Federico Oliver Crespo (Chipiona, 22 de octubre de 1873-Madrid, 22 de febrero de 1957) fue un escultor, escritor, dramaturgo y director teatral, primer presidente de la Sociedad General de Autores de España.
Federico Oliver | ||
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Información personal | ||
Nacimiento |
22 de octubre de 1873 Chipiona (España) | |
Fallecimiento |
22 de febrero de 1957 Madrid (España) | |
Sepultura | Cementerio de San Isidro | |
Nacionalidad | Española | |
Familia | ||
Cónyuge | Carmen Cobeña (1903-1957) | |
Hijos | Carmen Oliver Cobeña | |
Información profesional | ||
Ocupación | Escultor y escritor | |
Género | Dramaturgia | |
Miembro de | Sociedad General de Autores de España | |
Firma | ||
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Nacido en la localidad gaditana de Chipiona el 22 de octubre de 1873, con pocos años se trasladó a Sevilla, donde estudió escultura y participó en la reforma de la catedral. En 1894 fue a Madrid para ingresar en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado, y obtuvo en 1897 medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su grupo escultórico Sin pan, de acusado realismo. Su amistad con los dramaturgos hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, quienes le instigaban a escribir, le fue llevando al mundo del teatro, aunque su relación con la farándula no se redujo a su faceta creativa, ya que fue director artístico de la compañía de su esposa, la actriz Carmen Cobeña. Fueron padres de la actriz Carmita Oliver y abuelos del escritor y cineasta Jaime de Armiñán.
El éxito de su primera pieza La muralla (1898), donde esta actriz trabajaba, le llevó a consagrarse por entero al teatro. Se casó en 1903 y formó ese mismo año con su esposa una compañía que llevó a la escena numerosas obras de autores españoles, entre ellos Benito Pérez Galdós (Casandra), Miguel de Unamuno (La esfinge), Jacinto Benavente (Señora ama) y José López Pinillos (Hacia la dicha y La otra vida), así como la primera versión contemporánea de La Celestina de Fernando de Rojas en 1909, arreglada por el crítico Francisco Fernández Villegas "Zeda". Hizo giras por España y América y en 1914 se encargó de la dirección artística del Teatro Español.
La producción dramática de Oliver sigue dos líneas fundamentales: la comedia de crítica de costumbres de impronta regeneracionista en la línea de Galdós y Joaquín Dicenta, y la comedia burguesa. A la primera pertenecen sus piezas más conocidas: La muralla (1898), melodrama que, con el mundo obrero de fondo, explora la controvertida relación entre un aprendiz de escultor y la hija de un aristócrata; La Neña (1904), que, ambientada en un pueblo asturiano, se sumerge en los temas de la emigración americana y la trata de blancas; El crimen de todos (1916), crítica en torno a la tolerancia judicial respecto de los crímenes pasionales desarrollada a partir de dos personajes contrapuestos, el comprometido escritor Ramiro Cuesta –posible homenaje a los escritores Ramiro de Maeztu y Joaquín Costa– y Jonio de Híspalis, representante de una literatura escapista; El pueblo dormido, (1917) interesante, aunque muy irregular pieza sobre la regeneración de la política española; Los pistoleros (1931), melodrama centrado en el movimiento obrero barcelonés durante los años veinte, y, sobre todo, el drama social Los semidioses (1914), su obra más conocida y representada, una apuesta compleja en la que desarrolla algunos de sus temas predilectos: bajo la evidente crítica del vicio por la fiesta nacional representado por el padre y el hermano del protagonista, se esconde una honda reflexión en torno a la abulia y el canismo como males endémicos del pueblo español, solo erradicables a través de una educación pautada y estricta.
En el campo de la comedia burguesa, destacan piezas como El azar (1926), Lo que ellas quieren (1926), Oro molido (1928) y, sobre todo, Han matado a Don Juan (1929), una versión desmitificadora, en clave política, del mito del eterno seductor sevillano.
Oliver cultivó también la poesía y el ensayo; la necrológica del ABC destaca en particular sus versos sobre gitanismo.