el propio autor, pero resultó eminentemente útil en su momento para ayudar a orientar a la opinión pública inglesa hacia un cauce correcto[135]​ en su relación con América. Posteriormente visitó Australia y Nueva Zelanda (1871-72), y Sudáfrica (1878), produciendo libros sobre estos países más fecundos en instrucción que en entretenimiento.[135]

El historiador William Hepworth Dixon escribió numerosos libros de viajes.[68]​ En 1863, Dixon viajó al Oriente Próximo y, a su regreso, contribuyó a fundar la Fundación para la Exploración de Palestina.[69]​ En 1865 publicaría The Holy Land (La Tierra Santa), una pintoresca guía de Palestina. En 1866, Dixon viajó a través de los Estados Unidos, llegando hacia el Lejano Oeste hasta Salt Lake City,[136]​ y en 1867 publicó La nueva América. Alcanzó ocho ediciones en Inglaterra, tres en Estados Unidos y varias en Francia, Rusia, Países Bajos, Italia y Alemania.[70]​ En la última parte del año 1869 viajó durante algunos meses por el Norte, dando cuenta de su periplo en Free Russia (1870).[70]​ El año 1871 lo pasó en su mayor parte en Suiza, y a principios de 1872 publicó The Switzers (Los suizos).[70]​ En septiembre de 1874 viajó por Canadá y los Estados Unidos. El resultado lo daría en marzo de 1875 con The White Conquest (La conquista blanca).[70]​ En la última parte del año 1875 viajó una vez más a Italia y Alemania. Durante el año siguiente, escribió The Way to Egypt (El camino a Egipto) en el Gentleman's Magazine.[70]​ Antes de finalizar 1878 visitó la isla de Chipre.[70]British Cyprus (El Chipre británico) se publicó en 1879.[70]

A Sir Samuel White Baker (1821-1893), explorador, naturalista, cazador, ingeniero, escritor y militante abolicionista, se le recuerda principalmente como explorador de las fuentes del Nilo[137]​ y del interior del África Central, y como descubridor del gran lago Alberto.[137]​ Durante su residencia en la isla de Ceilán publicó, como resultado de numerosas y aventureras expediciones de caza, El rifle y el perro de caza en Ceilán (1853), y dos años más tarde Ocho años de andanzas en Ceilán (1855).[138]​ El descubrimiento del Albert Nyanza fue la hazaña más notable lograda en la carrera aventurera de Baker; la labor de Speke y Grant quedaba así completada, y las fuentes del Nilo liberadas del misterio. Aunque quedaría para Stanley el descubrimiento (15 de diciembre de 1887) del tercer lago y la corrección del reporte relativo a la extensión del Albert Nyanza hacia el sur, el nombre de Baker siempre estará asociado con la solución del problema de las fuentes del Nilo.[139]​ Publicó su relato de la expedición, titulado El Albert Nyanza, la Gran Cuenca del Nilo y la exploración de las fuentes del Nilo, en 1866, y la obra se hizo inmediatamente popular.[140]​ En 1867 publicaría Los afluentes del Nilo en Abisinia; ambos libros alcanzarían rápidamente varias ediciones.[141]​ Publicó su relato de la expedición al África Central bajo el título de Ismailia (1874). Chipre, tal como la vi en 1879 fue el resultado de una visita a dicha isla.[141]​ En líneas generales, sus libros, que versan todos sobre viajes y actividades lúdicas, están bien escritos.[137]

Una de las obras más valiosas del poeta, crítico, novelista y dramaturgo Robert Williams Buchanan (1841-1901) es La tierra de Lorne (dos volúmenes, 1871), un vívido recuerdo de sus experiencias de navegación por la costa oeste de Escocia.[142]​ En la misma época, el alpinista y explorador Edward Whymper (1840-1911), conquistador del Matterhorn, del Chimborazo y del Cotopaxi, consignó sus experiencias en dos grandes libros:[143]Scrambles among the Alps (Escaladas en los Alpes, 1871) y Travels among the Great Andes (Viajes por los Grandes Andes, 1892).

