Pedro Manterola Armisén (Pamplona, 6 de marzo de 1936 - Pamplona, 26 de septiembre de 2016) fue un artista plástico y profesor.[1] Uno de los personajes más importantes del panorama cultural navarro contemporáneo. Además de dedicarse al arte como pintor, dibujante y crítico de arte, también trabajó como profesor universitario, escritor, director de la Fundación Museo Jorge Oteiza y presidente de la Cátedra Jorge Oteiza en la Universidad Pública de Navarra.[2]
En su trayectoria como pintor sus obras se encuadran en el realismo,[3] dentro de una serie de disputas. Aunque también se le vincula con el estilo expresionista con elementos surrealistas y neofigurativos.[4]
Es una autoridad en el arte vasco del siglo XX.[5] Ha sido uno de los mayores promotores para el conocimiento del arte contemporáneo en Navarra y es considerado un especialista en la obra del escultor Jorge Oteiza.[2]
Pedro Manterola nació en Pamplona 1936 y vivió sus primeros años en el pueblo de Alzuza, Navarra. Sus padres eran Pedro Manterola Escodin y Pilar Armisen Huici,[1] que pertenecían a una familias pudiente de la ciudad.[5]
Él fue el mayor de cuatro hermanos. Uno de ellos, Javier Manterola, fue un reconocido ingeniero de caminos.
En su adolescencia cursó el bachillerato en el colegio Maristas de Pamplona. A su vez, asistía a la Escuela de Arte de Pamplona,[6] donde comenzó dando sus primeros pasos artísticos de la mano de su maestro Gerardo Sacristán.
Desde los primeros años 50, en su juventud, pintaba y dibujaba.[7] Se inició en la pintura recibiendo clases de los pintores navarros Javier Ciga Echandi, Pedro Lozano de Sotés y Rafael Lozano Bartolozzi.[8]
Se licenció en Derecho en la Universidad de Zaragoza,[9] pero era un apasionado de las letras y la pintura. Encontró un gusto por la filosofía, la poesía y la literatura, algo que plasmó en sus obras y textos publicados. Cursó estudios de Filosofía y Literatura, lo que le ayudó a crear su propio mundo de ideas y sus características reflexiones sobre la existencia humana, la vida y la muerte.[2]
Realizó un Doctorado en Bellas Artes que acabó en 1997 con la tesis Sobre la relación entre arte y sacrificio en la pintura y escultura vascas en la Universidad del País Vasco. [4]
En 1964 comenzó a publicar artículos de críticas sobre arte en el Diario de Navarra, el periódico de su ciudad. Sus críticas se publicaron con regularidad hasta 1975. 1964 también fue el año en el que comenzó su carrera artística, con una exposición en la Sala de la Caja de Ahorros Municipal de Pamplona (CAMP).
Trabajó como profesor titular de Historia del Arte Vasco en la Universidad del País Vasco (UPV/ EHU), y entre 1981 y 1984 fue decano de la Facultad de Bellas Artes de Bilbao.
Desde 1984 a 1991 fue asesor cultural en el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra debido a una comisión de servicios que le permitió trabajar en Navarra. [10]
Entre los años 2002-2007 dirigió la Cátedra Jorge Oteiza en la Universidad Pública de Navarra hasta su jubilación. Tenía una forma distinta de enseñanza, ya que le gustaba sorprender a los alumnos cada día y que se divirtieran con él.[11]
Ocupó el puesto de director de la Fundación Museo Jorge Oteiza desde julio de 2004 hasta febrero de 2008 y fue presidente del Patronato de la misma en 2009 hasta 2011.[4]
Su obra se puede encontrar en algunos museos y colecciones como la Colección de Arte Contemporáneo del Ayuntamiento de Pamplona, el Museo de Bellas Artes de Bilbao, en el Museo de Navarra, en la Bilbao Bizkaia Kutxa Fundazioa, en la Universidad Pública de Navarra o en el Parlamento de Navarra.[4]
Además, a través de conferencias, charlas, coloquios y mesas redondas ha llevado el arte a lo largo de la geografía navarra y de otras comunidades, bajo una perspectiva ilustrada y crítica.[2]
Dentro de su producción artística podemos destacar:
Su obra pictórica bebió de la herencia del informalismo español, aunque también de influencias internacionales como de Cy Twombly o Robert Ryman, con un estricto sentido de lo pictórico, en el gesto, en el tratamiento del color y en el dinamismo de las composiciones. Se inspiró en las raíces de la tradición de la vanguardia peninsular.[8]
En sus cuadros hablaba del tiempo y sus efectos. Trataba cuestiones como la historia, la presencia en el presente del pasado y el futuro, la fluencia de las cosas, los acontecimientos, la vida. Utilizaba el lenguaje connotativo y denotativo para poder comprender más y mejor.
