En este anexo se trata de la evolución de la representación de la postura sedente en la historia del arte (propiamente, en las artes plásticas o visuales), que es muy significativa por cuanto, aunque no deja de ser una posición estática, implica una flexión de los miembros inferiores, rompiendo la linealidad de la representación de una figura en las posiciones estáticas de pie (posición "firmes" con las piernas juntas o "descanso" con las piernas separadas). La pose sedente tiene muchas variantes posibles, adecuándose a la forma de sentarse en distintas culturas, al soporte de la figura (sobre el suelo o sobre un asiento más o menos elevado) o a la intención del artista para representar distintas situaciones o actitudes. Una de las variantes es la postura más o menos reclinada, que también puede ser una incorporación del tronco a partir de la postura yacente, a menudo apoyándose en uno o los dos miembros superiores.[1]
Las consideraciones generales sobre la representación de la anatomía humana en el arte pueden verse en otros artículos, como desnudo (género artístico) o academia (dibujo); y sobre la representación de las vestiduras, en el artículo ropaje. Las implicaciones que tienen en la representación del mobiliario (particularmente en la silla o pieza semejante), en la historia del mueble y del diseño.
En la escultura sumeria y babilónica fueron habituales las estatuas votivas de figuras sentadas, aunque se ha señalado la dificultad técnica para doblar codos y rodillas en sus inicios. La elección de la pose está muy vinculada a la jerarquía del personaje: en la estela del Código de Hammurabi, el sentado es el dios Shamash y es el rey el que está de pie; en cambio, en los relieves asirios las figuras de poder no se representan sentadas, sino con poses dinámicas y agresivas.[2]
Para una escena pacífica (que contrasta con una escena bélica en la cara opuesta) el Estandarte de Ur representa a figuras sedentes en un banquete. Los personajes sentados adquieren con esta postura una impresión de mayor dignidad que los que están de pie, que le están siriviendo.
La escultura asiria representa en poses dinámicas a los asirios, reservando las poses sentadas para los pueblos vencidos.
La expansión de la colonización fenicia por el Mediterráneo occidental no solo se comprueba en la existencia de productos orientales en los yacimientos del Norte de África y la península ibérica, sino que su influencia fue determinante en la producción local de estatuaria sedente.[3]
En el mismo entorno geográfico de la civilización púnica, pero de cronología posterior, la influencia del arte grecorromano es evidente.
Las convenciones estereotipadas de las representaciones figurativas se mantienen esencialmente durante todo el periodo del Antiguo Egipto, con la remarcable excepción del periodo amarniense. Las estatuas sedentes de los faraones, en escala natural o colosal, están en la posición convencional de un entronizado (o al menos sentado en un asiento elevado), con el tronco erguido, las piernas juntas y los pies apoyados en el suelo, con las articulaciones marcando los noventa grados característicos de una plástica basada en composiciones cúbicas. También se representan otras posturas sentadas, con las piernas dobladas sobre el suelo; muy frecuentemente en figuras con una condición social inferior, desde los funcionarios (el Escriba sentado), los músicos o los trabajadores manuales.
Es habitual la representación de figuras sedentes en la plástica egipcia. En pintura, siguiendo la convención de representación aplanada con el rostro de perfil y el torso de frente. En la posición sentada, la posición de las piernas es diferente a las de figuras de pie, que procuran representar separadas.
En los escasos restos murales de la pintura de la Antigua Grecia (particularmente en la pintura minoica) hay ejemplos de figuras representadas en postura sedente. En la pintura sobre cerámica es relativamente habitual.
La influencia de la pintura griega se ha detectado en la pintura etrusca.
En cambio, la postura sedente no es muy frecuente en la escultura griega arcaica. Existen algunos casos en la escultura griega clásica del siglo V a. C., tanto en relieves votivos como en obras de mayor magnitud (los doce dioses del friso del Partenón y la colosal estatua de Zeus en Olimpia, ambos del taller de Fidias), siendo más frecuentes a partir del siglo IV a. C. (Ares Ludovisi, atribuido a Escopas o a Lisipo), época que suele recibir la denominación de "post-clásica".
