La Torre de la Vega fue una casona fortificada perteneciente a la Casa de la Vega. Se cree que se edificó o a finales del siglo XIII por orden de Garcilaso I de la Vega,[1] o a principios del siglo XIV por mandato de Leonor de la Vega.[2] Construida en un lugar llamado Pando, en torno suyo se originó la aldea agrícola de Torre la Vega en el siglo XIV,[3] que existe actualmente como Torrelavega. En 1797 la visita Gaspar Melchor de Jovellanos, diciendo de ella que los duques del Infantado, señores de la localidad y propietarios de la torre, la estaban derribando para extender una hilandería de algodón.[4] En 1930 se pedía al ayuntamiento desde las columnas del diario El Cantábrico su adquisición y conservación.[5] Parte de sus ruinas aún existían en 1956, cuando se derribaron junto a una iglesia para edificar la iglesia de la Virgen Grande.
La torre perteneció a los duques del Infantado entre los siglos XVI y XVII. Estos eran desde principios de la Edad Moderna dueños de la Honor de Miengo y el Mayordomazgo de la Vega, por tanto, de buena parte del territorio que hoy ocupa Cantabria. Su actividad estaba centralizada en Torrelavega,[6] siendo por tanto la torre sede administrativa y judicial del señorío.[7]
Originalmente se trataba de una torre defensiva de planta cuadrada y construida con sillares de piedra esquineros, muros de mampostería y almenas. Siguiendo la evolución propia de muchas torres de Cantabria, posteriormente se le añadió un palacio dispuesto en torno a un patio central, por lo que recibió el sobrenombre de corral o corralón de la Vega.[7]
...reconocí y veneré yo en uno de mis viajes, en 1797, precisamente á este tiempo que se estaba derribando la famosa Torre de la Vega, que dió nombre á la familia y á la villa inmediata de Torre la Vega. (Hacíase esta demolición de orden del actual duque del Infantado, señor de esta villa, para extender una fábrica provisional de tejidos de algodon.)