Una de las disputas de Jesús con los judíos fue la llamada cuestión sobre el sabado, disputa que aprovechó Jesús para impartir sus enseñanzas acerca de la diferencia entre los preceptos de la Antigua Ley y la Nueva, que él enseñaba. Todo vino como consecuencia de que los discípulos de Jesús tuvieron hambre y cortando espigas las desgranaban y comían los granos, posiblemente de trigo, cosas que, según los fariseos estaban prohibidas puesto que el arrancar espigas lo asimilaban al trabajo de segar y desgranar las espigas al de trillar. El pasaje viene reflejado en los evangelios de Mateo 2; 23-28 y de Lucas 6;1-5
Según san Mateo
En aquel tiempo pasaba Jesús un sábado por entre unos sembrados; sus discípulos tuvieron hambre y comenzaron a arrancar unas espigas y a comer. Los fariseos, al verlo, le dijeron: —Mira, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer el sábado. Pero él les respondió: —¿No habéis leído lo que hizo David y los que le acompañaban cuando tuvieron hambre? ¿Cómo entró en la Casa de Dios y comió los panes de la proposición, que no les era lícito comer ni a él ni a los que le acompañaban, sino sólo a los sacerdotes? ¿Y no habéis leído en la Ley que, los sábados, los sacerdotes en el Templo quebrantan el descanso y no pecan? Os digo que aquí está el que es mayor que el Templo. Si hubierais entendido qué sentido tiene: Misericordia quiero y no sacrificio, no habríais condenado a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado.[1]
Según san Lucas
Un sábado pasaba él por entre unos sembrados, y sus discípulos arrancaban espigas, las desgranaban con las manos y se las comían. Algunos fariseos les dijeron: —¿Por qué hacéis en sábado lo que no es lícito? Y Jesús respondiéndoles dijo: —¿No habéis leído lo que hizo David, cuando tuvieron hambre él y los que le acompañaban? ¿Cómo entró en la Casa de Dios, tomó los panes de la proposición y comió y dio a los que le acompañaban, a pesar de que sólo a los sacerdotes les es lícito comerlos? Y les decía: —El Hijo del Hombre es señor del sábado.[2]
Jesús, daba con su autoridad divina la interpretación nueva y definitiva definitiva de la Ley por lo que se vio enfrentado a ciertos fariseos que no aceptaban su doctrina aunque estuviera respaldada por los milagros. En este caso, las diferencias ocurren respecto a la interpretación del descanso sabático. Dios lo instituyó, y mandó que el pueblo judío no hiciera ciertos trabajos en sábado para poder dedicarlo más plenamente a honrar a Dios. Con el paso del tiempo los fariseos fueron complicando este precepto de tal forma que en la época de Jesús había una lista de 39 tipos de trabajos prohibidos. Jesús enseña frecuentemente que el «descanso del sábado no se quebranta por el servicio a Dios o al prójimo».
El mismo Jesús rebate la acusación de los fariseos con cuatro razones: el ejemplo de David, el de los sacerdotes, el sentido de la misericordia divina y el señorío del propio Jesús sobre el sábado. La frase de Oseas[3]. Aquí, Jesús parece dar por sentado que el texto tenía una relevancia especial para los interlocutores: no está tanto en polémica con los sacrificios del Templo, como con la necesidad de distinguir entre lo que es importante y lo que no es tanto. La disposición hacia la misericordia abre los ojos para ver más claramente a Dios y sus obras: «Reconoce, oh cristiano, la altísima dignidad de esta tu sabiduría, y entiende bien cuál ha de ser tu conducta y cuáles los premios que se te prometen. La misericordia quiere que seas misericordioso, la justicia desea que seas justo, pues el Creador quiere verse reflejado en su criatura, y Dios quiere ver reproducida su imagen en el espejo del corazón humano, mediante la imitación que tú realizas de las obras divinas. No quedará frustrada la fe de los que así obran, tus deseos llegarán a ser realidad, y gozarás eternamente de aquello que es el objeto de tu amor» (S. León Magno, Sermones 95,7).[4][5]
En estas dos controversias sobre el sábado Jesús manifiesta su autoridad y su poder divinos, y enseña el verdadero sentido del descanso sabático. Su actitud contrasta con la ofuscación de escribas y fariseos: «¡Oh fariseo!, ves al que hace cosas prodigiosas y cura a los enfermos en virtud de un poder superior y tú proyectas su muerte por envidia» [6]. El episodio es también enseñanza para nosotros, para que nuestra pequeñez no ponga nunca en duda la grandeza del Señor: «La mano seca se volvió sana, mientras que la aridez mental de los judíos permaneció igual. Porque al salir, como dice la lectura, deliberaban qué hacer con Jesús. ¿Deliberas tú también sobre lo que tienes que hacer? Adórale como Dios, da culto al autor de los milagros, adora al Hombre que está por encima de los hombres» [7][8]
El Hospital de San Miguel situado en Zafra, provincia de Badajoz, es un Bien de interés cultural con categoría de «Monumento» así nombrado en el BOE con fecha de 27 de enero de 2014. Inicialmente, el hospital tenía de dos edificios bien diferenciados: la capilla y la enfermería. Todo ello estaba rodeado por un muro. Ambos edificios tienen un estilo gótico-mudéjar.
Los duques de Feria construyeron dos hospitales en Zafra para «enfermos y pobres» el siglo XV cuando esa ciudad pertenecía a su ducado: el Hospital de San Miguel y el «Hospital de la Salutación», más conocido como «Hospital de Santiago». En los documentos de su creación los patronos aclaraban que el hecho de desprenderse de bienes se debía únicamente a afanes espirituales y caritativos. Sin embargo, también figuraban entre sus móviles ciertas razones políticas como eran el fomento de la paz en sus territorios aliviando las tensiones originadas por la gran pobreza que se extendía en toda la zona. También existían motivos de prestigio ya que este tipo de obras los destacaba entre los miembros de la nobleza.
El documento másantiguo existente de la fundación y orígenes del hospital es el testamento de la segunda condesa de Feria doña Constanza Osorio, fechado el 18 de abril de 1480 donde explicitaba su deseo de volver a edificar el hospital y, de acuerdo con losdeseos de su marido, eligieron un emplazamiento más próximo a los de las instituciones civiles y de la Iglesia.[1]
La parábola de la paja y la viga es una de las parábolas de Jesús. Se presenta solamente en el evangelio de Mateo del Nuevo Testamento en el cap. 7; vs 1-5 cuando Jesús, al dar diversos preceptos, indica en que no se debe juzgar al prójimo.
