Nacionalismo valenciano

Summary

El nacionalismo valenciano, o valencianismo, es una corriente de pensamiento político que aspira al autogobierno de la actual Comunidad Valenciana, lo que en última instancia incluiría el derecho a la autodeterminación de dicho territorio. Su consideración sobre cuál es su "nación cultural", sin embargo, varía dependiendo del momento histórico, pero generalmente se asume que la Comunidad Valenciana comparte gran parte de su condición cultural con Cataluña, Islas Baleares, y la Franja de Aragón, sin que ello influya en su "marco político" definido, que es estrictamente la actual Comunidad Valenciana.[1][2]​ Bajo esta misma acepción también se incluyen grupos que políticamente son clasificados como catalanistas.[3][4]

HistoriaEditar

Las primeras manifestaciones políticas en este sentido surgen a finales del siglo XIX, tras el episodio de cantonalismo que tuvo lugar en Alcoy y en Valencia durante la Primera República Española y su posterior enfrentamiento con el Gobierno central. Durante la primera mitad del siglo XX, paralelamente a la tardía Renaixença valenciana, y demandan el autogobierno propio. Faustí Barberà, con su discurso inaugural de 1902 De regionalisme i valentinicultura, fue quien sentó las bases de lo que sería el primer cuerpo teórico del nacionalismo valenciano.[5][6][7][8]​ En 1918 se promulga también la Declaración Valencianista, que aboga por la existencia de una raza valenciana dentro del conglomerado cultural ibérico. Durante la Segunda República los principales partidos valencianistas, Esquerra Valenciana y Partit Valencianista d'Esquerra, obtienen una importante representación política, como cinco concejales en la ciudad de Valencia, o un diputado a las Cortes Generales.[9]

 
Bandera nacionalista valenciana (Senyera de Lluita, señera de lucha), originalmente utilizada por Acció Nacionalista Valenciana[10]​a principios del siglo XX.

La Guerra Civil Española y la consiguiente dictadura franquista supuso, en la práctica, la desaparición y disolución del emergente nacionalismo valenciano,[9]​ que no llegó a tener la misma fuerza que tuvo en Cataluña en el País Vasco o en Galicia. Durante esos años, generalmente, sus principales personajes se apartaron de la vida política, y la mayoría se centraron en actividades académicas o literarias,[11]​ en cuyo trasfondo se intentaba subyacer la identidad valenciana. Alrededor de las figuras de Xavier Casp y Miquel Adlert se formó el grup Torre, dónde surgiría la figura de Joan Fuster.[12]​ Durante las décadas de 1960 y 1970 surgirían diferentes grupos de jóvenes valencianistas influidos por Fuster[13]​ con una serie de propuestas de tipo rupturista, provocando un distanciamiento entre su discurso y el del regionalismo valenciano.[14]​ La generación influida por Fuster, que bautizó a sus propuestas como "nou valencianisme", tenía unos planteamientos y símbolos alejados de los del valencianismo anterior al franquismo, en gran parte debido a la apropiación y control del régimen de las entidades cívicas y culturales que durante la Segunda República propugnaban el autogobierno valenciano, especialmente de Lo Rat Penat, que daban una imagen que el "nou valencianisme" consideraba "folclórica",[14]​ y no ayudaba a la "dignidad nacional". Pero la ruptura también llegó al planteamiento político: sin entrar en considerar si el País Valenciano (como región histórica, sin connotaciones políticas) es una "nación política" o no, se pasó a propugnar los Países Catalanes, con una cierta confusión de si se trata de un concepto cultural,[15]​ o también de un concepto político, como afirmaba Joan Fuster en su ensayo Nosaltres els valencians.[2]

 
Bandera de la Comunidad Valenciana reivindicada por parte del nacionalismo valenciano. Fue la bandera oficial en la etapa preautonómica de la Comunidad Valenciana (o "País Valenciano"), antes de la imposición de la señera coronada valenciana.[16]

El pensamiento de Joan Fuster logró gran influencia entre diferentes fuerzas políticas y sindicales antifranquistas entre las décadas de 1960 y 1980,[17]​ destacando el Partit Socialista del País Valencià (PSPV), de izquierdas, y la Unió Democràtica del País Valencià (UDPV), de centro-derecha, como principales fuerzas nacionalistas en las dos últimas décadas de la dictadura franquista y en los primeros años de la Transición. En lo que respecta a las fuerzas de ámbito estatal, el pensamiento fusteriano logró influir entre las fuerzas de extrema izquierda como el Partido Comunista del País Valenciano y en menor medida en la rama valenciana del PSOE.[18]​ Estas fuerzas se encontraron con dificultades para reivindicar el discurso valencianista de influencia fusteriana en una sociedad que rechazaba mayoritariamente planteamientos tan drásticos como los de Joan Fuster.[18]​ En las primeras elecciones democráticas, los diferentes partidos nacionalistas valencianos no consiguieron representación parlamentaria.