Por su parte, Lady Isabel Burton (1831-1896), esposa de Richard Francis Burton, fue su secretaria y su ayudante de campo,[144]​ pero también publicó sus propias obras. Inner Life of Syria (La vida secreta de Siria) (2 volúmenes, 1875) y Arabia, Egypt, India (Arabia, Egipto y la India, 1879) son en su mayor parte obra suya, con contribuciones de su esposo.[Nota 19][144]

La observación y ese vagabundeo siempre alerta de George Borrow se repiten de nuevo a finales de siglo en las obras de Richard Jefferies[105]​ (1848-1887). La tradición de Gilbert White (autor de Historia natural y antigüedades de Selborne, 1789) fue continuada por este naturalista y novelista sureño en sus principales obras. En 1877 adquirió definitivamente categoría de autor popular con Gamekeeper at Home (El guardabosque en su hogar), reedición de una serie de textos notables inicialmente publicados en el Pall Mall Gazette. Ciertamente, a la vez que interpretaba la naturaleza como un poeta, la había estudiado como un naturalista, no solo acumulando datos con minuciosa observación, sino registrándolos con una precisión casi dolorosa en los diarios de los cuales Mr. Besant ha dado muestras. Su amor por los detalles y su facultad para extraer la belleza poética de ellos son exhibidos aún más sorprendentemente en su siguiente libro, Wild Life in a Southern County (Vida agreste en un condado del Sur, 1879), que también apareció inicialmente en forma de artículos en el Pall Mall.[145]​ Estas dos obras están repletas de observaciones minuciosas y descripciones vívidas de la vida en el campo.[146]​ La primera de ellas consiste en una serie de escritos en prosa sobre la base de la amistad del autor con el guarda de la finca rural en la que aquél pasó su infancia. Por su parte, en Vida agreste…, obra en la que Jefferies vuelve a su Wiltshire natal, toda la vida rural de la comarca, animal y humana, y todas las características locales de la naturaleza inanimada, y el nuevo mundo creado por la fusión de ambos conceptos, son representados en un paisaje con figuras exquisitamente matizado e infinitamente variado, provisto por su unidad esquemática de un marco definido y adecuado. Esta coherencia hace que Vida agreste… sea muy superior a sus posteriores obras del mismo género,[147]​ como The Amateur Poacher (El furtivo aficionado, 1880); Round About a Great Estate (En derredor de una vasta finca, 1881); The Life of the Fields (La vida en los campos, 1884); The Open Air (Aire libre, 1885), etc. Con la excepción de Red Deer (El ciervo rojo, 1884), una descripción de Exmoor, donde la unidad de localizaciones conduce de nuevo a la unidad de intereses, estas obras resultan demasiado inconexas, si bien las descripciones individuales son tan hermosas y certeras como siempre.[147]​ En los pocos años que Jefferies invirtió en escribir estas obras en prosa, su habilidad literaria se desarrolló rápidamente: El furtivo aficionado, en particular, es considerado como un gran avance con respecto a sus trabajos anteriores, el primero en el que el autor se acerca al tema autobiográfico que está detrás de sus mejores obras.[148]

Al igual que George Borrow, con quien tiene mucho en común, Jefferies es un escritor de un tipo perfectamente original, y al mismo tiempo intensamente inglés. Gran parte de lo mejor de su obra puede ser emulado o superado, pero él resulta incomparable, salvo por Shelley, por la fusión de la máxima intensidad de pasión con su máxima pureza, y por la elocuente expresión del mero éxtasis de vivir, del goce de la existencia al aire libre y a la luz clara en medio de hermosos paisajes.[147]​ En su propio estilo, consistente en representar con un intenso sentido de la naturaleza todos los elementos del país y de la vida agreste, vegetal y animal, que sobrevive frente a la civilización moderna, pocos han igualado a Jefferies.[146]

Por razones de salud, Robert Louis Stevenson tuvo que hacer frecuentes viajes, y en ellos recogió la documentación y obtuvo las experiencias que se condensan en sus narraciones Un viaje al continente (1878) y Viajes con una burra por los montes Cévennes (1879).[149]​ En 1876 acompañó a Sir Walter Simpson en un viaje en canoa por Bélgica y Francia descrito en The Inland Voyage (Un viaje al continente).[150]​ Se trata de su primer libro publicado, y está escrito con una agradable, imaginativa veta humorística y reflexiva, pero con un estilo tal vez demasiado amanerado.[151]​ Por su parte, Travels with a Donkey in the Cevennes describe sus excursiones por el macizo de las Cévennes, en el centro-sur de Francia, durante el otoño de 1878.