Según el evangelio según san Mateo:
No juzguéis para no ser juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis se os juzgará, y con la medida con que midáis se os medirá. ¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en el tuyo? ¿cómo vas a decir a tu hermano: «Deja que saque la mota de tu ojo», cuando tú tienes una viga en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano.[1]
Según el evangelio según san Mateo:
—Prestad atención a lo que oís. Con la medida con que midáis se os medirá y hasta se os dará de más. 25Porque al que tiene se le dará; y al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará.[2]
San Mateo recoge diversas recomendaciones del Señor sobre la conducta de quienes son sus discípulos. Deben vivir la caridad fraterna, siendo muy prudentes al juzgar. Conforme a una práctica usual de aquella época, se utilizaba la voz pasiva para evitar pronunciar el nombre de Dios y señalar así sus acciones. Jesús se sirve aquí de la voz pasiva: «se os juzgará», «se os medirá», para indicar que Dios se apropiará de los criterios de juicio seguidos para juzgar: «Que Dios mide como medimos y perdona como perdonamos, y nos socorre en la manera y las entrañas que nos ve socorrer» [3] Después advierte que se puede tener deformada la vista, y ver las cosas desatinadamente, aunque éstas sean correctas. San Agustín, recordando el pasaje, daba este consejo: «Procurad adquirir las virtudes que creéis que faltan en vuestros hermanos, y ya no veréis sus defectos, porque no los tendréis vosotros» [4][5]
https://en.wikipedia.org/wiki/Our_Lady_of_Peace
Los cuatro evangelios recogen la predicación de Juan el Bautista que precedió la vida pública de Cristo. Lucas la presenta con más detalle y orden: describe el marco general, la misión, el contenido de su predicación, su relación con el Mesías venidero y su encarcelamiento. Lucas sitúa en el tiempo y en el espacio la aparición pública de Juan Bautista. El año decimoquinto del imperio de Tiberio César corresponde al 27 ó al 28/29 de nuestra era, según dos cómputos de tiempo posibles. Poncio Pilato fue praefectus de Judea, o bien «procurador» en la terminología posterior, desde el año 26 al 36; su jurisdicción se extendía también a Samaría e Idumea. El Herodes que se menciona es Herodes Antipas, que murió el año 39.[1]
El año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, Herodes tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la región de Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, bajo el sumo sacerdote Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, el hijo de Zacarías, en el desierto. Y recorrió toda la región del Jordán predicando un bautismo de penitencia para remisión de los pecados, tal como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:
- Voz del que clama en el desierto:
- Preparad el camino del Señor,
- haced rectas sus sendas.
- Todo valle será rellenado,
- y todo monte y colina allanados;
- los caminos torcidos serán rectos,
- y los caminos escarpados serán llanos.
- Y todo hombre verá la salvación de Dios».
Y decía a las muchedumbres que acudían para que los bautizara: —Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a huir de la ira que va a venir? Dad, por tanto, frutos dignos de penitencia, y no empecéis a decir entre vosotros: «Tenemos por padre a Abrahán». Porque os aseguro que Dios puede hacer surgir de estas piedras hijos de Abrahán. Además, ya está el hacha puesta junto a la raíz de los árboles. Por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Las muchedumbres le preguntaban: —Entonces, ¿qué debemos hacer? Él les contestaba: —El que tiene dos túnicas, que le dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, que haga lo mismo. Llegaron también unos publicanos para bautizarse y le dijeron: —Maestro, ¿qué debemos hacer? Y él les contestó: —No exijáis más de lo que se os ha señalado. Asimismo le preguntaban los soldados: —Y nosotros, ¿qué tenemos que hacer? Y les dijo: —No hagáis extorsión a nadie, ni denunciéis con falsedad, y contentaos con vuestras pagas.
Como el pueblo estaba expectante y todos se preguntaban en su interior si acaso Juan no sería el Cristo, Juan salió al paso diciéndoles a todos: —Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatarle la correa de las sandalias: él os bautizará en el Espíritu Santo y en fuego. Él tiene el bieldo en su mano, para limpiar su era y recoger el trigo en su granero, y quemará la paja con un fuego que no se apaga. Con estas y otras muchas exhortaciones anunciaba al pueblo la buena nueva.[2]
Herodes Filipo, hermanastro de Herodes Antipas, fue tetrarca de varias regiones indicadas en el texto hasta el año 33/34. No es el mismo Herodes Filipo que estaba casado con Herodías. El sumo sacerdote era Caifás, que ejerció su pontificado desde el año 18 al 36. Anás, su suegro, había sido depuesto el año 15 por la autoridad romana, pero conservaba mucha influencia en la política y la religión judías. La mención de las circunstancias históricas, seguida de la expresión «vino la palabra de Dios sobre…», es frecuente en el inicio de muchos libros proféticos. [3] De este modo el texto sugiere, como después afirmará Jesús expresamente, que Juan el Bautista es el último de los profetas, y a través de él, Dios, con su palabra, inaugura el último acto de la historia. El San Lucas presenta la figura del Juan el Bautista a la luz de un texto del libro de Isaías. En esta parte de Isaías se anuncia al pueblo hebreo que, tras el destierro de Babilonia, habrá un nuevo éxodo; entonces, el pueblo que caminará a través del desierto hasta llegar a la tierra de promisión ya no será guiado por Moisés sino por el mismo Dios. [4]
El oráculo de Isaías citado es común a los tres evangelios sinópticos, pero sólo san Lucas recoge el último versículo: «Y todo hombre verá la salvación de Dios». De este modo, la dimensión universal del Evangelio se presenta desde la misión misma del Bautista. Todos, hasta los publicanos o los soldados, tienen acceso a la salvación:
«El Señor desea abrir en vosotros un camino por el que pueda penetrar en vuestras almas. (…) El camino por el que ha de penetrar la palabra de Dios consiste en la capacidad del corazón humano. El corazón del hombre es grande, espacioso y capaz. (…) Prepara un camino al Señor mediante una conducta honesta, y con acciones irreprochables allana tú el sendero, para que la palabra de Dios camine hacia ti sin obstáculo».[5]
Ante la venida inminente del Señor, los hombres deben disponerse interiormente, hacer penitencia de sus pecados, rectificar su vida para recibir la gracia que trae el Mesías. Porque la salvación no viene por el linaje, por ser hijos de Abrahán, sino por la conversión que se manifiesta en obras concretas y particulares para cada uno. San Lucas dice que sólo ha recogido algunas de las exhortaciones con las que evangelizaba el Bautista. De todas formas, el resumen que presenta es muy semejante al de otros documentos de la época. Flavio Josefo recuerda que Juan «era un hombre bueno y pedía a los judíos el ejercicio de la virtud, a la vez que la justicia de los unos con los otros y la piedad con Dios, y de esta forma presentarse al Bautismo» [6]. La enseñanza del Bautista versa también sobre el Mesías. Juan recuerda que él no es el Mesías, pero que éste está al llegar y que vendrá con el poder de juez supremo, propio de Dios, y con una dignidad que no tiene parangón humano:
Finalmente, el evangelista describe la suerte última de Juan. Los otros dos evangelios sinópticos, los de Mateo y Marcos, hablan de la censura que hizo el Bautista del adulterio de Herodes; San Lucas apunta también que Juan denunció «todas las maldades» del tetrarca. La arbitrariedad de esta acción la evoca asimismo Flavio Josefo cuando dice que Herodes, temeroso de que la autoridad del Bautista
«indujera a sus súbditos a rebelarse, pues el pueblo parecía dispuesto a seguir sus consejos, consideró más seguro (…) quitarlo de en medio; de lo contrario, quizás tendría que arrepentirse más tarde, si se produjera alguna conjuración. Así que, por estas sospechas de Herodes, fue encarcelado y enviado a la fortaleza de Maqueronte»[9].