Pero, sobre todo, cuando se hacen frecuentes es en la escultura helenística, mucho más permisiva en la representación de todas las edades y actitudes (Espinario, Púgil en reposo, Gálata moribundo, Fauno Barberini). A partir de la conquista romana de Grecia (siglo II a. C.), tanto la actividad de los talleres griegos como la copia de obras griegas y su influencia en todo el Imperio se prolongó en los siglos posteriores.
Las representaciones de ríos divinizados (oceánidas) se hacían en posición reclinada.
Se conservan algunos ejemplos de pintura romana (particularmente en los estilos pompeyanos) en que se representan posturas sentadas.
En la escultura romana, para la que son particularmente importantes sus retratos, se utiliza la pose sedente (además de en algunos otros casos)[6] en una tipología de retratos imperiales,[7] cuyo efecto imponente probablemente se comparaba al ejemplo de la estatua del Júpiter Capitolino,[8] y esta a la de la crisoelefantina del Zeus de Olimpia de Fidias, de la que las referencias de Estrabón o Pausanias testimonian el aspecto imponente que causaba a los que la contemplaban, diciendo que si se levantara, rompería el techo del templo.[9]
Basándose en ella, en el arte cristiano se representa sentada (entronizada) a la figura de Cristo (tipologías de Pantocrator, Maiestas Domini -en la denominada Thronum Gratiae se representa al Padre sentado acogiendo al Hijo crucificado-) y la Virgen (tipologías Theotokos -y otras tipologías bizantinas-, Sedes sapientiae, Maestà, Madonna, sacra conversazione, etc.) Curiosamente, la tipología de la Theotokos representa a la Virgen sentada, pero también como asiento o "trono de Cristo"; y una tipología posterior, la de Santa Ana con la Virgen y el Niño, represente a María sentada en su propia madre (Santa Ana) mientras Jesús se sienta en ella. También es convencional representar posturas sedentes en temas como las bodas de Caná, la cena en casa de Leví, el Lavatorio, la Última Cena o cenacolo o la cena de Emaús.
Son particularmente importantes los mosaicos bizantinos en Santa Sofía de Constantinopla.
En algunos manuscritos iluminados la pervivencia de las formas clásicas parece estar más presente (como el Evangeliario de Coronación -iluminación de libros carolingios, Aquisgrán, finales del siglo VIII-, el Codex Aureus de Lorsch -ídem, ca. 810- o el Salterio de París -bizantino, ca. 950-960-).
En cambio, en la mayor parte de los manuscritos altomedievales el alejamiento de esas formas es evidente, y las figuras sentadas son rígidas, con una estética que se suele calificar de primitivista o ingenua (como el Evangeliario de Godescalco -carolingio, probablemente procedente de Aquisgrán, ca. 781-783-, o el Libro de Kells -arte hiberno-sajón, ca. 800-).
En la representación de personajes no sagrados, como los escribas en el Beato de Tábara (arte mozárabe, ca. 968-970) o los pastores de la Adoración del Panteón de reyes de San Isidoro de León (pintura románica del reino de León, siglo XII) se muestra una mucha mayor libertad de movimientos, en poses próximas a la sedente.
En la escultura románica y la escultura gótica se da una evolución hacia una mayor naturalidad y menor hieratismo y rigidez en la forma de representar a Cristo y la Virgen entronizados, buscando una mayor humanización y una sensibilidad cercana.[10] Por motivos teológicos, y siguiendo la literalidad de la Escritura, también se representan sentados a los veinticuatro ancianos del Apocalipsis.[11] En un ejemplo peculiar (el tímpano de la puerta del Sarmental de la catedral de Burgos, ca. 1230-1240), los evangelistas del tetramorfos se representan de forma doble, con su iconografía simbólica y como escribas sentados.[12] En las arquivoltas románicas, de arcos de medio punto, las figuras se disponen yuxtapuestas horizontalmente, compartiendo el mismo plano; en las góticas, de arcos ojivales, se disponen unas sobre otras, separadas por pedestal y doselete.