En 1892 se publicó Across the Plains, un volumen recopilatorio de ensayos, que venían precedidos por la narración de su viaje como emigrante desde Nueva York hasta San Francisco, sumamente revisada y condensada a partir del borrador original de 1879.[152]

En 1883, el teólogo Henry Drummond (1851-1897) emprendió una visita a la región meridional del África ecuatorial. Su misión era realizar una exploración científica, y especialmente geológica, de la región de los lagos Nyasa y Tanganica para la African Lakes Corporation. Zarpó en junio de 1883 y pasó por Zanzíbar y Mozambique. Volvería con un valioso informe sobre la gran región administrada por la Compañía, y también mantuvo un completo diario, del que extrajo los materiales para su admirablemente escrito esbozo Tropical Africa (El África tropical, 1888), que describía el carácter general del país y la condición de sus nativos, con uno o dos capítulos sobre historia natural y sobre los problemas económicos que en sí mismos se presentaban a su mentalidad. Regresó pasando por Ciudad del Cabo en abril de 1884.[153]

Todas estas obras no son sino una pequeña parte de una literatura copiosa y fascinadora sobre viajes, la cual constituye uno de los primeros méritos de la época victoriana y de la nuestra.[143]

Filología y traducción

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El arabista Edward William Lane (1801-1876) precedió a Richard Francis Burton como traductor de Las mil y una noches[154]​ (1838-40). Su traducción, publicada por entregas mensuales, ilustradas con xilografías basadas en dibujos de William Harvey,[Nota 20][155]​ estaba diseñada para hacer del libro una especie de enciclopedia de las costumbres orientales. La traducción en sí misma es una prueba admirable de erudición, pero se caracteriza por un manierismo un tanto artificial, que no es igual de apropiado para todas las partes del "multicolorido" original. El carácter de algunos de los cuentos y las tediosas repeticiones de un mismo tema en la colección árabe indujeron a Lane a dejar sin traducir partes considerables de la obra. El valor de su versión se ve incrementado por las exhaustivas notas sobre la vida y costumbres mahometanas.[156]​ Esta fue la primera versión fiel de los célebres relatos árabes.[155]​ El tono oriental, que se había perdido en versiones anteriores, basado en la paráfrasis francesa de Galland, está fielmente reproducido.[155]​ La obra está enriquecida con numerosas notas, fruto del conocimiento personal del traductor de la vida musulmana y de su amplio conocimiento de la literatura árabe, y forma una especie de enciclopedia de costumbres y creencias musulmanas.[155]

Lane dedicó los últimos veintisiete años de su vida a meditar y traducir sus materiales árabes en forma de un gran tesauro del conocimiento lexicográfico de los árabes.[156]​ La que estaba destinada a ser la gran obra de su vida, su Léxico árabe, quedó inconclusa a su muerte, pero fue completada por su sobrino nieto, el profesor Stanley Lane-Poole.[Nota 21][157]​ En vida del autor aparecieron cinco partes (1863-74).[156]​ Incluso en su imperfecto estado el Léxico es un monumento perdurable.[156]​ La importancia del diccionario fue instantáneamente apreciada por los orientalistas de Europa, y el Léxico se convirtió de inmediato en indispensable para los estudiantes de árabe.[155]

George Webbe Dasent (1817-1896), erudito escandinavista, marchó a Estocolmo en 1840 como secretario del enviado británico, Sir Thomas Cartwright. El estímulo de Jacob Grimm lo llevó a interesarse por la literatura y la mitología escandinavas, y de sus cuatro años de estancia en Estocolmo data su devoción por el estudio de las sagas, que alentaría toda su carrera. En 1842 aparecieron los primeros frutos de su labor en este campo, tomando la forma de una versión de The Prose or Younger Edda (La Edda prosaica o menor);[158]​ y al año siguiente apareció su Gramática de la lengua islandesa o nórdica antigua, a partir del [original] en sueco de Rasmus Rask.[158]​ Además de su intensa labor periodística, trabajó con asiduidad en traducciones del noruego. De este modo, el primero de los relatos que tradujo apareció en Blackwood's Magazine en noviembre de 1851, y la edición recopilatoria en 1859[Nota 22]​ con un elaborado ensayo introductorio, que Dasent consideró su mejor obra.[158]​ Ya en 1843 había concebido la idea de dar un toque inglés a la saga de Njál, que completó y publicó en 1861, con valioso material introductorio aportado por G. Vígfússon.[Nota 23][158]​ En 1866 se publicó Gisli the Outlaw (Gisli el forajido), su mejor traducción al islandés, y en 1874 le seguiría una segunda serie de relatos populares titulada Tales from the Fjeld; The Story of Burnt Njál despertó un interés permanente por la literatura islandesa.[158]​ En 1892 fechó su última obra, una magistral traducción para la «Rolls series» de The Orkneyinga's Magnus and Hacon's Sagas, llevada a cabo en 1894 con la ayuda de su hijo mayor.[159]