Por eso también, cuando Herodes fue aplastado por el rey de los nabateos, «los judíos creyeron que fue en venganza de la muerte de Juan Bautista por lo que fue derrotado Herodes, ya que Dios quería castigarlo»[10][11]
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(ayuda) el 21 de octubre de 2007. Consultado el 31 de enero de 2012.Lucas el Evangelista concluye los episodios de la infancia con un resumen de la vida de Jesús, María y José en esos años con tres breves frases de gran riqueza, y que son como un estribillo del Evangelio de la infancia [1]. Esta etapa ocupa los años transcurridos entre su nacimiento, con la excepción del episodio de la pérdida del Niño durante tres días, cuando acudieron sus padres con Él por primera vez a Jerusalén, conocido como Jesús entre los doctores, hasta su bautismo por san Juan Bautista en el río Jordan si bien esta segunda parte suele llamarse la vida oculta de Jesús.
El resumen de esta etapa de la vida de Jesús la relata el evangelista san Lucas de forma sumamente escueta en el capítulo 2; vv 39-40. de la siguiente manera:
Jesús «les estaba sujeto». En el episodio anterior, cuando se cita la pérdida de Jesús en el templo, también conocida como Jesús entre los doctores, se mostraba a Jesús obediente a la voluntad del Padre; pero en el pasaje queda claro que obedecer a Dios, para Jesús, es también obedecer a sus padres. [4] Obedeciendo, a sus padres, Jesús «crecía». Si toda la vida de Cristo es Revelación del Padre, también.
esos años ocultos del Señor no son algo sin significado, ni tampoco una simple preparación de los años que vendrían después: los de su vida pública. (…) Dios desea que los cristianos tomen ejemplo de toda la vida del Señor: (…) el Señor quiere que muchas almas encuentren su camino en los años de vida callada y sin brillo» [5]
De María se dice que «guardaba todas estas cosas en el corazón». De esa manera el evangelista enseña que en María no sólo se cumplió la palabra del Señor, sino que en Ella se anticipa lo que Jesucristo determina que es característica fundamental de la vida de sus discípulos: oír la palabra del Señor, guardarla y cumplirla .
Que en todos resida el alma de María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para alegrarse en Dios. Porque si corporalmente no hay más que una Madre de Cristo, en cambio, por la fe, Cristo es el fruto de todos; pues toda alma recibe la Palabra de Dios, a condición de que, sin mancha y preservada de los vicios, guarde la castidad con una pureza intachable [6][7]
La puerta angosta o puerta estrecha es una enseñanza de Jesús que aprovecha la pregunta que le hicieron acerca de cuantos se salvarán y vienen relatadas en Mateo 7:13 es el decimotercer versículo del capítulo séptimo del Evangelio de Mateo en el Nuevo Testamento y forma parte del Sermón de la Montaña. Lucas 13:24 tiene una redacción similar en relación con la puerta angosta o puerta estrecha.[1].
En la Versión King James de la Biblia el texto dice:
Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino, que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella
La World English Bible traduce el pasaje como:
Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y ancho el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.
En la Biblia de Navarra se expresa así:
Entrad por la puerta angosta, porque amplia es la puerta y ancho el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué angosta es la puerta y estrecho el camino que conduce a la Vida, y qué pocos son los que la encuentran![2]
A propósito de una pregunta, Jesús expone su doctrina sobre la salvación. Ésta no está ligada a un privilegio de raza, sino al combate espiritual. «Dios quiere que todos los hombres se salven»[3], aunque para alcanzar la salvación «los creyentes han de emplear todas sus fuerzas, según la medida del don de Cristo, para entregarse totalmente a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Lo harán siguiendo las huellas de Cristo, haciéndose conformes a su imagen y siendo obedientes en todo a la voluntad del Padre» [4] Esto es lo que se indica con la imagen de la «puerta angosta». Con ella se alerta del peligro de crearse falsas seguridades.
Pertenecer al pueblo, o haber conocido al Señor y haber escuchado su palabra, no es suficiente para alcanzar el Cielo; sólo los frutos de correspondencia a la gracia tendrán valor en el juicio divino. En varias ocasiones alude Jesús a la vida eterna con la imagen de un banquete [5] al que todos están llamados: Los que inculpablemente desconocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, y buscan con sinceridad a Dios, y se esfuerzan bajo el influjo de la gracia en cumplir con las obras de su voluntad, conocida por el dictamen de la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. La divina Providencia no niega los auxilios necesarios para la salvación a los que sin culpa por su parte no llegaron todavía a un claro conocimiento de Dios y, sin embargo, se esfuerzan, ayudados por la gracia divina, en conseguir una vida recta.[6][7]
San Agustín: El Señor nos había advertido más arriba que tuviéramos un corazón sencillo y puro con el que buscar a Dios; pero como esto no pertenece sino a pocos, comienza a hablar de descubrir la sabiduría. Para la búsqueda y contemplación de la cual se ha formado por todo lo anterior un ojo tal que puede discernir el camino estrecho y la puerta angosta; por lo cual añade: Entrad por la puerta angosta.[8]
Glossa ordinaria: Aunque te cueste hacer a otro lo que quisieras que te hicieran a ti, así debemos hacer para entrar por la puerta estrecha.[8].
Pseudo-Crisóstomo: Por lo demás; Este tercer precepto de nuevo está relacionado con el método correcto de ayunar, y el orden del discurso será éste: Pero tú cuando más rápido unjas tu cabeza; y después viene: Entrad por la puerta estrecha. Porque hay tres pasiones principales en nuestra naturaleza, que son las más adherentes a la carne: el deseo de comer y beber; el amor del hombre hacia la mujer; y en tercer lugar, el sueño. Estas son más difíciles de cortar de la naturaleza carnal que las otras pasiones. Y por lo tanto, la abstinencia de ninguna otra pasión santifica tanto el cuerpo como el que un hombre sea casto, abstinente y continúe en vigilias. Por tanto, a causa de todas estas justicias, pero sobre todo a causa del ayuno más penoso, es por lo que Él dice: Entrad por la puerta estrecha. La puerta de la perdición es el Diablo, por quien entramos en el infierno; la puerta de la vida es Cristo, por quien entramos en el reino de los cielos.