A consecuencia de ello, tiene lugar un profundo debate a partir de estas divergencias políticas, que acaba con la integración de dichos partidos nacionalistas en partidos de ámbito estatal, como el PSPV, que se integró en el PSOE, o la UDPV, que hizo lo propio con la UCD, con la pretensión de que ambos partidos asumieran parte de sus objetivos valencianistas. Sin embargo, no toda la militancia asumió esta decisión,[19]​ y se crearon partidos como el transversal Partit Nacionalista del País Valencià (PNPV) o el Agrupament d'Esquerres del País Valencià (AEPV), que acabarían confluyendo en Unitat del Poble Valencià (UPV), principal formación nacionalista en los años 80 y 90.[20]​ Con unos resultados entre el 1% y el 3% de los votos en las diferentes elecciones de este período, desde mediados de los años 80 se inician una serie de reflexiones conocidas como "tercera vía", o "valencianismo de reconciliación", que buscaban, desde posturas revisionistas del pensamiento de Joan Fuster, una entente entre el electoralmente exitoso blaverismo (el regionalismo anticatalanista) y el pancatalanismo.[20][21]​ A pesar de que se considere que este intento de reconciliación fracasó,[22]​ la Unitat del Poble Valencià acabaría refundándose como Bloc Nacionalista Valencià. El BLOC creció electoralmente y se situó muy cercano al 5% de voto en 1999 y 2003, consolidándose posteriormente como tercera fuerza política de la Comunidad Valenciana dentro de la Coalición Compromís.[23]

El valencianismo políticoEditar

El valencianismo político es la forma en que algunos partidos valencianos han articulado sus programas y estrategias para fomentar y planificar, como eje prioritario de su actividad, una conciencia nacionalista para que la actualmente denominada Comunidad Valenciana, cuyo territorio está formado por las provincias de Alicante, Castellón y Valencia, adquiera la consideración de una nacionalidad o nación. La característica definitoria de tal condición no se basa en diferencias étnicas sino en el valenciano como lengua, junto acontecimientos históricos y rasgos culturales propios. No obstante, la fuerza nacionalista ha tenido y tiene socialmente un nivel menor que en Cataluña, País Vasco o Galicia, y la incidencia de organizaciones específicas que han mantenido la idea de una nacionalidad valenciana no han adquirido, hasta ahora, la hegemonía sobre los partidos de ámbito español.

 
Senyera de Esquerra Valenciana (1931).

La propia división provincial y la configuración de una población con características diversas en su vinculación con un nacionalismo valencianista posee dimensiones diferentes, donde el bilingüismo ha convivido, y convive hasta ahora sin grandes problemas, después que el valenciano haya adquirido oficialidad, con la misma categoría que el castellano. La provincia de Alicante tiene comarcas diversas en su composición sociolingüística: En L´Alcoià (Acoi), El Comtat (Concentaina) o las Marinas, con predominio relativo del valenciano (Dénia, Xàbia, Benissa) porque el castellano tiene también su espacio, mientras que en la ciudad de Alicante, La Vega Baja (Orihuela) o en las distintas comarcas del Vinalopó – Alt, Mitjà y Baix (Villena pasa de Albacete a Alicante en el siglo XIX), Elda, Novelda, Santa Pola, Elche) se da un equilibrio inestable entre valenciano y castellano, con el predominio de este último. En Valencia pasa algo parecido con la ciudad de Valencia, la capital de la Comunidad y la más poblada, donde el castellano predomina, mientras otras comarcas como El Comptat (Xàtiva), La Safor (Gandia), La Vall d´Albaida (Ontinyent, Albaida), La Ribera (Sueca, Alzira) y parte de L´Horta (Manises, Benetusser, Picanya, Sedaví) el valenciano tiene una cierta hegemonía en convivencia con el castellano, Otras, como la Hoya de Buñol, Requena-Utiel, antiguas provincias castellanas, incorporadas a Valencia en el XIX. El valle de Ayora o Ademúz, son claramente castellanohablantes. En Castellón existe un predominio de comarcas valenciano hablantes sin especiales conflictos con el castellano (Catellón, Vinaroz, Benicassim Peñiscola, Vilarreal, Burriana, Morella) pero también hay comarcas de dominio castellano (Alto Mijares, Alto Palancia, o El Alcalatén (Segorbe, Viver, Montanejos).

Esta realidad conduce a una falta de uniformidad identitaria cuando la lengua es el factor de identificación más representativo del proyecto nacionalista, como no ocurre en otras nacionalidades españolas o europeas con ese mínimo común denominador que distingue las reivindicaciones nacionales al margen de las estrategias políticas que se desarrollen. Puede haber diferencias entre ellas, pero existe un sustrato común que unifica el movimiento nacional, al menos en las cuestiones que se consideran elementos comunes que no se discuten, aunque sean muy generales. El catalanismo, el vasquismo o el galleguismo tienen bases que sirven, en última instancia, para identificarlos. Pero en el caso de la Comunidad Valenciana subsiste el debate sobre las mínimas líneas comunes, lo que hace difícil su asimilación a otros nacionalismos peninsulares o europeos. Ni la denominación, ni los símbolos, ni la lengua, ni tan siquiera el entramado territorial ha contado con un consenso generalizado común, y ello se ha evidenciado en los debates y luchas políticas que se han manifestado desde la Transición, lo que ha marcado la dinámica de la evolución de un nacionalismo que no ha sido ni electoral ni socialmente hegemónico.


A la búsqueda de una identidad nacionalista: los antecedentes del valencianismo políticoEditar

