Redoma es una vasija de pequeño tamaño, originalmente cerámica y luego de vidrio, ancha en su base y que se va estrechado hasta la boca. Útil para escanciar líquidos, está provista de un asa, aunque existe la redoma sin asa, denominada limeta.[1][2]
En alfarería, la redoma, característica de la cerámica medieval, es recipiente de cuello alto y estrecho de tamaño medio o pequeño y con asa. Usado para escanciar.[3]
El término se considera arabismo. Para Corripio es receptáculo, sinónimo de vasija, frasco, botellón.[4] En contextos de laboratorio, la redoma aparecerá entre alambiques y destiladores, matraces y retortas.
Encendida ya la lumbre, el beduino se sacó de entre el traje un vasito de hierro y una redoma, que estaba tallada en un solo rubí, y contenía una materia roja. "¡Ya ves esta redoma de rubí, Hassán Abdalah; pero no sabes lo que contiene!" Y se interrumpió un momento, y añadió: "¡Es la sangre del Fénix!" Y así diciendo, destapó la redoma, echó su contenido en el vaso de hierro, y lo mezcló con el corazón y los sesos de la serpiente cornuda. Y puso el vaso en la lumbre, y abriendo el manuscrito de piel de gacela, leyó palabras ininteligibles para mi entendimiento.Las mil y una noches (tomo V: "pero cuando llegó la 792ª noche"). Anónimo
Existe una amplia serie de cuadros del XVII y el XVIII que con el título general aproximado de San Francisco recibiendo la redoma sagrada, recogen el episodio contado por el humilde santo de Asís. En ellos la redoma sirve de recipiente a la 'mística pureza' invocada por Francisco. Entre los artistas que lo pintaron: José Ribera y el Guercino, en Europa, y Antonio de Torres y José Bernardo Couto, en América.[5]