Se dice que el Diablo es una puerta ancha, no extendida por la fuerza de su poder, sino ensanchada por la licencia de su orgullo desenfrenado. De Cristo se dice que es una puerta estrecha, no por la pequeñez de su poder, sino por su humildad; porque Aquel a quien el mundo entero no contiene, se encerró dentro de los límites del vientre de la Virgen. El camino de la perdición es el pecado de cualquier clase. Se dice que es amplio, porque no está contenido dentro de la regla de ninguna disciplina, sino que los que andan por él siguen lo que les place. El camino de la vida es todo rectitud, y se llama estrecho por las razones contrarias. Hay que considerar que si uno no anda por el camino, no puede llegar a la puerta; de modo que los que no andan por el camino de la justicia, es imposible que conozcan verdaderamente a Cristo. Del mismo modo, tampoco corre en manos del Diablo, a menos que camine por el camino de los pecadores.[8]
Davies y Allison señalan, y a su vez rechazan, la interpretación de J.D.M. Derrett, quien dice que la metáfora se refiere a la entrada a una ciudad o a una puerta en medio del camino, y que esto implica que el destino final es el mismo. Una vez que ambos grupos atraviesen la puerta se encontrarán en el mismo lugar. Así, Derrett sostiene que esta metáfora afirma que el viaje del pecador es duro y destructivo, pero que después de afrontar este turbulento viaje el pecador, al igual que el piadoso, encontrará finalmente la gracia de Dios.[9]
El compositor de himnos del siglo XVIII Isaac Watts se refirió a los caminos ancho y estrecho en su himno "Ancho es el camino".[10]
En el cristianismo, pecado es un acto inmoral considerado como una transgresión de la ley divina.[1] La doctrina del pecado es central en la fe cristiana, ya que su mensaje básico trata de la redención en Cristo. [2]
Hamartiología, rama de la teología cristiana que es el estudio del pecado,[3] describe el pecado como un acto de ofensa contra Dios despreciando su personas y ley bíblica cristiana, y dañando a otros.[4] La hamartiología cristiana está estrechamente relacionada con conceptos de ley natural, teología moral y ética cristiana. Según Agustín de Hipona (354-430) el pecado es "una palabra, obra o deseo en oposición a la ley eterna de Dios", [5][6] o como afirman las escrituras, "el pecado es la transgresión de la ley"[7].
Entre algunos estudiosos, el pecado se entiende principalmente como infracción legal o violación de contrato de los marcos filosóficos no vinculantes y perspectivas de ética cristiana, y así salvación tiende a ser visto en términos legales. Otros eruditos cristianos entienden que el pecado es fundamentalmente relacional -una pérdida de amor por el Dios cristiano y una elevación del amor propio ("concupiscencia", en este sentido), como más tarde propuso Agustín en su debate con los pelagianos.[8] Al igual que con la definición legal de pecado, esta definición también afecta a la comprensión de la Gracia cristiana y la salvación, que se ven así en términos relacionales. [9][10].
Hamartiología (del griego: ἁμαρτία, hamartia, "alejamiento de las normas humanas o divinas de rectitud"[11] y -λογια, - logia,' "estudio")
El primer uso de pecado como sustantivo en el Antiguo Testamento es el de "el pecado está agazapado a tu puerta; desea poseerte, pero tú debes dominarlo"[12] esperando a ser dominado por Caín,4:7 NIVcf. 1 Pet 5:8 NIV a form of literary zoomorfismo.[13]
El primer uso de pecar como verbo es cuando Dios se le aparece a Abimelec en sueños "Entonces Dios le dijo en sueños: Sí, sé que lo hiciste con la conciencia tranquila, y por eso he evitado que peques contra mí. Por eso no te dejé tocarla en NIV.
El Libro de Isaías anunció las consecuencias del pecado: Pero vuestras iniquidades os han apartado de vuestro Dios; vuestros pecados han ocultado de vosotros su rostro, para que no os oiga. Porque tus manos están manchadas de sangre, tus dedos de culpa. Tus labios han hablado falsamente, y tu lengua murmura cosas perversas - una separación entre Dios y el hombre, y una adoración no correspondida.59:2-3 NVI
El pecado original es la doctrina Cristiana según la cual los seres humanos heredan una naturaleza manchada y una proclividad al pecado por el hecho de nacer.[14] Los teólogos han caracterizado esta condición de muchas maneras, considerándola desde algo tan insignificante como una ligera deficiencia, o una tendencia al pecado pero sin culpa colectiva, denominada "naturaleza pecaminosa", hasta la depravación total o culpabilidad automática de todos los humanos a través de la culpa colectiva.[15]
Los cristianos creen que la doctrina del estado de pecado de la humanidad resultó de la caída del hombre, derivada de la rebelión de Adán en el Eden, a saber, el pecado de desobediencia al consumir del árbol del conocimiento del bien y del mal. [16][17]
El concepto de pecado original fue aludido por primera vez en el siglo II por Ireneo, en su controversia con cierta dualista Gnósticos. Otros padres de la Iglesia como Agustín también desarrollaron la doctrina,[16] considerándola basada en la enseñanza del Nuevo Testamento del apóstol Pablo (Romanos 5:12-21 y 1 Corintios 15:22) y en el versículo del Antiguo Testamento de Salmos 51:5. [18][19][20][21][22] Tertuliano, Cipriano, Ambrosio y Ambrosiaster consideraban que la humanidad participa del pecado de Adán, transmitido por generación humana. La formulación de Agustín del pecado original fue popular entre Reformadores protestantes, como Martín Lutero y Juan Calvino, que equipararon el pecado original con la concupiscencia, afirmando que persistía incluso después del bautismo y destruía completamente la libertad.[16] El movimiento Jansenista, que la Iglesia católica declaró herético, también sostenía que el pecado original destruía el libertad de la voluntad.[23]
Ramas sustanciales de la comprensión hamartiológica, entre ellas la católica,[24] presbiteriana,[25] Reformada Continental,[26] y Reformed Baptist[27] suscriben la doctrina del pecado original,[28] que san Pablo propugna en Romanos 5:12-19 y que Agustín de Hipona popularizó en el cristianismo occidental y desarrolló en una noción de pecado hereditario. Agustín enseñó que Dios hace a todos los descendientes de Adán y Eva responsables del pecado de rebelión de Adán, y como tal todas las personas merecen la la ira de Dios y la condenación - aparte de cualquier pecado real que cometan personalmente.[29]
Por el contrario, el pelagianismo afirma que los seres humanos entran en la vida como "pizarras en blanco" morales (tabulae rasae) responsables de su propia naturaleza moral.[cita requerida] La Caída que ocurrió cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios afectó a la humanidad sólo mínimamente, ya que estableció un precedente moral negativo.[cita requerida]
Una tercera línea de pensamiento adopta una posición intermedia, afirmando que desde la Caída el pecado de Adán ha afectado naturalmente a los seres humanos de tal modo que tienen tendencias innatas a rebelarse contra Dios, en cuya rebelión por elección personal todos los humanos responsables, excepto Jesús y, para los católicos, María, elegirán o habrán elegido entregarse.[cita requerida] Esta es la posición hamartiológica de las iglesias cristianas orientales, a menudo llamada «pecado ancestral» en contraposición al «pecado original», pero a veces es vista como semipelagianismo en Occidente, especialmente por el La Reforma.