El valencianismo político tuvo hasta los años 60 del siglo XX una existencia débil. Sus antecedentes se remontan al movimiento cultural de la Renaixença valenciana que intentó rehabilitar la lengua, la literatura y la cultura histórica nacida desde el siglo XIII, cuando el rey de la Corona de Aragón, Jaume I, conquistó a los musulmanes el territorio que se convirtió en el Reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón. A principios del siglo XIX se distingue una pre-Renaixença, y a partir de 1878 una Renaixença, que tuvo al conservador Teodoro Llorente y a Vicente Querol como las principales figuras, y también a Constantí Llombart, progresista y federalista, que creó en 1879 la plataforma Lo Rat Penat para el fomento del valenciano. En esta primera época no se formuló ningún proyecto político, era fundamentalmente literario, cultural y periodístico. Sería a principios del siglo XX cuando nacerían, de manera minoritaria, distintas iniciativas políticas y culturales junto con nuevos escritores en valenciano. El médico Faustí Barberá pronunció un discurso en 1902 en Lo Rat Penat, “De Regionalisme i Valentinicultura”, con tintes políticos, en el que hace una distinción entre nación y estado, y se constituiría La Unión Valencianista Regionalista, inspirada por el banquero Ignacio Villalonga que proponía una Asamblea Regional con competencias políticas. También aparecería Patria Nova en 1904 o Acción Valenciana en 1909. Junto a la Joventut Valencianista, pretendieron retomar Els Furs de Jaume I y reivindicar la personalidad valenciana, pero circunscrita a la ciudad de Valencia y alguna de sus comarcas, Sin embargo, en paralelo había escritores en castellano que adquirieron una dimensión mayor como Azorín, Gabriel Miró, Carlos Arniches, Gil Albert, Miguel Hernández, alicantinos, y el valenciano Blasco Ibáñez, que además de convertirse en un escritor universal por sus novelas, creó un movimiento político de amplia dimensión en la provincia que atacó el Régimen de la Restauración. Después de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) que restringió y persiguió las manifestaciones regionalistas y nacionalistas, en la II República se articularon formaciones políticas valencianistas que intentaron propiciar un Estatuto de acuerdo con la Constitución de 1931. La Agrupación Valencianista Republicana y Esquerra Valenciana trabajaron para tal fin. Pero fue el PURA (Partido de Unión Republicana Autonomista), la continuación de los herederos de la política del Blasco Ibáñez, que contaba en la provincia de Valencia con un fuerte respaldo electoral y social, quien intentó articular con Alicante y Castellón un Estatuto de Autonomía que uniera a las tres provincias. Los Ayuntamientos de las capitales de estas dos provincias, controlados por republicanos, no aceptaron la propuesta por considerar que ello suponía un centralismo valenciano, y el blasquismo se limitó a conseguirlo solo para Valencia, pero sin que el resto de las fuerzas políticas lo respaldaran. El PSOE también lo reclamó por su cuenta en 1932 sin continuidad. Nació en 1930 la Derecha Regional Valenciana (DRV) liderada por Luis Lucia, que asumió el regionalismo valencianista y que compitió con el PURA por la hegemonía social en sectores urbanos y rurales. En plena Guerra Civil, cuando Valencia se convirtió en 1936 en capital de la II República, el Comité Republicano Popular, que agrupaba a todas las fuerzas políticas y sindicales contrarias al levantamiento militar, intentó promulgar un Estatuto, al igual que en enero de 1937 la CNT presentó el "Proyecto de Bases para el Estatuto del País Valenciano", integrado por las tres provincias más Murcia y Albacete. Esquerra Valenciana, en febrero de 1937, propuso el suyo: "Avantprojecte d´Estatut de la Regió Valenciana" y en marzo de 1937, la Unión Republicana publicaba un tercer texto. Las fuerzas mayoritarias del PSOE, la DRV y el PURA permanecieron al margen de estos proyectos. Durante el franquismo estas iniciativas quedaron cercenadas. [24]

La proyección teórica e histórica del valencianismo políticoEditar

Desde los años 60, en la clandestinidad, el tema de la cuestión valenciana corrió parejo a las luchas sindicales y políticas contra el franquismo. Estudiantes universitarios de la Universidad de Valencia fueron los primeros en plantear el problema nacional valenciano y en articular pequeñas organizaciones que defendían la identidad valenciana como algo prioritario en sus planteamientos políticos. El Partit Socialista Valencià (PSV) y el sindicato estudiantil Asociación Democrática de Estudiantes Valencianos (ADEV) fueron prehistóricas alternativas orgánicas identificadas con un protonacionalismo valencianista. Pero las bases teóricas de esos movimientos se desprendieron del libro de Joan Fuster "Nosaltres els Valencians" [25]​ junto a la llegada a la Universidad de Valencia de profesores catalanes, discípulos algunos de la escuela del historiador catalán Vicens Vives, (Reglá, Giralt, Tarradell, y después Lluch, Nadal y Fontana) y posibilitaron los estudios sobre la evolución histórica y económica de lo que comenzaba a denominarse País Valencià por la influencia del escritor de Sueca.

El ensayo de Fuster irrumpió en los círculos intelectuales valencianos provocando adhesiones y rechazos, estos especialmente de los sectores políticos y académicos del franquismo y de la derecha histórica. Así, otro de sus libros de divulgación sobre la realidad geográfica, histórica y social del País Valenciano apareció en el decorado de una "falla", aún en el franquismo, dentro de un cubo de basura como repulsa a su visión de la realidad de los valencianos. Actuaría como catalizador político para reivindicar la identidad valenciana que iría desde posiciones radicales y de unidad con Cataluña en los Països Catalans hasta la configuración de opciones más moderadas, a izquierda y derecha, que admitiría la realidad del Estado español e intentaría influir igualmente en los partidos políticos de ámbito español para que reconocieran la personalidad nacional valenciana. No obstante, las opciones en solitarios de un valencianismo de izquierda fracasaron electoralmente, o tuvieron una representación escasa. en las primeras elecciones democráticas de 1977 como el PSPV o la USPV aliada con el PP. Los partidos socialistas valencianistas se integrarán en 1978 en el PSOE que unificó todas las tendencias socialistas. El PSPV-PSOE, que gobernó la Generalitat entre 1983 y 1995 bajo la presidencia de Joan Lerma, incorporó en su argumentario parte del relato histórico del valencianismo fusteriano y asumió también las siglas del socialismo valencianista, aunque de ello no se derivara una política muy distinta a la practicada por los gobiernos del PSOE para España, impulsando en todo caso la normalización lingüística del valenciano en la escuela y fomentando la cultura propia en las instituciones que creó el Estatuto.