Incluso se dan de nuevo (siglos después de las romanas) representaciones de estatuaria regia sedente, iconografía reservada en la Alta Edad Media a la majestad divina.
Al final de la Edad Media, la escultura del Gótico tardío o final intensifica el dramatismo en la Europa central,[14] mientras que en Italia prefigura el Renacimiento. En esa época Flandes y los reinos cristianos de la península ibérica están muy conectados (hispanoflamenco). Se van aceptando innovaciones iconográficas, entre ellas las representaciones de la postura sedente en todo tipo de figuras.
En la escultura de Miguel Ángel son particularmente significativas las figuras sedentes de Moisés y las de la Capilla de Los Médici. El término terribilità (la tensión contenida de sus figuras) se aplica ajustadamente a sus dinámicas poses. Desde su propia época es un tópico identificar como escultor más que como pintor a Miguel Ángel (él mismo se declaraba así, a pesar de la insistencia de Julio II en que realizara prioritariamente las pinturas que le encargó); y que sus figuras pintadas son fuertemente escultóricas.
En los siglos siguientes, los escultores manieristas y barrocos, tanto los de la escuela italiana como los imagineros españoles, hicieron sus propias interpretaciones de la postura sedente.
Las instituciones del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX suscitaron una gran demanda de monumentos públicos que honraran a figuras históricas o de su propio presente, que junto a los proyectos arquitectónicos se han llegado a denominar "fiebre de piedra". La postura sedente tuvo entre ellos una presencia relativamente numerosa.[15]
Entre las obras de Auguste Rodin en que se utiliza la pose sedente destaca El pensador y El beso (ambas con varias versiones desde 1881).
Su pareja, Camille Claudel, con la que desarrolló una fuerte relación personal y artística, tiene obras de similar fuerza expresiva.
La postura sentada (y similares hacia la pose arrodillada) en figuras femeninas es característica del mediterraneísmo de Josep Clarà.
Al mismo movimiento estético, o a otras etiquetas como "modernismo", se asocian escultores como Josep Llimona, Aristide Maillol y otros.[16]
La utilización de la pose sedente reclinada es característica de las figuras de Henry Moore.[17]
Picasso esculpió un Fauno sentado (1951).[18]
Los intentos de conseguir la representación de la tercera dimensión en pintura a través de la perspectiva (que no se consigue de forma eficaz hasta el siglo XV) significó modificaciones en la forma de representar la postura sentada, que va haciéndose más verosímil, en correspondencia con la búsqueda estética de un mayor realismo y el alejamiento del hieratismo y los estereotipos románicos o bizantinos (que siguieron perviviendo en Europa Oriental).
Tras el franco-gótico, gótico lineal o proto-gótico[19] del siglo XIII (que se prolonga mucho más en las representaciones menos innovadoras) se desarrolla la sensibilidad intensificada del Gótico internacional. También se utiliza la etiqueta "italo-gótico". En la pintura italiana (escuela sienesa, escuela florentina) del Duecento (siglo XII) y el Trecento (siglo XIII) se produce la superación de la maniera greca o "estilo italo-bizantino" por nuevas formas, que se consideran una evolución hacia el Renacimiento posterior.
Las innovaciones técnicas localizadas en Flandes y en Italia marcaron nuevas soluciones que, aplicadas a la representación de figuras sedentes, son muy identificables (la perspectiva lineal o el uso de cámara oscura, el diseño intelectual previo en la técnica del fresco o la pincelada detallista -con el efecto de mímesis del modelo- en la del óleo). Es significativa la atención que flamencos e hispanoflamencos ponen en la reproducción del ropaje (paños quebrados), que oculta la anatomía; mientras que los italianos, que pretenden entroncar con el ideal de belleza clásico, buscan la inspiración en las romanas (ante la ausencia de modelos pictóricos de la Antigüedad).
La segunda mitad del siglo XV representa la madurez del Renacimiento italiano y del centro artístico y cultural que es la Florencia de los Médici. El viaje a Italia de Van der Weyden (en el año santo de 1450) representa el fértil intercambio con el foco flamenco.