La Biblia habla del pecado generacional en KJV, que afirma que las iniquidades de los padres se visitan sobre los hijos y las hijas - hasta la tercera y cuarta generación.[30] Este concepto implica que "los problemas no resueltos se transmiten de generación en generación", pero que Jesús es el que rompe las ataduras...[y] Él es capaz de romper el ciclo de esta maldición, pero sólo si nosotros queremos que lo haga. "[30] La teóloga Marilyn Hickey explica este concepto, enseñando que KJV hace referencia a "la conexión invisible y misteriosa entre los pecados de un padre y el camino de sus hijos"; ella proporciona un ejemplo en el que si un "padre es un mentiroso y un ladrón, sus hijos son propensos al mismo comportamiento". [31] Hickey afirma que "a través del poder de Jesucristo, ninguna maldición generacional debe permanecer en nuestro linaje familiar" y dice que la oración es eficaz para poner fin al ciclo del pecado ancestral. [31] James Owolagba añade que además de la oración, la frecuente asistencia a la iglesia , incluyendo la recepción regular de los sacramentos, especialmente la Sagrada Comunión, ayuda a liberar a un individuo del pecado generacional.[32]
La forma en que Tomás de Aquino consideraba el pecado y los vicios era radicalmente distinta de los planteamientos posteriores, especialmente de la teología moral del siglo XVII. Presentaba el pecado y los vicios como contrarios de la virtud. Trata el tema en su Summa Theologica [36][37]
En una de sus definiciones del pecado Tomás cita la descripción de Agustín de Hipona del pecado como un pensamiento, palabras y obra contra la Ley Eterna[38]
Ahora bien, hay dos reglas de la voluntad humana: una es próxima y homogénea, a saber, la razón humana; la otra es la regla primera, a saber, la ley eterna, que es la razón de Dios, por así decirlo (quasi ratio Dei). Por consiguiente, Agustín incluye dos cosas en la definición de pecado: una, que pertenece a la sustancia de un acto humano, y que es la materia, por así decirlo, del pecado, cuando dice: palabra, obra o deseo; la otra, que pertenece a la naturaleza del mal, y que es la forma, por así decirlo, del pecado, cuando dice: contrario a la ley eterna. (STh I-II q.71 a.6)[39]
Reconocer las posibilidades del pecado en el hombre equivale a reconocer su naturaleza humana, su control y dominio de sus propias acciones. El pecado es un movimiento hacia la meta, se juzga por el objeto al que se dirige. El campo del pecado es el mismo que el campo de la virtud. Hay tres grandes campos: la relación con Dios, con uno mismo y con el prójimo. Tomás distinguió entre mortal y pecado venials. El pecado mortal es cuando una persona ha destruido irreparablemente el principio mismo de su orden a la meta de la vida. El pecado venial es cuando la persona ha actuado de cierta manera desordenada sin destruir ese principio:
Por consiguiente, es pecado mortal genéricamente, tanto si es contrario al amor de Dios, por ejemplo, la blasfemia, el perjurio y otros semejantes, como si es contra el amor al prójimo, por ejemplo, el homicidio, el adulterio y otros semejantes: por lo cual tales pecados son mortales por razón de su género. A veces, sin embargo, la voluntad del pecador se dirige a una cosa que contiene cierta desmesura, pero que no es contraria al amor de Dios y del prójimo, por ejemplo, una palabra ociosa, la risa excesiva, etc.: y tales pecados son veniales en razón de su género. [40]
Según el Aquinas, la gravedad del pecado depende también de alguna disposición del agente. [41] El pecado, venial por razón de su objeto, puede llegar a ser mortal. Ocurre cuando la persona fija su felicidad última, el último fin de su vida (lat. finis ultimus) en el objeto de ese pecado venial. Cuando el pecado venial se utiliza como medio para provocar el pecado mortal, también se convierte en mortal, por ejemplo, cuando alguien utiliza una conversación vacía o una charla para seducir a alguien a cometer adulterio. También el pecado, mortal por razón de su objeto, puede convertirse en venial por la disposición del agente cuando su acto malo no tiene plena capacidad moral, es decir, no es deliberado por la razón. Eso puede suceder, por ejemplo, cuando surgen en la mente movimientos repentinos de incredulidad. (Cf. STh I-II q.72 a.5).
La diferencia y gravedad de los pecados puede discernirse en función del espíritu y la carne, incluso los pecados mortales pueden diferir en gravedad. Carnal pecados como la lujuria, el adulterio o la fornicación, la gula y la avaricia, porque la persona que los comete se dirige desmesuradamente hacia los bienes materiales que son un asunto grave, son pecados mortales. Pueden causar mucha vergüenza e infamia. Pero los pecados espirituales como blasfemar de Dios o apostasía son, según Tomás, un mal aún mayor, ya que tienen más de la aversión de Dios. Se dirigen contra un objeto mayor. El elemento formal, esencial del pecado está más en el centro en ellos. (cf. STh I-II q.72 a.2)[33][42]
Según otra formulación del concepto de pecado en la Summa, en el corazón del pecado está "el alejamiento del bien inmutable", es decir, Dios, y "el volverse desmesuradamente hacia el bien mutable", es decir, las criaturas. (STh I-IIae q.87 a.4) Esto no puede entenderse como si en el hecho pecaminoso concreto el pecador cometiera dos actos separados e independientes. Tanto la aversio como la conversio constituyen una sola acción culpable. En la raíz del desordenado volverse hacia las criaturas está el amor propio que se expresa en el deseo desordenado (cupiditas) y la rebelión hacia Dios (superbia).[43]
Hablando de la pereza (Lat. acedia) Tomás señala que toda acción que "por su propia naturaleza es contraria a la caridad es pecado mortal". Un efecto de tal acto es la destrucción de "la vida espiritual que es el efecto de la caridad, por la cual Dios habita en nosotros." El pecado de carácter mortal se comete siempre con el consentimiento de la razón: "Porque la consumación del pecado está en el consentimiento de la razón"'. (cf. STh II-IIae q.35 a.3) Los pecados veniales y mortales pueden compararse con la enfermedad y la muerte. Mientras que el pecado venial impide la plena actividad saludable de una persona, el pecado mortal destruye el principio de vida espiritual en ella.[44]
La doctrina católica distingue entre pecado personal (también llamado a veces "pecado actual") y pecado original. Los pecados personales son mortales o veniales.