Fuster, licenciado en Derecho, tenía una cultura amplia, con la lectura de los clásicos de la Literatura universal, de la valenciana y catalana, de la Teoría Política y de la Historia de los Nacionalismos, con especial referencia a la peculiaridad de Cataluña, su relación con Castilla y su encaje en España. Pero su formación no era sistemática, leía de manera arbitraria todo lo que creía de interés, y a partir de sus múltiples lecturas fue construyendo su tesis sobre lo que consideraba la nacionalidad valenciana, a la que vinculaba como una proyección de la cultura de Cataluña y en eso centró gran parte de sus libros y artículos periodísticos. Se ha señalado que la obra literaria de Fuster está influida por la de Montaigne y Voltaire, y algunos, incluso, lo comparan a Diderot. Su escepticismo vital lo llevaría a desconfiar de la política y de los políticos. No militó en ningún partido político, pero todas las izquierdas valencianas compartieron, en mayor o menor medida, sus reflexiones sobre la lengua de los valencianos. De hecho, escribiría que el País Valenciano era una sociedad sin política y por tanto sin políticos capacitados para hacerla, en el sentido de no haber articulado opciones que lo distinguieran como una unidad social o nacional y por ello concluía que no existía una burguesía "nacional" valenciana como la que se constituyó en Cataluña. El País Valenciano, como entidad nacional, no parecía tener otra salida que unirse a los que hablaban un mismo idioma y habían contribuido, mayoritariamente, a su formación como pueblo. Construyó la teoría de que los repobladores catalanes se habían establecido en el litoral, mientras que los aragoneses en el interior, y por ello aquella zona era de predominio lingüístico catalán. Investigaciones posteriores desmontaron esta tesis al comprobar que la repoblación de unos y otros se asentaron en ambas zonas. Se reivindicaron en 1932, en Castellón, las normas ortográficas del valenciano que conectaba su estructura lingüística con la establecida en Cataluña.

Fue Alfons Cucó, profesor de Historia Contemporánea, uno de los líderes del nacionalista PSPV que acabó integrándose en el PSOE y fue senador durante varias legislaturas, quien buceó con su libro, El valencianisme polític, 1874-1936, [26]​ en la prehistoria de aquellos grupos que desde la Renaixença valenciana habían construido espacios culturales o formaciones políticas que habían hecho del valencianismo el eje conductor de su programa. Interpretó que aquellas organizaciones republicanas de izquierdas y populistas, como la de Blasco Ibáñez, no contribuyeron a la conciencia nacional por su papel sucursalita, al mantener la concepción de la unidad nacional española basada en las élites políticas madrileñas. El blasquismo era, por tanto, un movimiento antivalencianista, en el sentido de no reconocer una identidad nacional propia, independiente de la española. El mismo Vicente Blasco Ibáñez, con su republicanismo anticlerical y españolista, habría impedido el desarrollo de un valencianismo de izquierdas al constituirse como fuerza regionalista y no como una nación independiente. Los republicanos de Blasco creyeron en España como una entidad real a la que había que rescatar de unas clases dominantes que no atendían las reivindicaciones populares. Sin embargo, otros autores, desde posiciones ideológicas distintas, analizaron el fenómeno del blasquismo y su influencia política desde principios del siglo XX hasta la Guerra Civil como una manera de integrar en la política a sectores sociales marginados de ella [27][28][29][30][31]​. La biografía de Javier Varela sobre todos los aspectos de la figura de Vicente Blasco Ibáñez es el texto más definitivo sobre el escritor y político, sin connotaciones ideológicas [32]​. Desde una perspectiva diferente, los estudios de Carles Recio aportaron una información y documentación sobre las raíces históricas del valencianismo político [33]​. A través de un personaje como Josep María Bayarri, admirador de Teodoro Llorente y contrario a la vinculación cultural y política con Cataluña, reconstruye una visión ideológica diferente del valencianismo que tiene sus raíces en la Exposición Regional Valenciana de 1909.

La burguesía agraria o industrial, en la interpretación fusteriana, no había sabido tampoco reconocer el hecho nacional valenciano, vinculándose a los dirigentes del Estado y contribuyendo a asentar el estado liberal español, y de igual manera los republicanismos, el socialismo, el anarquismo o el comunismo no defendieron la identidad valenciana como elemento reivindicativo. A pesar de los intentos de articular en 1907 una "Solidaritat Valenciana", a imitación de la catalana, apenas tuvo proyección, los blasquistas se opusieron y no, como se ha dicho, porque fuera una copia del republicanismo catalán de Lerroux, sino porque creían en una concepción de España que no se acompasaba con lo que iba a significar la Lliga o Esquerra Republicana de Cataluña. El anticlericalismo republicano, -no solo el de Blasco-, junto al socialista y anarquista, arraigó con fuerza en Valencia y Alicante e intentó que las clases populares se liberaran del poder eclesiástico. Pocos en Cataluña rechazaron el símbolo de la abadía de Monserrat, y el Partido Nacionalista Vasco estuvo apoyado desde siempre por la Iglesia vasca.

Las tesis nacionalistas de raíz fusteriana despertarían otro valencianismo contrario a la vinculación histórica y lingüística con Cataluña que intentaría consolidar una opción diferenciada, con referencias a una cultura y a organizaciones políticas propias. Lo Rat Penat o la Real Academia de Cultura Valenciana de 1978, cuyo origen está en el Centro de Cultura Valenciana de 1915, dependiente de la Diputación de Valencia para el fomento de la lengua y la cultura valencianas, siguieron funcionando dentro del marco de la concepción que el franquismo forjó sobre la nación española. Incluso apoyó las bases que en el siglo XIX había desarrollado la Renaixença Valenciana, defensora de un regionalismo acompañado de actos folclóricos como los Juegos Florales o las fiestas populares, pero que no había desembocado en la defensa de una identidad nacional como ocurrió en Cataluña y que la historiografía de izquierdas desacreditó por su falta de ímpetu político. Era, en el caso valenciano, un regionalismo "bien entendido", donde la lengua quedaba limitada al ámbito familiar y el castellano se convertía en hegemónico como lengua vehicular y administrativa, y especialmente entre los inmigrantes de otras partes de España que acudieron a buscar trabajo, a partir de los años 60 del siglo XX, a la Comunidad Valenciana.

