Las Sentencias vaticanas, también conocidas como Gnomologio vaticano o Exhortaciones, son una colección de 81 sentencias y fragmentos de manuscritos de Epicuro y sus discípulos encontrados en la Biblioteca Apostólica Vaticana en 1888 por Karl Wotke.[1][2]
Sentencias Vaticanas | ||
---|---|---|
de Epicuro | ||
![]() Busto de Epicuro en el Museo Vaticano | ||
Género | Aforismos | |
Tema(s) | Ética y moral | |
Edición original en griego antiguo | ||
Publicado en | Biblioteca Vaticana | |
Edición traducida al español | ||
Título |
Sentencias vaticanas Gnomologio Vaticano | |
Hemos nacido una vez y no puede haber un segundo nacimiento. Por toda la eternidad nunca mas seremos. Pero tu, aunque no eres señor del mañana, pospones tu felicidad. Desperdiciamos nuestras vidas retrasando las cosas, y cada uno de nosotros muere sin haber realmente vivido.[4]
Las máximas fueron descubiertas y publicadas por Karl Wotke en 1888 en un Códice Vaticano griego 1950 del siglo XIV. Estos son 81 aforismos, principalmente de contenido ético para dar a conocer los aspectos más cautivadores del epicureismo fuera de la escuela.
Algunos se toman de las Máximas capitales, otros confirman varios aspectos del pensamiento epicúreo previamente conocido por la tradición indirecta, y otros, claramente más tarde que Epicuro, documentan la continuidad de su enseñanza por parte de los discípulos. Las Exhortaciones deben ser posteriores a las Máximas.[2]
Estas sentencias consisten en ideas simples y básicas cuyo contenido se centra no tanto una cuestión de verdades absolutas sino principalmente en la ética.
En esta colección de máximas se abordan los temas fundamentales en la vida de cada hombre. Los principales temas presentes en el "Gnomologio" son los siguientes:[5][6]
«Cuando la Parca nos lleve de aquí nos iremos de la vida tras echar un enorme escupitajo contra la vida y contra los que neciamente se aferran a ella, al mismo tiempo que entonaremos un hermoso cántico de salvación gritando que nuestra vida ha sido bella.» (Sentencias Vaticanas, 47)
«El hombre bien nacido se dedica principalmente a la sabiduría y a la amistad: de estas, una es un bien mortal; la otra, un bien inmortal». (Sentencias Vaticanas, 78)
«Hay que liberarse de la cárcel de la rutina y de la política». (Sentencias Vaticanas, 58)
«Es fácil pasar desapercibido cuando se comete una injusticia, e imposible de conseguir seguridad de pasar desapercibido.» (Sentencias Vaticanas, 7)
«El estudio de la naturaleza no crea personas que disfrutan de ostentar y hacer gala de su educación para impresionar a los muchos, sino personas que son fuertes y auto-suficientes y que se enorgullecen de sus cualidades personales, no de las que dependen de circunstancias externas». (Sentencias Vaticanas, 45)