El cuis chico (Microcavia jayat) es una especie de roedor del género Microcavia de la familia de los cávidos. Habita en matorrales y bosques semiáridos del centro-norte del Cono Sur de Sudamérica.
Microcavia jayat | ||
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Estado de conservación | ||
Datos insuficientes | ||
Taxonomía | ||
Reino: | Animalia | |
Filo: | Chordata | |
Clase: | Mammalia | |
Orden: | Rodentia | |
Familia: | Caviidae | |
Género: | Microcavia | |
Especie: |
Microcavia jayat Teta, Ojeda, Lucero & D’ Elía, 2017 | |
Esta especie fue descrita originalmente en el año 2017 por los zoólogos Pablo Teta, Ricardo Alberto Ojeda, Sergio O. Lucero y Guillermo D’Elía.[1]
La localidad tipo referida es: “Santa Isabel, en las coordenadas: 26°20′S 64°20′O / -26.333, -64.333, Atamisqui, provincia de Santiago del Estero, Argentina”.[1]
El ejemplar holotipo designado es el catalogado como: MACN-MA 17331 (número original CAF 3070); se trata de una hembra adulta la cual fue capturada el 21 de octubre de 1969 por Abel Fornes y Merle L. Kuns. Se encuentra depositado en la colección nacional de mastozoología del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN), ubicado en la ciudad de Buenos Aires, Argentina.[1]
El paratipo fue catalogado como: MACN-MA 17333 (número de campo original CAF 3072). Consiste en un macho adulto (conservado como piel y cráneo) con los mismos datos que el ejemplar tipo.[1]
Etimológicamente el término genérico Microcavia se construye con una palabra del idioma griego, en donde: mikros significa 'pequeño' más cavia que es el nombre genérico homónimo que identifica a roedores de mayor tamaño y que proviene del nombre vulgar en idioma portugués: caviá.[2]
El epíteto específico jayat —un sustantivo en aposición— es un epónimo que refiere al apellido de la persona a quien fue dedicada, el doctor Jorge Pablo Jayat, amigo y colega de los autores, quien realizó importantes contribuciones en el estudio de la mastofauna del norte argentino.[1]
De las especies de Microcavia, M. jayat destaca por su tamaño mediano (longitud de cabeza y cuerpo de aproximadamente 187 mm, longitud cóndilo-incisivo de aproximadamente 40 mm), similar a M. australis y menor que M. maenas. La coloración dorsal es pardo-amarillenta; ventralmente es de color grisáceo con parches de pelos de color blanco puro en la garganta, en los lados internos de la parte anterior y posterior y en la región inguinal.[1]
El cráneo es ancho, relativamente corto y de estructura fuerte, con un perfil dorsal moderadamente arqueado; bordes exteriores de las fosas nasales casi paralelos; arcos cigomáticos ampliamente expandidos y angulados hacia su porción media y con un proceso paraorbitario conspicuo; los jugales se extienden posteriormente detrás del borde de la fosa glenoidea; sutura entre palatinas ocupadas por crestas palatinas en forma de corazón que superan el borde posterior del paladar, que es casi trapezoidal; pre-esfenoides relativamente amplios e incisivos ligeramente proodontes a ortodontes, aunque no visible desde arriba.[1]
Microcavia jayat es una especie endémica del centro-norte de la Argentina. Habita en bosques y arbustales xerófilos espinosos en llanuras semidesérticas (inferiores a los 350 m s. n. m.) adscritas a la ecorregión terrestre chaco occidental. Se distribuye en la provincia de Santiago del Estero; es posible que también se encuentre en ambientes similares en las provincias de: Chaco —oeste—, Córdoba —norte—, Salta —sudeste— y Santa Fe —noroeste—.[1]
Los autores recomendaron que, según los lineamientos para discernir el estatus de conservación de los taxones, los que fueron estipulados por la organización internacional dedicada a la conservación de los recursos naturales Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN),[3] en la obra Lista Roja de Especies Amenazadas, Microcavia jayat sea clasificada como una especie con “Datos insuficientes” (DD).[1]
Las razones son que sólo se conocen pocas localidades donde este roedor habita y la mayoría de los aspectos de su historia de vida aún son desconocidos. La región chaqueña occidental en Argentina ha sufrido severas perturbaciones debido históricamente a la desforestación selectiva e intenso pastoreo de ganado vacuno y caprino (lo que generó graves problemas de desertificación y erosión edáfica) y durante las últimas décadas, a la incesante expansión agrícola que está transformando el bosque en cultivos de soja,[4] a un ritmo de desmonte que entre 2001 y 2007 alcanzó un promedio de 100 000 hectáreas por año.[5]