 
Bandera propuesta en el Estatuto de Benicasim de 1981.

Desde esta perspectiva, las derechas, franquistas o no, acentuaban las diferencias históricas, culturales o lingüísticas con Cataluña con la pretensión de resaltar una personalidad propia. El pueblo valenciano se concretaba en el antiguo Reino de Valencia, y atribuían a los catalanes la pretensión de extender su espacio geográfico y social con la incorporación del Reino de Valencia para constituirse en Estado independiente. La Academia de Cultura se desvinculó de las normas de 1932 en 1980 y creó unas propias, las Normas del Puig, para acentuar las diferencias con el catalán y reivindicar que el valenciano es una lengua independiente. Oficialmente las normas establecidas por Ley en la Comunidad Valenciana son la de la Academia Valenciana de la Lengua (AVL), fundada en 1998 por el gobierno del PP. No fue fácil llegar a un acuerdo después de varios intentos por el enfrentamiento de las fuerzas políticas valencianas para la aprobación por las Cortes españolas, en 1983, de un Estatuto que diseñaba las instituciones de la Generalitat Valenciana. Durante la Transición política española las polémicas y los conflictos, a veces violentos, entre partidos y movimientos sociales, fueron intensos a propósito del nombre y símbolos que debían caracterizar a la que unos quisieron denominar País Valenciano, otros Reino de Valencia o Región Valenciana, para al final consensuar una denominación aséptica: Comunidad Valenciana. Posteriormente el gobierno de la Generalitat del PSPV-PSOE, con mayoría absoluta entre 1983 y 1987, dispuso que la bandera cuatribarrada llevara la franja azul y el himno fuera el que se compuso para la Exposición Universal de 1909 en la que intervinieron las tres provincias.

El despegue de Unión ValencianaEditar

Sin embargo, el único valencianismo que tuvo una dimensión política significativa entre 1986 y 1999 en términos electorales, para vincularse posteriormente al Partido Popular y desaparecer oficialmente como organización política en 2014, fue el de Unión Valenciana. Nació oficialmente en agosto de 1982 por el impulso del empresario González Lizondo, su principal líder, y del alcalde franquista de Valencia, Ramón Izquierdo. Su fuerza se concentró en la provincia de Valencia, algo en Castellón y nada en Alicante. Se expandió principalmente por la capital y algunas comarcas de la provincia de Valencia y se declaraba, en su origen regional, progresista e independiente, aunque cubrió básicamente el espacio del centroderecha. Consiguió una representación de concejales en la ciudad de Valencia, en Les Corts Valencianas y en el Congreso de los Diputados. Existía el antecedente de Unión Regionalista Valenciana de 1977 que intentará articular a distintos grupos que querían diferenciarse de la izquierda valencianista fusteriana y redactará un proyecto de Autonomía para la nación valenciana, incluso contará con el respaldo de un republicanismo residual a través de ARDE, que conseguirá un escaño en el ayuntamiento de Valencia para Vicente Blasco Ibáñez, nieto del escritor, en las elecciones municipales de 1979. Las disidencias ideológicas entre nacionalistas y regionalistas terminarán con el abandono de muchos militantes que pasarían a la UCD y a una nueva entidad, Esquerra Nacionalista Valenciana-Unión Regionalista Valenciana, de escaso recorrido político, aunque en ella militará González Lizondo.

La base social de UV se extiende entre clases trabajadoras y medias que defienden una identidad valenciana desvinculada de Cataluña y que evolucionará, en los años 90 del siglo XX, hacia un partido político de centroderecha que pretende ser la representación de los intereses valencianos sin depender de organizaciones estatales. Aunque ha sido caracterizado por su anticatalanismo como principal argumento ideológico, y por ser partidarios de la independencia del valenciano con respecto al área lingüística del catalán, su desarrollo tiene una mayor amplitud que el simple rechazo de lo que caracterizó el movimiento "blavero", término despreciativo aplicado a los defensores de la bandera con franja azul como símbolo de la Comunidad Valenciana frente a la cuatribarrada de los llamados fusterianos. Fue un movimiento trasversal que se distinguía por su fuerte oposición a lo que consideraban una tergiversación de la historia y de la identidad valenciana: "no somos catalanes". Con escasa articulación intelectual, escritores como Xavier Casp, Miquel Adlert y Emili Beüt, enclavados en la histórica institución Lo Rat Penat, le dieron su consistencia teórica, aunque ellos mismos, en sus orígenes, participaron de las raíces catalanas del valenciano.[34]​ También sectores del histórico carlismo valenciano (Eduardo Chuliá o Pascual Martín-Villalba), junto a defensores del franquismo, de la UCD y AP-PP, apoyarán este movimiento. Sin embargo, la legitimidad teórica al “blaverismo” se la dará la Real Academia de Cultura Valenciana. UV lo articulará políticamente, pero tendrá un carácter más amplio como movimiento social y cultural. Imprimirá a su formación un carácter regionalista sin negar la realidad de España como entidad superior, aunque también se definirá, en ocasiones, como nacionalista y pretenderá no vincularse con una imagen conservadora. Desde esa perspectiva competirá con Alianza Popular primero y después con el PP, que acabará absorbiéndolo una vez que UV no pueda sostener una estructura orgánica que supere las disidencias entre los distintos líderes y acabe expulsando a su fundador.

