Una tontina es una inversión vinculada a una persona viva que proporciona un ingreso mientras esa persona viva. Dichos esquemas se originaron como planes para que los gobiernos obtuvieran capital en el siglo XVII y se generalizaron relativamente en los siglos XVIII y XIX.
Cada participante paga una suma para la tontina y cuando muere alguno de los participantes se reparten los dividendos de esta entre los supervivientes, hasta que queda sólo uno vivo, que se quedaría con todo el capital. En el modelo original, el dinero que no fuera empleado, por diversas causas (porque ninguno de los participante quedara vivo, el legítimo dueño no quisiera disponer de él, etc.), se destinaría en última instancia al Estado, que lo emplearía para obras públicas.
Recibe su nombre del banquero napolitano Lorenzo de Tonti, el cual diseñó este sistema para facilitar al cardenal Mazarino la obtención de préstamos, para esto, el Estado debía proporcionar un capital inicial para la constitución de una mutua (de la que quedaban reservados dirección y usufructo) y luego repartir el dinero entre los sobrevivientes. La primera experiencia (la tontina real francesa de 1653) fracasó, pero posteriormente conoció una gran acogida en Francia, España y el Reino Unido, y más tarde, en los Estados Unidos. Además, acabó convirtiéndose en un modo de seguro de vida y jubilación.
La tontina terminó prohibiéndose en la mayoría de países por los asesinatos que se daban entre sus participantes; no obstante, el modelo ha sobrevivido clandestinamente.