Los pecados mortales son pecados de materia grave (seria), en los que el pecador realiza el acto con pleno conocimiento y deliberado consentimiento. [45] El acto de cometer un pecado mortal destruye la caridad, es decir, la gracia en el corazón de un cristiano; es en sí mismo un rechazo de Dios (Catecismo de la Iglesia Católica (1855). Si no se reconcilian, los pecados mortales pueden llevar a la separación eterna de Dios, tradicionalmente llamada condenación.
Los pecados veniales son pecados que no cumplen las condiciones de los pecados mortales. El acto de cometer un pecado venial no separa al pecador de la gracia de Dios, ya que el pecador no ha rechazado a Dios. Sin embargo, los pecados veniales dañan la relación entre el pecador y Dios, y como tales, deben ser reconciliados con Dios, ya sea a través del Sacramento de la Reconciliación o recibiendo la Eucaristía (después de cumplir con la contrición adecuada).
Tanto los pecados mortales como los veniales tienen una doble naturaleza de castigo. Incurren tanto en la culpa por el pecado, que conlleva la pena eterna en el caso de los pecados mortales, como en la pena temporal por el pecado, tanto en el caso de los pecados veniales como en el de los mortales. La reconciliación es un acto de la misericordia de Dios, y aborda la culpa y el castigo eterno por el pecado. El purgatorio y las indulgencias abordan el castigo temporal por el pecado y el ejercicio de la justicia de Dios.
La doctrina católica romana también considera que el pecado es doble: El pecado es, a la vez, cualquier acción mala o inmoral que infringe la ley de Dios y las consecuencias inevitables, el estado de ser que se produce al cometer la acción pecaminosa. El pecado puede alejar y aleja a la persona tanto de Dios como de la comunidad. De ahí la insistencia de la Iglesia católica en la reconciliación tanto con Dios como con la propia Iglesia.
La visión católica romana del pecado se ha ampliado recientemente. Monseñor Gianfranco Girotti, Regente de la Penitenciaría Apostólica católica, ha dicho que "los pecados conocidos se manifiestan cada vez más como comportamientos que dañan a la sociedad en su conjunto,"[46] entre los que se incluyen, por ejemplo:
Los pecados capitales, que son cualquier acción grave e intencionada que desobedece directamente a Dios, se confunden a menudo con los siete pecados capitales, que son la soberbia, la envidia, la ira, la pereza, la avaricia, la gula y la lujuria. Sin embargo, no son lo mismo. Los siete pecados capitales se llaman "capitales" porque pueden llevar a otra persona a cometer otros pecados. Algunas formas de los siete pecados capitales (por ejemplo, debilitar la salud a causa de su afición a la comida) pueden constituir un asunto grave, mientras que otras pueden ser simplemente venales (por ejemplo, comer en exceso).
Otro grupo de cuatro o cinco pecados distinguidos por la Iglesia son los pecados que claman al cielo: asesinato, sodomía, opresión del débil y estafa al trabajador.[47].
Muchos protestantes de orientación calvinista enseñan que, debido al pecado original, la humanidad ha perdido toda capacidad de avanzar hacia la reconciliación con Dios (Romanos 3:23;6:23; Efesios 2:1-3); de hecho, este pecado innato aleja a los seres humanos de Dios y los dirige hacia sí mismos y sus propios deseos (Isaías 53:6a). Así pues, los seres humanos sólo pueden volver a tener una relación con Dios si Dios rescata al pecador de su condición desesperada (Gálatas 5:17-21; Efesios 2:4-10) mediante la expiación sustitutiva de Jesús (Romanos 5:6-8; Colosenses 2:13-15; 1 Timoteo 2:5-6). Según la teología reformada tradicional y el luteranismo clásico, la salvación es sola fide (sólo por la fe); sola gratia (sólo por la gracia); y es iniciada y completada sólo por Dios a través de Jesús (Efesios 2:8,9). Esta interpretación del pecado original (Romanos 5:12-19), se asocia más estrechamente con la doctrina calvinista (véase depravación total) y el luteranismo. El calvinismo permite la "bondad" relativa o nominal de la humanidad a través de la gracia común de Dios tanto sobre aquellos predestinados a la salvación como sobre aquellos predestinados a la condenación, sobre la regenerados y los no regenerados.
Esto contrasta con la enseñanza católica romana de que, aunque el pecado ha empañado la bondad original de la humanidad antes de la Caída, no ha extinguido por completo esa bondad, o al menos el potencial de bondad, permitiendo a los humanos alcanzar a Dios para compartir la Redención que Jesucristo ganó para ellos. Algunos protestantes y cristianos ortodoxos sostienen puntos de vista similares.
Existe controversia sobre el origen del pecado. Algunos que interpretan al rey de Tiro en Ezequiel 28 como un símbolo de Satanás creen que el pecado se originó cuando Satanás codició la posición que legítimamente pertenece a Dios. El origen de los pecados individuales se discute en Santiago 1:14-15 - "14pero cada uno es tentado cuando, por su propio mal deseo, es arrastrado y seducido. 15Entonces, después que el deseo ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, cuando ha crecido, da a luz la muerte." (NVI)
Dentro de algunas ramas del protestantismo, hay varios tipos definidos de pecado (como en el catolicismo romano):
El siguiente esquema se proporciona como una visión general y guía temática de los artículos de Wikipedia sobre la vida e influencia de Jesús.
Jesús – es la figura central del cristianismo, es el que las enseñanzas de la mayoría de las denominaciones cristianas sostienen que es el Hijo de Dios. El cristianismo considera a Jesús como el esperado Mesías (o "Cristo") del Antiguo Testamento y se refiere a él como Jesucristo,[1] un nombre que también se utiliza en contextos no cristianos. También se le conoce como Jesús de Nazaret. Es un icono religioso, cultural y mundial y se encuentra entre las personas más influyentes de la historia de la humanidad.
Como tema, "Jesús" está incluido en los siguientes temas principales:
La palabra "evangelio" se traduce de una palabra griega que significa "buenas noticias".
La siguiente es una lista de cristianos Padres de la Iglesia. La Iglesia católica generalmente consideran que el período patrístico se cerró con la muerte de Juan de Damasco, un Doctor de la Iglesia, en 749.[cita requerida] Sin embargo, Cristianos ortodoxos creen que el período patrístico continúa.[cita requerida] Por lo tanto, la lista se divide en dos tablas.
