Pange Lingua es un himnoeucarístico escrito por santoTomás de Aquino para la festividad de Corpus Christi (Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo). Este himno también se canta el día del Jueves Santo, durante la procesión desde el altar hasta el monumento donde la reserva queda custodiada hasta el día siguiente, Viernes Santo; también es el habitual en todas las procesiones eucarísticas.[1] Las dos últimas estrofas de este himno, el Tantum Ergo, se cantan como antífona antes de la bendición solemne con el Santísimo, efectuada al finalizar las adoraciones eucarísticas.
Este himno expresa de manera concreta la doctrina de la transubstanciación, donde el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, respectivamente.
Las palabras iniciales de esta famosa secuencia, escrita en latín, el idioma oficial de la Iglesia católica, son obra del poeta medieval Venancio Fortunato. Comienza con la frase «Pange, lingua, gloriosi / Lauream certaminis» y se usa en alguna de las «horas canónicas», que son parte del oficio divino.
y el vino puro se convierte en la Sangre de Cristo.
Y aunque fallan los sentidos,
Solo la fe es suficiente
para fortalecer el corazón en la verdad.
Veneremos, pues,
Postrados a tan grande Sacramento;
y la antigua imagen ceda el lugar
al nuevo rito;
¡La fe reemplace la incapacidad de los sentidos!
Al Padre y al Hijo
sean dadas Alabanza y Gloria, Fortaleza, Honor,
Poder y Bendición;
una Gloria igual sea dada a
Aquel que de uno y de otro procede.
Amén.
Latín
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V/. Panem de cælo præstitísti eis. R/. Omne delectaméntum in se habéntem.
Orémus. Deus, qui nobis sub sacraménto mirábili, passiónis tuae memóriam reliquisti; tríbue, quaésumus, ita nos córporis et Sánguinis tui sacra mystéria venerári, ut redemptiónis tuae fructum in nobis iúgiter sentiámus:Qui vivis et regnas in saécula saeculórum.
R. Amen
Español
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V/ Les diste pan del Cielo.
R/ Que contiene en sí todo deleite.
Oremos.
Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente en nosotros el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R/ Amén