En la Coalición Popular que promociona AP, en las elecciones generales de octubre de 1982, se incorporó el recién creado partido de UV y dos de sus miembros, Ramón Izquierdo por Valencia, y Vicente Ramos, por Alicante, obtuvieron escaños en el Congreso de los Diputados. Ramos dimitirá de UV en 1984 después de que, en una Asamblea General, la formación valencianista acentuará, según su criterio, una "maligna dimensión nacionalista" circunscrita a Valencia y con la marginación de Alicante. En las elecciones municipales y autonómicas de 1983 UV de nuevo parte forma de la coalición del centro derecha valenciano, con AP-PL-PDP-UV, que obtendrá el 37,1 % de los votos válidos, con 32 diputados, pero se deshará después de las elecciones y los valencianistas se presentarán en solitario tanto en las generales de 1986 como en las autonómicas de 1987, con el apoyo de la Organización Independiente Valenciana (OIV) que se había constituido con antiguos militantes de UCD y disputará espacios políticos compatibles con AP y posteriormente con el PP. En las elecciones a las Corts de 1987 obtendría el 9,2% de los votos y 6 diputados, principalmente en la provincia de Valencia y escasos resultados en Castellón y Alicante.

Los unionistas tendrán como principal acción política la defensa de lo que consideran la auténtica identidad valenciana, y así González Lizondo, en el Ayuntamiento de Valencia, vota en contra de distribuir una edición de lujo de la obra clásica "Tirant lo Blanch" por estar escrita en catalán. UV también se opone a la LLei d´Ús i Ensenyament del Valencià aprobada por las Cortes Valencianas sin ningún voto en contra. Editaron el Manual del Padre Valencianista para controlar a los profesores que impartían valenciano en las escuelas e Institutos. Lizondo también propuso que los clientes de Bancaja dejaran en sus cuentas solo 100 pesetas, en protesta por los talonarios bilingües que, según él, utilizaban el catalán. Sin embargo, UV tuvo que rectificar a su presidente. En su Congreso de Denia de octubre de 1986 se aprobaron propuestas netamente nacionalistas, como la demanda del concierto económico al estilo de Navarra y Euskadi. No obstante, tendrá en la expansión del CDS de Suárez un competidor por el espacio del centroderecha política, así como con AP y después el PP, pero encontrará en el diario Las Provincias el respaldo de la subdirectora, y después directora, Mª Consuelo Reyna, que entonces formaba parte de la propiedad del periódico. UV tendrá problemas con algunos de sus militantes, como la concejala de Valencia García Broch, representante de las posiciones más conservadoras y radicales del valencianismo de derechas, que abandonaría el partido. A la larga, los enfrentamientos políticos internos entre sectores conservadores y aperturistas, así como las relaciones con el PP, que acabará absorbiéndolo cuando gobierne la Generalitat, agotarán su proyección política.

Las matizaciones y diferencias con la obra de Fuster que remodelaron el valencianismo políticoEditar

Si durante el franquismo la obra de Fuster sirvió como un elemento más del antifranquismo la llegada de la democracia, a partir de finales de los años 70, condujo a la proyección de distintas alternativas políticas que se identificaban con el fusterianismo, total o parcialmente. De tal manera que el valencianismo político quedó dividido entre un valencianismo anticatalanista representado por UV, y el de los partidos de izquierdas que introdujeron en sus programas, en parte o completamente, las tesis fusterianas, aceptando que la lengua tenía su base en la lingüística catalana, la denominación de País Valenciano y la bandera sin franja azul. Pero ello supuso el comienzo de las matizaciones y la crítica de las teorías de Joan Fuster dentro del bloque social y político que durante el franquismo lo había asumido como una forma de lucha contra el mismo. Todo ello produjo una fragmentación del valencianismo por lo que podía asumirse de la identidad valenciana en la sociedad democrática que se estaba configurando en España con la Constitución de 1978. La lucha entre los dos valencianismos provocó conflictos que duraron, y todavía duran en parte, pero que comenzaron a suavizarse o permanecer latentes con la aprobación del Estatuto en 1983 que supuso una cierta transacción entre las partes.

Desde los propios círculos nacionalistas las tesis fusterianas empezaron a ser matizadas y discutidas, sin dejar de reconocer su papel en el impulso intelectual del valencianismo político y convertirse en una especie de catecismo básico del nacionalismo valencianista de las izquierdas. Si el PSOE había tenido como referente histórico a Pablo Iglesias, el valencianismo político lo tendría en Fuster. Otros textos cuestionaron también, en parte, las tesis fusterianas. Ernest Lluch matizará, en "La vía valenciana" [35]​, su interpretación agrarista y resaltará la expansión industrial valenciana y la transformación de su economía, que alcanzaría el 20% de las exportaciones españolas en los años setenta del siglo XX, frente a los sectores financieros y de negocios especulativos ligados al poder político de Madrid. De hecho, el libro "Nosaltres els Valencians" está escrito en un contexto de expansión de la industria valenciana y los servicios, que ya predominaban económicamente sobre la agricultura. En el debate sobre la identidad valenciana, el profesor de Derecho Mercantil de la Universidad de Valencia Manuel Broseta, miembro de la Junta Democrática promovida por el PCE de Santiago Carrillo, que trasmigró desde el antifranquismo a las posiciones anticatalanistas de la UCD en la Transición, defendió que Valencia tenía una personalidad separada de Cataluña. Damià Mollà y Eduard Mira en su libro "De Impura natione" [36]​ calificaron a la sociedad valenciana de "mestiza", formada por una mezcla de culturas ibéricas que darían lugar al abigarramiento valenciano, tesis que resultaría equidistante entre el catalanismo fusteriano y el valencianismo ratpenatista. Proponían lo que se dio en llamar “tercera vía”, un nuevo nacionalismo valencianista con la fusión de la cultura catalana y castellana, puesto que la sociedad valenciana puede ser calificada de "criolla, distanciándose de Madrid y Barcelona [37]​. El trabajo de J. F. Mira "La crítica de la nació pura" [38]​ Premio de Ensayo Joan Fuster 1984, es, aunque se había publicado años antes, una contrarréplica de las tesis de De impura natione. En todo el pensamiento nacionalista de los años 60 del siglo XX de raíz fusteriana subyace un historicismo romántico. [39][40][41][42]​ Lo que fue durante muchos siglos debía seguir siéndolo, y si se había trastocado el sentido de la historia, con el intento de la degradación de la lengua o su persecución, era necesario recuperarla y hacerla hegemónica, como base de la nación valenciana, así como estudiar aquellas instituciones que permitieron, hasta principios del siglo XVIII, mantener una entidad política propia. Los socialistas del PSOE, que mayoritariamente no eran nacionalistas, lo consideraron como una manera subsidiaria de luchar contra el franquismo y reivindicar la democracia, pero no como una necesidad para mantener, como elemento fundamental, la identidad nacional valenciana. La Llei d’Ús i Ensenyament del Valencià fue la aportación más significativa para contribuir, con la lengua, a la reconstrucción de una identidad valenciana. En contraposición a este debate identitario Julián San Valero, Xavier Casp, Domingo Fletcher, Miquel Adler o Antonio Ubieto, discutieron la unidad lingüística y la vinculación con la cultura catalana, destacaban las raíces aragonesas o incluso ibéricas y defendían la denominación Regne de Valencia. [43]