Theodore Martin (1816-1909) y [[William Edmondstoune Aytoun (1813-1865) trabajaron juntos en una serie de traducciones que aparecieron en el Blackwood's Magazine en 1843-44, y fueron publicadas de forma conjunta en 1858 con el título de Poems and Ballads of Goethe (Poemas y baladas de Goethe).[160]​ La labor de Martin como traductor resultó ser particularmente versátil.[160]​ Con posterioridad publicaría una versión del drama lírico del poeta danés Henrik Hertz, La hija del rey René.[161]​ Empleó sus energías en la poesía alemana con un éxito más acusado. En noviembre de 1850 había publicado en el Dublin University Magazine una traducción del Prometeo de Goethe, y en 1865 publicó una versión de la Primera parte de Fausto. La Segunda parte llegaría en 1886. La Primera parte fue reeditada en numerosas ocasiones, y alcanzaría su novena edición en 1910.[162]​ Sus traducciones hechas partir de originales en danés o alemán[160]​ de los dramas románticos Correggio (1854) y Aladino o la lámpara maravillosa (1857), de Oehlenschläger, incrementaron la fama del poeta danés en Inglaterra. En 1860 apareció la traducción métrica de Martin de las Odas de Horacio,[161]​ que, como todas las versiones de poesía latina de Martin, resulta más fluida que académica. Esta obra quedaría incorporada con posterioridad a sus Obras de Horacio (2 volúmenes, 1882).[160]​ Una traducción poética de Catulo fue publicada en 1861:[161]Catullus, with Life and Notes (Catulo, con biografía y notas).[162]​ Después vendrían las traducciones de la Vita nuova de Dante y de la primera parte del Fausto de Goethe. Una traducción métrica de la segunda parte de Fausto apareció en 1866.[161]​ En 1878 apareció la traducción de Martin de los Poemas y baladas de Heine.[161]​ En 1882 sus trabajos horacianos concluyeron con una traducción de las obras completas del poeta, con una biografía y notas, en dos volúmenes.[161]​ En 1889 apareció «The Song of the Bell» y otras traducciones de Schiller, Goethe, Uhland y otros, una antología de poesía lírica alemana moderna. El traductor no elude ninguna dificultad métrica o de otro tipo, pero en la ejecución hay una falta de precisión y acabado.[162]​ Una enérgica traducción de Der Fechter von Ravenna (1854) de Friedrich Halm (barón von Münch-Bellighausen), un tipo esencialmente teatral de drama romántico alemán, fue impresa para difusión privada. Sería reeditada en 1894 junto con Madonna Pia (basada en La Malaria del marqués de Belloy, de 1853), La hija del rey René y The Camp.[162]​ La versión en inglés de Martin ―una de tantas― de El campamento de Wallenstein de Schiller (Blackwood's Magazine, febrero de 1892), aunque plena de energía y regocijo, carece de la atmósfera solemne del original.[162]​ Su traducción de los libros I-VI de la Eneida aparecería en la tardía fecha de 1896.[162]​ Sus diversas traducciones muestran una insólita receptividad mental.[163]

John Stuart Blackie (1809-1895), académico y hombre de letras escocés, dedicó su vida a la docencia ―fue profesor de latín en Aberdeen (1841-52) y de griego en Edimburgo (1852-82)―[164]​ y a la traducción de obras clásicas ―si bien la primera obra que tradujo fue Fausto, que obtuvo la aprobación de Carlyle―.[164]​ Desde el principio, sus clases magistrales sobresalieron por el singular entusiasmo con el que trataba de revitalizar el estudio de los clásicos; y su creciente reputación, sumada a la expectación levantada por una traducción de Esquilo que publicó en 1850, condujeron a su nombramiento en 1852 para la cátedra de Griego en la Universidad de Edimburgo.[165]​ Era algo errático en sus métodos, pero sus conferencias fueron el triunfo de una personalidad influyente. Un viaje a Grecia en 1853 inspiró su ensayo Sobre el idioma vivo de los griegos, uno de sus temas favoritos, especialmente en sus últimos años.[165]​ Su actividad literaria fue incesante, sus obras consisten en traducciones de Esquilo y de la Ilíada,[166]​ entre otras muchas.

Bibliografía

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  • Borges, Jorge Luis / Vázquez, María Esther. Introducción a la literatura inglesa. Madrid: Alianza Editorial, 2008. ISBN 978-84-206-3823-2.
  • Cousin, John William. A Short Biographical Dictionary of English Literature. Londres: J.M. Dent & Sons, 1910. No presenta ISBN.
  • Entwistle, William James. «Los clásicos ingleses» en Historia de la literatura inglesa: de los orígenes a la actualidad. México D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1965. No presenta ISBN.
  • Evans, Ifor. Breve historia de la literatura inglesa. Barcelona: Ariel, 1985. ISBN 978-84-3448-383-1.
  • Pujals Fontrodona, Esteban. Historia de la literatura inglesa. Madrid: Editorial Gredos, 1984. ISBN 978-84-2490-952-6.