La postura sedente se representa de un modo mucho más relajado, incluyendo inclinaciones del tronco y de los miembros en distintos planos, tanto en el género de pintura religiosa como en el de pintura mitológica y las alegorías, que permiten incluso una mayor libertad a los pintores (las Venus y Ledas en pose semi-sentada, incorporadas parcialmente sobre el lecho). Es muy significativo, en el género del retrato, la elección del plano: el cuerpo entero implica una mayor majestuosidad y alejamiento, el busto (muy utilizado en el Quattrocento) limita la capacidad expresiva al rostro; en La Gioconda, los brazos cruzados a la altura de los brazos del sillón dan una mayor proximidad, y hacen que la postura sentada de cintura hacia abajo, aunque no se vea, sí se adivine; además, la pose en tres cuartos (un semi-perfil que ya había utilizado Leonardo en La dama del armiño) también contribuye a ello. Causó una honda impresión entre sus contemporáneos, a pesar de su eterno estado inacabado; Rafael la copió en 1504 y la utilizó como base compositiva de alguna de sus obras.[20] La difusión de las innovaciones del Renacimiento italiano por Europa tuvo un ritmo distinto en cada país, pero fue mucho más rápida en pintura que en arquitectura.
Los pintores más innovadores se permiten vulnerar los requisitos compositivos de simetría y equilibrio propios del Renacimiento pleno. El retrato áulico, junto a representaciones convencionales (el personaje entronizado), se atreve incluso con la mitologización y el desnudo (heroico o incluso anecdótico).
Soluciones estética y técnicamente opuestas en cuanto a la luz y la composición, clasicismo y tenebrismo abren la pintura barroca en el cambio de siglo XVI al XVII. La representación poco convencional de las posturas (y entre ellas la sedente) y de personajes de baja extracción social están entre los recursos que usa Caravaggio.
Entre otras contradicciones inherentes al espíritu del Barroco estuvo la polémica entre poussinistas y rubenistas (explicitada en la Academia Francesa en 1671). Las formas de representar la pose sedente fueron enormemente diversas, con todos los grados posibles entre lo convencional y lo imaginativo.
Velázquez otorga a sus figuras sentadas una dignidad que extiende de los más altos personajes (el papa o el rey -particularmente en la serie de retratos ecuestres pintados para el Palacio del Buen Retiro en 1634-1635- a los más humildes (los bufones, los pícaros o las trabajadoras que pone en relación con los dioses de la mitología).
Similar argumento se puede hacer con las figuras religiosas de Murillo, que representa en actitudes cotidianas (particularmente en pose sedente, como la Virgen hilando o San José en una pausa del trabajo, jugando con el Niño Jesús; o este o San Juan Bautista con el Cordero) comparables con las de los niños callejeros, cuyo tratamiento no es menos digno.
Son particularmente significativos los interiores con figuras sentadas con escenas de la vida cotidiana (pintura de género) del gusto de la pujante burguesía del Siglo de Oro holandés; en los que destacó Johannes Vermeer.
Otros pintores holandeses del siglo XVII realizaron obras semejantes. Algunas de ellos inspiraron a Joan Miró su serie Interiores holandeses (1928).
El siglo XVIII presenció el desarrollo paralelo de la pintura académica, con predominio del dibujo, que evolucionó hacia la sobriedad neoclásica, y la pintura rococó que intensificaba la sensualidad y el colorido. En las academias utilizadas en el aprendizaje artístico del siglo XVIII, las poses de los modelos tendían a ser activas, incluso en las figuras sentadas, que se hacen gesticular dramáticamente, mientras que en el siglo XIX, las figuras reclinadas o sentadas se hacen menos y son estáticas en comparación.[21][22]
Aunque había precedentes anteriores (Velázquez o Murillo), es característico de la pintura de la Edad Contemporánea (se utiliza la convencional división cronológica entre edades -1789, Revolución francesa-) el protagonismo de las clases populares en los temas artísticos, desde una posición de dignidad que antes se reservaba a las superiores. Francisco de Goya es un buen ejemplo de la evolución en ese tratamiento (desde los cartones para tapiz -1775-1792, de estética rococó- a los retratos aristocráticos y áulicos del periodo entre siglos, y en las tres primeras décadas del siglo XIX sus grabados, las pinturas negras y su periodo final en Burdeos). Otro autor que protagoniza el tránsito entre edades es Jacques-Louis David.