Trataba de entender la realidad a través de la invención significativa de imágenes. Llevó a cabo una constante reflexión sobre el hombre y su entorno expresada en verosimilitudes por medio de un lenguaje especial donde el artista responde al estímulo de la realidad poniendo en juego su inteligencia, imaginación, cultura, sensibilidad y trabajo. [3]
Pintó diversos temas que podemos catalogar en:
En muchas de sus obras se ve la influencia de su trabajo como docente, como en las obras tituladas “pizarras (est.), 1979".
Plasmaba sus inquietudes en sus producciones artísticas. Experimentaba un desasosiego en su estudio mientras el resto del mundo era productivo. Tenía una propensión a abstraer, vinculado a la materia y al mundo, animado por la física y la moral. Se basaba mucho en la filosofía. Pintaba temas religiosos y tenía muy presente la muerte.
Su pintura ha influido en los pintores vascos y navarros de la siguiente generación. [5]
Pedro Manterola escribió libros sobre sus ámbitos de conocimiento como eran el Arte, la Filosofía y la Literatura. Algunos de ellos en solitario y otros en colaboración con otros autores. En libros de Historia del Arte y en presentaciones de catálogos de diversos artistas como Belén Arevalo Rodriguez, Camino Paredes y Valeriano Bozal.[12][2]
Pedro Manterola conoció a Jorge Oteiza cuando trabajaba como crítico en el periódico. Fue a través de la crítica, en una conferencia. La relación con él era "muy especial", según sus palabras. Se juntaban en su despacho múltiples horas trabajando, Oteiza quería que Pedro Manterola contara su historia, su trabajo y sus ideas a lápiz y papel.
Manterola admiraba a Oteiza en el ámbito artístico y por su ingenio pero en el personal mantenían sus diferencias.
Jorge Oteiza donó a Navarra todas sus obras y encargó la construcción de una Fundación en su propia casa en Alzuza. Pedro Manterola estuvo presente en este acontecimiento e intervino en múltiples ocasiones para montar las exposiciones del museo, en función de las formas de expresión que tuvo Oteiza en su vida.
Mientras ejercía de director de la Cátedra Jorge Oteiza en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), le hicieron director de la Fundación Museo Jorge Oteiza por recomendación del mismo Oteiza. Había algunas personas de ideología nacionalista que querían resaltar el carácter vasco de su obra, como quería el artista, y escogieron a Manterola.
El papel de Manterola como director de la fundación fue de un interés en las publicaciones o los cursos en torno a la figura de Oteiza. Trabajó de la mano de restauradoras, conservadoras, etc. Se encargó de organizar la sala de la biblioteca en el museo.
Juró no volver al museo cuando dejó de ser director. Estuvo 30 años ligado a la vida y obra de Oteiza, que había sido muy influyente en su vida. Sentía que su vida estaba muy unida al artista y que le había influenciado en exceso. [11]
Manterola, además de pintor fue pensador y escritor. Seguía una síntesis de pensamiento marxista con contradicciones. Tenía una mente progresista.
Su modo de pensar se construyó en la confrontación y el diálogo, a la manera socrática con una puesta en escena: se levantaba de la silla y paseaba sus ideas por la sala, se detenía, se volteaba hacia la ventana , introducía una pausa dramática, un silencio tenso y se zambullía en su idea.
Su pensamiento estaba fundamentado en la Metafísica y la Teología.
Pedro Manterola era un dionisiaco, optimista, que se apuntaba a todos los placeres de la vida, reivindicaba los sentidos, practicaba un retiro ermitaño y una mística de la luz. Porque era pintor y estaba atento a los cambios de la luz. Prefería las frutas y verduras a las flores que simbolizan la muerte. [5]
Ha participado en numerosas exposiciones colectivas:
Gracias a la primera de sus exposiciones en 1964 pudo dar a conocer su obra pictórica y ésto dio lugar a un largo recorrido en exposiciones individuales en el panorama español: