Un privilegio rodado, es privilegio el que se concedía antiguamente, y después de la data se formaba una rueda, en cuyo centro se ponía el signo o sello real y por tanto, se llamaba así porque la rueda que presenta en medio tiene con las armas reales y en el círculo interior va el nombre del rey y en el de afuera el de su mayordomo mayor y a los lados los infantes. A la mano derecha firmaban los prelados y ricoshombres de Castilla y a la izquierda los de León y Galicia. Llevaba además pendiente el sello real en plomo y fueron instituidos estos privilegios por el rey Fernando I en 1038. Ejemplo: «..hemos visto privilegios rodados con su nombre y el título del mayordomo del rey alrededor del sello».[1]
Un privilegio es una ventaja concedida a una persona o corporación sobre la ley común de que disfrutan los demás o también, gracia o perrogativa, que concede el superior, exceptuando o libertando, a uno de una carga o gravamen o concediéndole una exección de la que no gozan otros y los antiguos reyes de España tenían para sí muchos privilegios y podían otorgarlos a los demás, en cuyo caso, además de las firmas reales llevaba la del alférez mayor de Castilla. Ejemplo: «habiendo firmado el emperador Carlos V un privilegio, le advirtieron que era contra justicia».[2][3][4]
En la documentación papal se empleaba la rota como signo de validación documental llegando su uso, en un primer momento, a los documentos episcopales de los reinos peninsulares, en concreto en la diócesis de Santiago durante el episcopado de Diego Gelmírez. En la cancillería real la primera vez que se constata su uso será en 1158 en León, durante el reinado de Fernando II, y en 1165 en Castilla, durante la minoría de Alfonso VIII. Pero, mientras en el ámbito episcopal su uso decae rápidamente, para el siglo XII, en la cancillería real se sigue utilizando de forma permanente.[5][6]
Otros privilegios son los siguientes: