El sistema vertebro-basilar (VBS en inglés) es el grupo de arterias intracraneales que irrigan el tronco encefálico, el cerebelo y el cerebro posterior. Este sistema es el único en la anatomía humana, en que dos arterias diferentes se fusionan y se continúan en una arteria única. La reducción o detención del flujo sanguíneo en este sistema, determina síntomas pasajeros o lesiones neurológicas permanentes.
Sistema Vertebral-Basilar | ||
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Latín | [TA]: arteria vertebralis [TA]: arteria basilaris | |
TA | A12.2.07.081 | |
Origen |
Arteria vertebral derecha y Arteria Vertebral Izquierda Arteria basilar | |
Irrigación |
Bulbo raquídeo Cerebelo Cerebro | |
Enlaces externos | ||
Gray | pág.574 | |
Los primeros autores en describir las características clínicas de la patología vertebro-basilar, fueron Kubic y Adams en 1946. En 1990, el NINDS definió la Insuficiencia Vertebro Basilar (VBI en inglés), como una isquemia transitoria de la circulación vertebrobasilar, y esa definición ha permanecido desde entonces.[1]
El sistema vertebrobasilar o VBS es el único en la anatomía humana, en que dos arterias diferentes se fusionan en una arteria única. Este sistema arterial provee la circulación del encéfalo posterior.[2]
Las dos arterias vertebrales y la arteria basilar proporcionan sangre a la parte posterior del círculo arterial cerebral y se anastomosa con la parte anterior del círculo, irrigado por las arterias carótidas.
El drenaje venoso desemboca, principalmente, en la venas espinales, el seno petroso y venas cerebrales internas.
El sistema vertebrobasilar irriga el tronco encefálico, que es la estructura que permite respirar y tragar. También irriga los lóbulos occipitales cerebrales, que se encargan de la visión, y además irriga el cerebelo, que se encarga del equilibrio y la coordinación.[3]
El flujo sanguíneo cerebral total es de 50 a 60 ml por cada 100 g de encéfalo por cada minuto, en el individuo normal.[4] En el territorio cerebral el flujo arterial es relativamente constante y representa el 13 % del flujo total corporal.
La dinámica de la sangre arterial en el sistema Vertebral-Basilar, depende de la interacción entre la entrada y la salida del flujo sanguíneo. Las arterias vertebrales determinan el flujo convergente de entrada y las arterias cerebelosa superior y cerebral posterior determinan el flujo divergente de salida de este sistema.[5]
Cuando la velocidad del fluido en la arteria aumenta, el flujo pasa de laminar a turbulento y las partículas en lugar de desplazarse como láminas concéntricas se desplazan formando torbellinos.
Las velocidades axiales máximas del sistema Vertebral-Basilar, se encontraron en el rango entre 0,51 m/s y 0,93 m/s en estudios clínicos de adultos sanos.
Si un vaso mayor como la arteria vertebral está ocluido, el flujo puede ser posible todavía, a través de vasos colaterales. Las vías colaterales, primarias o secundarias, pueden proteger la perfusión del parénquima cerebral y por tanto su sobrevivencia.[6]
Los vasos colaterales primarios son aquellos que pueden responder rápidamente con: una presión de perfusión baja y a través de reversión simple del flujo. Los vasos colaterales secundarios requieren tiempo para ser reclutados como respuesta al estrés causado por la hipoperfusión crónica.[6]
En algunos casos, el flujo sanguíneo a través del sistema vertebrobasilar puede reducirse o detenerse por completo como consecuencia de diversas patologías.[3]
La alteración vascular más común que afecta el sistema vertebrobasilar es la aterosclerosis, en donde las placas de ateroma causan estrechamiento y oclusión de los grandes vasos.[7]
La estenosis de las arterias vertebral y basilar secundaria a la arteriosclerosis, conduce a la insuficiencia circulatoria vertebrobasilar y a una circulación posterior pobre y escasa.[8]
En la confluencia vertebrobasilar las placas de ateroma pueden progresar con consecuencias catastróficas, incluyendo la oclusión de la arteria.[2]
Muchas lesiones vertebrobasilares surgen de algún vaso pequeño y ellas son pequeñas y aisladas. Las consecuencias clínicas de estas lesiones más pequeñas, consisten de una variedad de déficits neurológicos focales.[7]
Los síntomas que pueden observarse en la insuficiencia y la isquemia vertebrobasilar son: vértigo, ataxia, disartria, diplopía, trastornos visuales, y pérdida de fuerza.[8]
La oclusión unilateral de la arteria vertebral genera síntomas variables y usualmente benignos. Esto es posible por el relleno retrógrado desde la arteria basilar.
Dependiendo del número de sus vasos colaterales, la oclusión de la arteria basilar puede generar varios síntomas.[9]