De la misma época que Goya, en las figuras de pintores visionarios como William Blake y Heinrich Füssli son características sus poses forzadas, a veces extravagantes, que incluyen las sedentes.
Honoré Daumier, además de su clásico El vagón de tercera clase (distintas versiones, ca. 1856-1865), en la que demuestra su interés por la representación de las capas desfavorecidas de la sociedad en el contexto de la modernización técnica, como muchos otros asuntos cotidianos que trata con humor y cercanía, destacó por su versatilidad en la representación de múltiples variantes de la pose sedente.
Con una perspectiva social completamente opuesta, se representa a las capas altas de la sociedad en poses pretendidamente espontáneas y desenfadadas, en los retratos de grupo de pintores como Franz Xaver Winterhalter o James Tissot se aprecia una predilección por la pose sentada.
Como se ha dicho en la sección anterior, los dibujos de aprendizaje denominados academias se siguieron haciendo de forma tradicional, con una mayor rigidez si cabe en el siglo XIX.
Desde finales del siglo XIX, y ya de forma total en el siglo XX, la ruptura de las convenciones académicas en los movimientos artísticos, que se suceden con gran rapidez, permite a los pintores muy distintas búsquedas de mecanismos expresivos de toda clase. La representación de la figura humana en posición sedente es una de ellas.
La utilización de figuras de personas sentadas en sus composiciones es particularmente definitoria para el mundo que algunos pintores pretenden evocar en sus composiciones, como Edgar Degas (Interior -1868-, El mercado del algodón o Una oficina de algodón en Nueva Orleans -1873-,[23] El ajenjo -1876-, Violinista y joven mujer -1871-,[24] Bailarina sentada atándose la zapatilla izquierda -ca. 1881-1883-,[25] La espera -1882-[26] o varias de sus obras en que toma como modelo a Mary Cassat[27]). La postura sentada de sus figuras no transmite una condición de superioridad (como la que mostraban las figuras entronizadas desde la Antigüedad), sino decaimiento, soledad o abandono.
Una perspectiva opuesta es la de Pierre-Auguste Renoir, cuyas figuras sentadas desprenden vitalidad y optimismo (Baile en el Moulin de la Galette -1876-, El almuerzo de los remeros -1881-, Las grandes bañistas, -1884-1887-, En el jardín, 1885, Mujer desnuda sentada -ca. 1890-1900-, Retrato de Ambroise Vollard vestido de torero, 1917).
También es característica la elección de distintas modalidades de la postura sentada en la obra algunas mujeres pintoras, particularmente en la de Berthe Morisot.
pero también en la de muchas otras de su misma época, como Mary Cassatt, Amélie Beaury-Saurel, Gerda Roosval-Kallstenius, Elizabeth Nourse, María Luisa Puiggener, etc. La valoración de qué pueda significar esa elección, frente a otras poses más dinámicas, puede tener que ver con su particular punto de vista social sobre la posición de la mujer a finales del siglo XIX y sobre cómo eran representadas en el arte; aunque la reflexión explícita sobre ello es propia de la crítica feminista a partir de finales del siglo XX.[28]
Es significativo el contraste con la representación de la mujer sentada en la obra de un pintor como Giovanni Boldini.