Padre de la Iglesia | Fecha de defunción | Notas | |
---|---|---|---|
Adriano el monje de Antioquía | Siglo V (estimación)[4] | escribió un manual sobre el método antioqueno de exégesis bíblica[5] | |
Agripa Cástor[6][cita requerida] | Siglo II | El más antiguo escritor contra las herejías, sobre todo contra Basílides | |
Papa Alejandro de Alejandría[7] | 326 ó 328 | ||
Alejandro de Jerusalén[cita requerida] | 251 | ||
Alejandro de Licópolis[cita requerida] | Siglo IV | ||
Ambrosio de Milán[cita requerida] | 397 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Occidental; se opuso firmemente al arrianismo | |
Amonio de Alejandría[8] | Siglo III | ||
Anfiloquio de Iconio[5][7] | 403 o antes | ||
Anania Shirakatsi[7][9] | 685 | escribió una obra sobre Navidad y otra sobre Pascua | |
Anastasio Sinaíta[5][7] | Siglo VII | ||
Andrés de Cesarea[5] | 637 | comentó sobre el Apocalipsis | |
Andrés de Creta[7] | 712, 726, o 740 | autor del Gran Canon de 250 estrofas | |
Antonio Abad[5] | 356 | ||
Afraates | 345 | Mesopotamia obispo autor de 23 homilías[5] | |
Apolinar de Hierápolis[10] | entre 177-180 |
| |
Apolinar de Laodicea[cita requerida] | 382 | ||
Apolinar el Viejo[cita requerida] | siglo IV | ||
Apolonio de Éfeso[cita requerida] | después del 210 | ||
Apringius de Beja | Siglo VI | comentó el Apocalipsis'[11] | |
[Arquelao (obispo de Carchae)]] | Siglo III (principios) | supuestamente un obispo de Carchar que escribió contra el maniqueísmo | |
Arístides el Ateniense[5][7] | 134 | ||
Aristo de Pella[5] | 160 | ||
Arnobio de Sicca[5] | 330 | autor de Contra los paganos | |
Arnobio el Joven[cita requerida] | 460 | ||
Arsenio el Grande | 445 | ||
Asterio de Amasea[7] | 410 | Escribió sermones sobre moralidad, incluyendo temas como el divorcio y la codicia, y las parábolas de Jesucristo. | |
Papa Atanasio el Grande de Alejandría[cita requerida] | 373 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Oriental | |
Atenágoras de Atenas[5] | 190 | escribió en defensa de la resurrección de los muertos[7] | |
Atticus[5] | 420s | ||
Agustín de Hipona | 430 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Occidental (Doctor Gratiae) | |
Aurelius Prudentius[5][7] | 413 | comentó sobre los Salmos'[12] | |
Ausonius[cita requerida] | 395 | ||
Avito de Vienne[5] | 518 | autor del poema de cinco libros De spiritualis historiae gestis; convirtió al rey Segismundo; combatió el arrianismo | |
Bernabé[7] | 061 | escribió una sola Epístola | |
Barsanuphius de Palestina[cita requerida] | 540 | ||
Basilio el Grande de Cesarea]] | 379 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Oriental y uno de los Tres Santos Jerarcas; padre del monaquismo | |
Bede[5] | 735 | Doctor de la Iglesia y autor de Historia eclesiástica del pueblo inglés | |
Benito de Nursia[5][7] | 547 | más conocido por la Regla de San Benito | |
Boecio[7] | 520s | autor de Consolación de la Filosofía | |
Braulio de Zaragoza | 651 | comentó los Salmos'[12]> | |
Cesáreo de Arlés[5] | 542 | comentó sobre el Apocalipsis | |
[[Cayo (presbítero) | Cayo]] | Siglo III | |
Casiodoro[5][7] | 585 | ||
Cromacio[7] | 407 | escribió sermones sobre el Evangelio de Mateo' | |
Clemente de Alejandría | 215 | ||
Clemente de Roma | 099 | ||
Coelius Sedulius[5] | Siglo V | ||
Columba de Iona[5][7] | 597 | ||
Commodianus | Siglo III | ||
Cipriano de Cartago[5] | 258 | ||
Cirilo de Alejandría | 444 | Doctor de la Iglesia (Doctor Incarnationis) combatió la herejía nestoriana | |
Cirilo de Jerusalén | 386 | Doctor de la Iglesia que escribió minuciosas instrucciones para catecúmenos y cristianos bautizados[5] | |
Papa Dámaso I | 384 | ||
Dídimo el Ciego[5] | 398 | maestro de Jerónimo y Rufino; seguidor de Origen; opositor del arrianismo y de la herejía macedónica; obras condenadas en el Quinto Concilio Ecuménico y en el Sexto Concilio Ecuménico. | |
Diodoro de Tarso[5] | 390 | ||
Dionisio de Corinto[5] | Siglo II | ||
Papa Dionisio de Roma[5] | 268 | combatió el sabelianismo | |
Dionisio el Areopagita | 96 | Los eruditos seculares atribuyen escritos en su nombre al Pseudo-Dionisio. | |
Papa Dionisio el Grande de Alejandría | 265 | ||
Efrén el Sirio | 373 | Doctor de la Iglesia | |
Epifanio de Salamina | 403 | amigo de Jerónimo que se opuso firmemente a Origenismo y escribió una historia de las herejías | |
Eucherio de Lyon[5][7] | 449 | ||
Eugipio[9] | 535 | ||
Eusebio de Cesarea | 339 | ||
Eusebio de Emesa | 360 | comentó sobre Génesis'[13] | |
Eusebio de Vercelli[5] | 371 | ||
Firmiliano[5] | 269 | ||
Fulgencio de Ruspe | 527 ó 533 | ||
Cayo Mario Victorino | siglo IV | combinó arrianismo[5] | |
Gennadio de Massilia[5] | 496 | ||
Papa Gregorio I el Grande | 604 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Occidental y autor de Diálogos | |
Gregorio Nacianceno | 389 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Oriental; uno de los tres santos de la Ortodoxa honrados con el título de "El Teólogo"; uno de los Tres Santos Jerarcas. | |
Gregorio de Nisa | 395 | ||
Gregorio de Tours[7] | 594 | ||
Gregorio Taumaturgo | 270 | ||
Hegesipo de Palestina[5] | 180 | un Judío converso que combatió el gnosticismo y el marcionismo | |
Hermias[7] | Siglo III | ||
Hesiquio de Jerusalén | Siglo V | ||
Hilario de Poitiers | 367 | Doctor de la Iglesia | |
Hipólito de Roma[5][7] | 235 | ||
Ignacio de Antioquía | 108 | ||
Ireneo | Siglo II (finales de) o principios del III | ||
Isaac de Nínive | 700 | Autor ascético de muchas homilías espirituales que comentó los Salmos'[12] y contribuyó significativamente a la piedad siria; no era cristológicamente nestoriano[14] | |
Isidoro de Pelusio | 450 | autor de 2000 cartas que tratan principalmente de exégesis alegórica[5] | |
Isidoro de Sevilla[5][7] | 636 | Doctor de la Iglesia | |