Fue Manuel LLoris, en "Aproximación a Joan Fuster" [44]​, quien hizo una enmienda a la totalidad a las bases teóricas del pensamiento social y político de Fuster. Nacido en Barcelona, pero criado en Alcoi, había pasado una gran parte de su vida académica enseñando cultura española en universidades de EE UU. Su libro fue silenciado y marginado en los círculos académicos y políticos nacionalistas por su crítica radical al escritor de Sueca, al igual que había ocurrido con los libros de Fuster en la sociedad valenciana durante el franquismo. Lloris consideraba que sus raíces localistas, haber nacido en esa ciudad arrocera y proceder de una familia carlista, condicionaban, en parte, su pensamiento, que enlazaba con la escuela sociológica que rebatía las tesis universalistas de la Revolución Francesa –escuela de la que participó Donoso Cortés– que cuestionaba el racionalismo político que la Ilustración había iniciado. El bilingüismo, que Fuster creía nocivo, significaba para Lloris ir contra el proceso social que se iba configurando en el mundo. Criticaba que Fuster se refiriese a los valencianos como un ser colectivo que falla como pueblo normal, porque no existen estudios que lo avalen y porque sus premisas están basadas en una "sociología impresionista" que hace a los valencianos vivir en una pasividad confusa. Según Lloris, ser una sociedad híbrida es un bien porque es capaz de adaptarse al medio, como le ocurre a la sociedad norteamericana. Critica que Fuster se identifique con Cataluña y que se separe de Castilla, sin aclarar qué significa ser de una o de otra. Los valencianos, según las tesis fusterianas, procedemos de los pueblos repobladores que la ocuparon después de la conquista de Jaume I, principalmente catalanes en el litoral y aragoneses en el interior, quienes, junto con provenzales y judíos, asumieron la condición de valencianos.

El poco respaldo electoral que desde la Transición hasta principios del siglo XXI tendrá el valencianismo político de corte fusteriano, que no siempre seguirá las propuestas de Fuster, contrastará con las opciones políticas creadas para configurar partidos con proyección política valencianista en las Cortes Generales o en las valencianas. La nula o escasa representación en ambas instituciones en varias legislaturas provocará una remodelación de las bases ideológicas del valencianismo de izquierdas, o vinculado al concepto de País Valenciano. Y sobre todo al comprobar que opciones como Unión Valenciana, contrarias a lo que representaba en toda su dimensión política y teórica el País Valenciano, tendrá fuerza social y electoral durante varias legislaturas. Unitat del Poble Valencià, fundada como coalición electoral en 1982 y como partido en 1985, asumió la representación del nacionalismo mayoritario de izquierdas. En 1995 formará otra coalición electoral, UPV-Bloc Nacionalista, con distintos grupos valencianistas de izquierdas de poca entidad y se transformará, después de distintos debates y escisiones de personas y grupos, sobre el papel, del valencianismo político, en el partido Bloc Nacionalista Valencià en el 2000, año en que celebró su Congreso Constituyente. Empezó a plantearse si era buena estrategia asumir todo el contenido que había caracterizado al nacionalismo de izquierdas desde los años sesenta del siglo XX, con la fuerte influencia de Fuster. Se cuestionaron los presupuestos del discurso vinculante a los Països Catalans, que solo lo defendía ya el pequeño grupo del PSAN (Partit Socialista d’ Alliberament Nacional), cuando se evidenció el poco respaldo electoral y la reacción social contraria a tal denominación que las derechas utilizaron para aumentar el rechazo y extender la idea de que el nacionalismo de izquierdas conducía al separatismo.