Entre los pintores de las vanguardias del siglo XX que han dedicado parte de su obra a representar figuras sedentes están, entre muchos otros, Henri Matisse (Femme assise -"mujer sentada", múltiples versiones desde 1906-[29]), Pablo Ruiz Picasso (El viejo guitarrista ciego, 1903, Retrato de Gertrude Stein, 1905-1906,Las señoritas de Aviñón, 1907, Mujer sentada acodada, 1939, Hombre sentado, 1969), Julio Romero de Torres (Pereza andaluza, 1900, Mal de amores, 1905, La Venus de la poesía, 1913, La buenaventura, 1920, La niña del cántaro, 1927, La chiquita piconera, 1930),[30] Amedeo Modigliani (Desnudo sentado, varias versiones desde 1917), Salvador Dalí (particularmente una serie de obras datadas en 1925: Muchacha sentada, Figura de espaldas, Figura de perfil, Figura en una mesa, Retrato de mi padre, Retrato de mi hermana -dos versiones-, Retrato de María Carbona, Monje sentado, Desnudo femenino, Venus y cupidos;[31] y en 1926: Muchacha cosiendo, Muchacha de Figueras[32]), Francis Bacon (Estudio del retrato de Inocencio X de Velázquez, 1953),[33] Lucian Freud (Hombre en una silla -retrato del barón Thyssen-, 1983-1985),[34] Balthus (polémicos retratos de niñas en poses equívocas),[35] etc.
Un caso muy significativo es Edward Hopper, cuyas inusuales composiciones, en las que las figuras sentadas parecen individuos existencialmente solos aunque estén junto a otros, se han comparado precisamente con las de Degas[36] (Muchacha cosiendo a máquina -1921-, Automat -1927-,[37] Habitación de hotel -1931-,[38] Habitación en Nueva York -1932-, Noctámbulos -1942-, Ventana de hotel -1955-,[39] Sol de la mañana -1952-[40]).
La forma de representar la tridimensionalidad en la pintura maya (como los casos de figuras sentadas) tiene cierta complejidad.[41]
En la pintura de la India existen representaciones de figuras sentadas, habitualmente en la forma tradicional de esta civilización (con las piernas dobladas en el suelo), desde periodos anteriores; e incluso tras el dominio islámico de la mayor parte de la India a partir del Imperio moghul no se impidió la existencia de representaciones humanas (que contravienen el aniconismo), sobre todo en los manuscritos iluminados, que siguieron representando habitualmente las mismas convenciones en las formas de sentarse, con formas similares a las de la pintura persa y del Asia Central.
Mientras que la manera tradicional de acomodarse en la civilización china es en el suelo y de rodillas, la representación convencional del emperador chino es frontal y en posición sedente, entronizado. Hay una curiosa representación del emperador Wen de Han (siglo II a. C.) junto con su emperatriz y su concubina favorita en el jardín Shanglin, donde un funcionario desaprobó que la concubina se sentara, rompiendo el protocolo.
Significativamente, hay algunas representaciones de Buda entronizado en posición sedente (no en la convencional oriental, sino con las piernas paralelas).
Y algunos otros casos en que hay figuras sentadas en esa posición.
En la pintura japonesa hay ejemplos de postura sedente en asientos elevados, aunque es mucho más frecuente las posturas de asiento en el suelo y la tradicional postura arrodillada. A partir de la apertura a Occidente (1868), las convenciones dan paso a la influencia del arte europeo.
Es destacable que, fuera del arte figurativo (de hecho, fuera de los mismos conceptos de pintura o escultura como vehículos de expresión artística), la tradición de representar figuras sedentes se deje sentir incluso en otras modalidades del arte muy alejadas, como la obra de Joseph Beuys (Silla con grasa, 1964, donde la figura humana es sustituida por ese material, muy significativo para el artista)[46] o la de Joseph Kosuth (Una y tres sillas, 1945, en la que no solo no hay figura, sino que se cuestiona la propia materialidad de la obra),[47] a su vez parafraseada por Doris Salcedo (1550 sillas, 2003, donde la ausencia de personas sentadas alude a las tragedias bélicas).[48]
En el género de las instalaciones artísticas hay una obra multimedia denominada Estoy sentado en una habitación, del compositor Alvin Lucier.
En numismática la utilización de figuras sentadas se viene haciendo desde la Antigüedad; en época reciente se denomina "Libertad sentada" al diseño del grabado de monedas de plata de Estados Unidos.
En cine, títulos de películas que se incluyen la denominación: