Lengua de madera es una adaptación al español de la expresión francesa Langue de bois. Muy utilizada en el lenguaje político, se refiere a la utilización de un lenguaje vago, impreciso, pomposo o engañoso para desviar la atención del público de los asuntos verdaderamente importantes, maquillar la realidad, ocultar las verdaderas opiniones del hablante o eludir sus responsabilidades.
La expresión lengua de madera, que en algunos casos se emplea también en español, es un calco de la francesa langue de bois, muy extendida en el lenguaje político de ese país, en que se le han dedicado numerosos estudios.[1] Se puede definir como un conjunto de procedimientos que, mediante el uso de artificios, intentan disimular el pensamiento de quien la utiliza para así influir mejor y controlar el pensamiento de los demás. Convencional, prefabricado, desconectado de la realidad, este discurso reconstruye lo real repitiendo incansablemente las mismas palabras y fórmulas estereotipadas, los mismos lugares comunes, los mismos términos abstractos. No hay en él información verificable ni argumento susceptible de ser contradicho, sino aserciones retóricas, falsas evidencias, omisiones voluntarias, eufemismos continuos, metáforas gastadas, comparaciones vagas y tautologías; se recurre continuamente a la voz pasiva que oculta cualquier responsabilidad individual —el famoso «se han cometido errores» o mistakes were made— que se ha convertido en frase hecha en inglés- se trufa con neologismos y expresiones aparentemente sabias que impresionen. La lengua de madera cuenta con recursos inagotables para ocultar fingiendo que muestra, para eludir dando la impresión de que afronta los problemas, para intoxicar con falsas verdades, para manipular al otro halagando su razón.[2]
Aunque no hay un acuerdo general, la opinión más extendida es que sus raíces están en el mundo comunista; se suele citar al polaco refugiado en París, Czesław Miłosz, que en 1953 escribió a propósito de un personaje sometido al régimen: «Gritará de desesperación, porque sabe que lo que escribe es madera»;[3] pero el sentido aquí no está claro. Más cercana a la utilización actual es la mención que hace Edgar Morin, en 1961 en un artículo referido a China: «La lengua de madera utilizada por el partido traduce, como toda lengua ritual, un rechazo o una impotencia para formular la realidad de los hechos».
A comienzos de los 70 aparecen más menciones, así Guilles Martinet en 1971, en Les Cinq Communismes, habla de «la "espantosa" lengua de madera de los aparatchiki que recuerda la jerga de los médicos de Molière»; pero es en los 80 cuando se extiende el uso en Francia; así en agosto de 1981 langue de bois entra en la Enciclopedia Larousse, definida como la «fraseología estereotipada utilizada por ciertos partidos comunistas y por los media de diversos Estados en los que ocupan el poder». En los años ochenta la expresión se asociaba al totalitarismo soviético y a su fraseología, reflejo del dogmatismo ideológico de la propaganda oficial.[4] La acepción del sintagma era, pues, mucho más restringida; hoy se emplea para referirse al lenguaje de los políticos de los países democráticos.
Y, enseguida, su acepción sobrepasó las frontera de la Europa de Este para aplicarse a la logomaquia, el arte de hablar para no decir nada, lo que habitualmente se atribuye a los adversarios políticos.
Hay términos emparentados con la forma langue de bois en otras lenguas, el alemán Betonsprache ('lengua de cemento'), politichese en italiano o double-speak en inglés —esta última relacionada con el doblepensar orwelliano—; pero probablemente sea la expresión francesa la de contenido más amplio.
Se pueden distinguir dos acepciones de la expresión langue de bois, que se relacionan con dos momentos históricos, pero que coinciden en el objetivo, ocultar la verdad.
En la primera, correspondiente a la época soviética o totalitaria en general, la palabra política es exclusiva, un puro instrumento de control del pensamiento, el lenguaje es monolítico y se dirige a prohibir la reflexión autónoma mediante estructuras prefabricadas. Es la imagen que nos traslada George Orwell en 1984 —escrita en plena posguerra, entre 1947 y 1948—; a sus ojos, la URSS es una logocracia, un régimen que para dominar los cerebros monopoliza las palabras y el sentido que deben tener, es el Newspeak ('neolengua' o 'novalingua'), un filtro implacable que conforma la realidad a la ideología mediante el uso de todo tipo de artificios, desde la metáfora a la tautología. Una lengua de madera que tiene en la omisión y el eufemismo sus armas más poderosas.
En parecidas fechas —años 30 y cuarenta— el filólogo alemán Victor Klemperer va elaborando clandestinamente un análisis del lenguaje nazi que se publica por primera vez en Alemania en 1947.[5] En él se encuentran características semejantes al Newspeak orwelliano: señala que, como quería Goebbels, la forma en que entró la LTI —abreviatura que utiliza para referirse a la lengua del Tercer Reich o Lingua Tertii Imperii— fue mediante la repetición de palabras y frases hechas, formas que oídas millones de veces se adoptaron de modo mecánico e inconsciente.[6] Algunas de sus principales características, propias de una lengua de madera, son su pobreza, fruto de un absoluto control y de la unidimensionalidad de sus planteamientos y su tono declamatorio, no dirigido a la razón sino a los sentimientos, lo importante no es el mensaje, la transmisión de ideas sino la apelación a las emociones.[7]
En la segunda acepción, lengua de madera se refiere a la lengua política en sociedades democráticas; aquí las idea políticas conforman una pluralidad, hay competencia y, por ello, la lengua de madera debe seducir, convencer, descalificando al rival. Hay que conocer bien al auditorio, halagarlo mediante ideas simples que se recubren con un manto de supuesto sentido común popular; en definitiva, abrir las puertas a la demagogia. Para alcanzar el objetivo de controlar el pensamiento se utilizan distintos medios: evitando las cuestiones problemáticas al tiempo que se finge estar respondiendo, ocultando cuidadosamente los auténticos objetivos o las ambiciones personales tras la vaguedad de fórmulas mecánicas o pomposas, dando la impresión de describir una realidad al tiempo que se disimula, omitiendo las informaciones relevantes y destacando lo inane, enmascarando la fragilidad de los argumentos tras generalidades poco comprometedoras para, finalmente, exponer como evidencia lo que no es sino un punto de vista ideológico. Orwell analizó la lengua de madera democrática en un artículo aparecido en 1946, «Politics and the English Language».[8] En él Orwell caracteriza el inglés de ese momento, especialmente el lenguaje escrito y, más aún, el político, como una mezcla de vaguedad e incompetencia. Se evita la creación personal, se diluye lo concreto en lo abstracto y se emplean formas manidas, un lenguaje prefabricado. Concreta esta perversión del lenguaje en los siguientes usos:
La lengua de madera en países democráticos evoluciona en función de las sociedades. Christian Delporte señala varias características que han tomado fuerza en los últimos años:[9]
La locución lengua de madera tiene un uso creciente en español en medios periodísticos y políticos,[10] aunque no está recogida en los diccionarios más usados. En muchas de las ocasiones en que se utiliza, el autor hace referencia a su origen francés para explicar su significado, prueba de que no está totalmente integrada aún en nuestro idioma.[11][12][13]
No obstante, es una prueba de su vigencia que también la encontremos utilizada ya sin referencia a la forma francesa,[14] como en esta mención de un político andaluz a una compañera de partido:
Nuestro problema hoy es de credibilidad y ella es creíble porque dice lo que siente, porque además lo dice con mucha claridad, porque nunca habla con lengua de madera, porque prefiere una idea creativa a una frase ocurrente.Discurso apertura congreso extraordinario PSOE-A (2013), Jose Antonio Griñán. [15]