Notas

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  1. Arthur Penrhyn Stanley (1815-1881), sacerdote anglicano e historiador eclesiástico, deán de Westminster entre 1864 y 1881.
  2. Los Tracts for the Times (1833-41), por los que el Movimiento sería con posterioridad denominado "tractariano",[12]​ fueron escritos por diversos autores cuyo propósito era garantizar para la Iglesia de Inglaterra un fundamento definido de doctrina y disciplina, en caso de desestabilización o determinación de los eclesiásticos de la High Church de abandonar la organización, una eventualidad que se figuraba no imposible en vista de los recientes tratos de Estado arbitrarios con la hermana Iglesia de Irlanda.[12]​ El Tract XC, que contenía un examen de los treinta y nueve artículos, escrito por Newman, apareció en 1841. Daba a los artículos, indeterminados en sí mismos, una interpretación católica muy consecuente.[13]
  3. Reseñando la Historia de Inglaterra de Froude en el Macmillan's Magazine, [Kingsley] afirmó incidentalmente que "el padre Newman nos informa de que la verdad por sí misma no tiene por qué ser, y en conjunto no debería ser, una virtud del clero romano".[12]
  4. Estos discursos son presentados como las conferencias II, V, VI, XI y XII en el volumen El unitarismo defendido (1839).[18]
  5. Seguidor del teólogo suizo Thomas Erastus (1524-1583).
  6. Ministro inconformista y hombre de letras inglés (1806-1877), conocido como apologista cristiano.
  7. Publicó el primer volumen en 1849.[34]
  8. Robert Gray (1809-1872), obispo anglicano de Ciudad del Cabo (1847-73).
  9. James Bowling Mozley (1813-1878), teólogo inglés. Thomas Henry Haddan (1814-1873), jurista y editor inglés. Frederic Rogers, I barón Blachford (1811-1889), funcionario público inglés. Mountague Bernard (1820-1882), jurista inglés especializado en derecho internacional público.
  10. Estas series consisten en diálogos sobre temas sociales e intelectuales, escritos con mucha seriedad.[54]
  11. Su primera obra fue Specimens of German Romance (en 4 volúmenes).[58]
  12. Esta filosofía está resumida en su célebre cita: "La Historia universal, la historia de lo que el hombre ha realizado en este mundo, es en el fondo la historia de lo que han hecho los grandes hombres". La obra mencionada reunía los textos de una serie de conferencias sobre el tema tratado pronunciadas por el autor desde 1837, en las que Carlyle expuso gran parte de su pensamiento y, a través de las biografías ejemplarizantes de célebres personajes históricos como Dante Alighieri, Martín Lutero, Mahoma, Napoleón Bonaparte o William Shakespeare, intentó demostrar la influencia decisiva de todos ellos en la historia de la Humanidad.
  13. Jocelyn de Brakelond o Jocelin de Brakelonde (activo en la segunda mitad del siglo XII) fue un monje inglés, autor de una crónica que narra las peripecias del monasterio de la abadía de Bury St Edmunds entre 1173 y 1202.
  14. La obra apareció en 1849 y, aunque fue rechazada por numerosos editores, llegó a alcanzar tres ediciones.[69]
  15. Henry Flood (1732-1791), político y estadista irlandés.
  16. John Morley, I vizconde Morley de Blackburn (1838-1923), estadista liberal, escritor y editor inglés.
  17. The New Priesthood: A Protest Against Vivisection (El nuevo sacerdocio: una protesta contra la vivisección, 1893).
  18. John Murray III (1808-1892), editor inglés.
  19. Los títulos completos de estas dos obras eran: The inner life of Syria, Palestine, and the Holy Land: from my private journal y Arabia, Egypt, India: A Narrative of Travel.
  20. Grabador e ilustrador inglés (1796-1866).
  21. Orientalista y arqueólogo inglés (1854-1931).
  22. Popular Tales from the Norse (Cuentos populares en noruego).
  23. Guðbrandur Vigfússon (1827-1889), erudito escandinavista islandés.

Véase también

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Referencias

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  7. a b c Evans (1985), p. 310.
  8. a b Entwistle (1965), p. 238.
  9. a b c d e Pujals Fontrodona (1984), p. 538.
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