Jacobo de Serugh[9][12][15]< | 521 | a.k.a. Mar Jacob | |
Jerónimo | 420 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Occidental | |
Juan Casiano[5][15] | 435 | ||
Juan Crisóstomo | 407 | uno de los Cuatro Grandes Doctores de la Iglesia Oriental y uno de los Tres Santos Jerarcas | |
Juan Clímaco[15] | 649 | ||
Juan de Damasco | 749 | Doctor de la Iglesia y autor de Una exposición exacta de la fe ortodoxa y de escritos ascéticos y exegéticos e himnos; Pedro Lombardo basó sus Cuatro libros de sentencias en las obras de Juan de Damasco y Tomás de Aquino basó su Suma Teológica en las Sentencias de Pedro Lombardo. | |
Juliano Pomerio[5] | entre 499-505 | autor de De Vita Contemplativa sobre la santidad cristiana | |
Julius Firmicus Maternus | siglo IV | ||
Justino Mártir | 165 | ||
Juvencus[5] | Siglo IV | ||
Lactancio | 325 | ||
Papa León I el Grande]] | 461 | Doctor de la Iglesia | |
Leoncio de Bizancio[5] | 543 | ||
Luciano de Antioquía[5] | |||
Lucifer[5] | 370 | combatió el arrianismo y defendió al Atanasio en el Concilio de Milán en 354 | |
Macario de Alejandría[15]< | 395 | ||
Macario de Egipto[15] | 391 | ||
Desempeñó un papel clave en la deposición de Pablo de Samosata. | |||
Marco Minucio Félix[5][15] | 250 | autor de Octavio | |
Marius Mercator | 451 | hizo una recopilación sobre el Nestorianismo y otra sobre el Pelagianismo[5] | |
Martín de Braga | 580 | comentó sobre los Salmos'[12] | |
Martín de Tours[15]< | 397 | ||
Mathetes|¿Siglo II? | autor de una Epístola a Diogneto | ||
Máximo de Turín[5] | 465 | ||
Máximo el Confesor[5][15] | 662 | ||
Melecio de Antioquía[15] | 381 | ||
Melito de Sardis | 180 | autor de un importante sermón llamado Sobre Pascha acerca de las Resurrección de Jesucristo | |
Metodio del Olimpo[5][15] | 311 | combinó Origenismo | |
Moisés de Chorene | 490 | autor de Historia de Armenia | |
Nectario de Constantinopla[15] | 397 | ||
Nemesio]] | 390 | ||
Nicetas de Remesiana | 414 | el santo patrón de Rumanía comentó los Salmos'[12]> | |
Nilo de Sinaí | 430 | ||
Nonnus | Siglo V | ||
Novaciano[5] | 258 | comentó sobre los Salmos[12] | |
Oecumenio | Siglo VI | autor del primer comentario existente en Griego sobre el Apocalipsis[11]> | |
Optato | siglo IV | combatió el donatismo[5] | |
Orígenes de Alejandría | 254 | anatematizado póstumamente en el Quinto Concilio Ecuménico (533) | |
Orosius[5] | 418 | ||
Pacomio[5][15] | 348 | Padre del monacato cenobítico cristiano | |
Paciano de Barcelona[15] | 391 | Combinó el novacianismo | |
Paladio de Helenópolis[5][15] | 420s | ||
Pánfilo de Cesarea | 309 | ||
Pantaeno | 200 | primero en hacer famosa la escuela catequética de Alejandría[5] | |
Papías[15] | 163 | discípulo de Juan Evangelista y Aristón[5] | |
Patrick[15] | siglo V | ||
Paulino de Nola[15] | 431 | ||
Pedro Crisólogo | 450 | Doctor de la Iglesia | |
Papa Papa Pedro de Alejandría | 311 | ||
Felipe el sacerdote | Siglo V (fechas inciertas) | Conocido de Jerónimo,[16] comentó el Libro de Job | |
Filoxeno de Hierápolis[9] | Siglo VI | autor de 13 discursos ascéticos que combatió el nestorianismo, el maniqueísmo y el marcionismo. | |
Poemen | 450 | comentó los Salmos'[12] | |
[Policarpo]] | 156 | Escribió una única Epístola a los Filipenses | |
Proclus de Constantinopla | 440s | ||
Prohaeresius[5] | 368 | ||
Próspero de Aquitania[5] | 455 | ||
Pseudo-Dionisio el Areopagita | Siglo VI | autor de Los Nombres Divinos, La Teología Mística, La Jerarquía Celestial, La Jerarquía Eclesiástica, y los no existentes Esbozos Teológicos; citado extensamente en la Suma Teológica' de Tomás de Aquino. | |
Cuadrato de Atenas[5] | 129 | escribió una disculpa no existente al emperador Adriano | |
Rabbula[9][17]< | 435 | obispo ascético y enérgico de Edesa y aliado de Cirilo de Alejandría que se opuso a las enseñanzas heréticas de Nestorio | |
Rhodon | después de 192 | ||
Romanus el Melodista[17] | 556 | ||
Sahdona | 649 | comentó sobre los Salmos'[12] | |
Salviano[5][17]< | 490s | Autor gálico de Sobre el gobierno de Dios | |
Severiano de Gabala | entre 408 y 425 | comentó el Génesis[13] y la Primera y Segunda Epístola a los Corintios] | |
Severo de Antioquía[9][17] | 538 | ||
Sexto Julio Africano[5][15] | 240 | ||
Sidonio Apolinar[5][17] | 489 | ||
Sócrates de Constantinopla | 439 | ||
Sofronio de Jerusalén[17] | 638 | ||
Sozomen | 450 | ||
Sulpicio Severo[17] | 425 | discípulo y biógrafo de Martín de Tours y autor de una Historia Eclesiástica [5] | |
Sinesio de Cirene[5][17] | 414 | ||
Tatian | 185 | ||
Tertuliano | 240 | murió Montanista, Primero de los Padres Latinos | |
Teodoro de Mopsuestia[5] | 428 | comentó los Hechos de los Apóstoles y la Primera y Segunda Epístola a los Corintios' | |
Teodoreto de Ciro]] | 458 | continuador de Eusebio de Cesarea[5] | |
Teodoto de Ancyra | Siglo V | ||
[Teófilo de Antioquía]][5] | Entre 183-185 | primer escritor conocido que utilizó el término Trinidad para describir a Padre, Hijo y Espíritu Santo. | |
Theotimus | 407 | ||
Tichonius | 390 | comentó sobre el Apocalipsis; sus siete principios de interpretación de su Libro de las Reglas inspiraron a Agustín de Hipona[11]> | |
Tyrannius Rufinus | 410 | amigo de Jerónimo y continuador de Eusebio de Cesarea[5] que comentó los Salmos'[12] | |
Valeriano de Cimiez | 460 | comentó los Salmos'[12] | |
Venantius Fortunatus | 600 o 609 | escribió un poema sobre Pascua | |
Víctor de Antioquía | siglo V (finales) a principios del siglo VI | contemporáneo de Juan Crisóstomo,[18] comentó el Evangelio de Marcos[5] | |
Victorino de Pettau | 303 | autor de Sobre la creación del mundo y un Comentario al Apocalipsis del bienaventurado Juan | |
Vicente de Lérins | 450 | ||
Zenón de Verona | 371 | ||
Papa Zephyrinus | 217 | comentó sobre los Salmos' |
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