La llegada a la Genaralitat del valencianismo político de izquierdasEditar

Por primera vez y después de 20 años de gobiernos el Partido Popular en la Generalitat Valenciana gobernó durante 20 años (1995-2015), con el control de las tres Diputaciones, y 24 años ostentado el poder en el Ayuntamiento de Valencia (1991-2015), sin que la política lingüística tuviera retrocesos. Desde las elecciones autonómicas y municipales de 2015, el Ejecutivo de la Generalitat pasó a depender de una coalición de gobierno entre el PSPV-PSOE y los sectores de la izquierda nacionalista agrupados en Compromís del País Valencià, liderado por Mónica Oltra y el apoyo parlamentario de Unidas Podemos. Compromís estaba formado, a su vez, por una coalición entre el Bloc Nacionalista del País Valencià, Iniciativa del Poble Valencià (escisión de Esquerra Unida) y el Verds-Esquerra Ecologista, Desde 2007, Oltra formaba parte de la corriente interna de Esquerra Unida (EU), Esquerra i País del País Valencià, pero acabó enfrentada con el PC, se escindió de EU y reforzó su liderazgo de la Coalición Compromís del País Valencià. Suponía la entrada en las Instituciones de la Comunidad Valenciana de partidos que reivindicaban un valencianismo de izquierdas, y por tanto la revitalización, en parte, de las tesis de Joan Fuster, incluyendo al PSPV-PSOE, dirigido por Ximo Puig, procedente de los sectores nacionalistas de dicho partido, convertido en presidente de la Generalitat por tener el mayor número de diputados.

La Autonomía Valenciana ha tenido un comportamiento equilibrado entre las dos principales fuerzas políticas, como ninguna otra autonomía española, puesto que tanto el PP como el PSOE han abarcado periodos de gobierno similares, (20 años cada uno), desde la aprobación del Estatuto en 1983 hasta 2023. Y se ha mantenido el bilingüismo, con la convivencia del valenciano y el castellano sin especiales problemas, con la cada vez mayor aceptación de la unidad lingüística entre valenciano, balear y catalán. En el caso de que esta relación de equilibrio social pudiera romperse por la intensificación de políticas lingüísticas que pretendieran la hegemonía del valenciano sobre el castellano, de acuerdo con ciertas tesis del valencianismo político de raíz fusteriana, podrían generarse, a la larga, conflictos como los vividos en el pasado. E igualmente habría reacciones ante propuestas que rehabilitaran la configuración de los llamados Països Catalans.

Véase tambiénEditar

ReferenciasEditar

  1. I malgrat tot, valencians, encara Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine. artículo de Albert Montón sobre el libro de Vicent Sanchis. Publicado el 28 de mayo de 2013 (en catalán)
  2. a b Català i Oltra, 2012, p. 581.
  3. Iborra, Josep (1995). La trinxera literària, 1974-1990: estudis sobre literatura Catalana al país Valencià (en catalán). Universitat de València. ISBN 9788478266265. Consultado el 4 de diciembre de 2018. 
  4. González, Damián A.; Heras, Manuel Ortiz; Garzón, Juan Sisinio Pérez. La Historia, lost in translation?: Actas del XIII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea. Ediciones de la Universidad de Castilla La Mancha. ISBN 9788490442654. Consultado el 4 de diciembre de 2018. 
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  10. Temps d'acció, página 145, Editorial Denes
  11. Ripoll Domènech, 2010, p. 85
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  13. Archilés Cardona, Ferran. «La identitat valenciana a l'època contemporània: una perspectiva històrica». En Vicent Flor i Moreno, ed. Nació i identitats, pensar el País Valencià (en valenciano). pp. 36-38. ISBN 978-84-92512-80-2 |isbn= incorrecto (ayuda). 
  14. a b Archilés Cardona, Ferran. «La identitat valenciana a l'època contemporània: una perspectiva històrica». En Vicent Flor i Moreno, ed. Nació i identitats, pensar el País Valencià (en valenciano). pp. 32-33. ISBN 978-84-92512-80-2 |isbn= incorrecto (ayuda). 
  15. I malgrat tot, valencians, encara Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine. article d'Albert Montón sobre el llibre de Vicent Sanchis. Publicat el 28 de maig de 2013 - Sobre la nació dels valencians, de Joan Francesc Mira, mereix justament molt més crèdit, perquè perfila en el terreny de les idees allò que el valencianisme polític havia assumit gairebé des de la dècada de 1970: la dissociació entre el concepte de Països Catalans com a unitat lingüística i cultural i del territori del País Valencià com a àmbit estricte d'actuació política del nacionalisme valencià.
  16. Compromís: con falda y cuatribarrada en apoyo a la indenpendencia escocesa
  17. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 136.
  18. a b Sanchis i Llàcer, 2012, p. 152.
  19. Sanchis i Llàcer, 2012, p. 169.
  20. a b Estratègies polítiques i identitat col·lectiva al País Valencià Archivado el 11 de noviembre de 2013 en Wayback Machine., Pere Arberola i Garcia
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BibliografíaEditar

  • Català i Oltra, Lluís (2012). Fonaments de la identitat territorial amb especial atenció a la identitat nacional. El cas valencià: discursos polítics sobre la identitat valenciana entre els militants de base del Bloc, EUPV i PSPV-PSOE. Universitat d'Alacant. 
  • Cassasas, Jordi (septiembre de 2012). Atles del catalanisme. Barcelone: Enciclopèdia Catalana. p. 334. ISBN 978-84-412-1952-6. 
  • Cucó, Alfons (1971). El valencianisme polític. 1874-1936. Valencia: Garbí. p. 472. 
  • Sanchis Guarner, Manuel (2009) [1933]. La llengua dels valencians. Valencia: Tres i Quatre. p. 394. ISBN 978-84-7502-082-2. 
  • Sanchis i Llàcer, Vicent (2012). Valencians, encara. Cinquanta anys després de Joan Fuster. Barcelona: Proa. ISBN 978-84-7588-359-5. 

Enlaces externosEditar

  •   Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Nacionalismo valenciano.
  • La polémica identidad de los valencianos: a propósito de las reformas de los Estatutos de Autonomía, de Joaquín Martín Cubas, Universidad de Valencia.
  • Valencianisme.com Valencianisme.com (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial, la primera versión y la última).
  • Antiblavers (en catalán)


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