El herpes labial, también conocido como calentura o fuego, es una infección causada por el virus del herpes simple (HSV) que afecta principalmente al labio.[1] Los síntomas más habituales son quemazón y prurito acompañados de, la aparición de pequeñas vesículas o úlceras.[1] Durante el primer episodio también puede haber fiebre, dolor de garganta y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos (adenopatías).[1][8] La erupción cutánea suele curarse en 10 días, pero el virus permanece latente en el ganglio del trigémino.[1] El virus puede reactivarse de forma recurrente con el brote de nuevas vesículas en la boca o el labio.[1]
![]() Herpes del labio inferior. La flecha señala una agrupación de vesículas. | ||
Especialidad | Infectología | |
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Síntomas | Sensación de quemazón y posterior aparición de pequeñas vesículas o úlceras[1] | |
Complicaciones | Encefalitis herpética, panadizo herpético[2] | |
Inicio habitual | < de 20 años[1] | |
Duración | Unos 10 dìas[1] | |
Causas | Habitualmente herpes simplex virus tipo 1 (por contacto directo)[1][3] | |
Diagnóstico | Sintomático[1] | |
Diagnóstico diferencial | Herpangina, estomatitis aftosa, impétigo, mononucleosis[4] | |
Prevención | Evitar la exposición, medicación antiviral[5][6] | |
Tratamiento | Óxido de zinc, anestésicos tópicos o crema antiviral[1] y antivirales orales[5] | |
Pronóstico | Bueno[1] | |
Frecuencia | 2,5 por 1000 personas/año[1] | |
Sinónimos | ||
Calentura,[1] herpes labial, herpes labial recurrente[5] herpes orolabial[7] | ||
La causa más frecuente es el virus del herpes simple tipo 1 (HSV-1) y, en ocasiones, el virus del herpes simple tipo 2 (HSV-2).[1] El contagio se produce, sobre todo, por contacto directo no sexual.[3] Los principales desencadenantes de nuevos brotes son la luz solar, la fiebre, el estrés psicológico o el período menstrual.[1][8] El contacto directo con los genitales puede causar herpes genital.[1] La mayoría de casos se pueden diagnosticar a partir de los síntomas, pero existen pruebas específicas para confirmar la infección.[1][8]
Algunas medidas que ayudan a prevenir el contagio son evitar besar a una persona que presenta infección o compartir objetos personales.[6] Como tratamiento se pueden usar pomadas de óxido de zinc y cremas anestésicas o antivirales, que parecen acortar discretamente la duración de los síntomas.[1] Los fármacos antivirales también reducirían la frecuencia de los brotes.[1][5]
Al año, aproximadamente 2,5 personas de cada 1000 sufren brotes[1] y hasta un 33 % de los pacientes padecerán recurrencias tras el primer episodio.[1] En la mayoría de los casos, el primer episodio sucede antes de los 20 años y a esta edad el 80% de la población ha desarrollado anticuerpos contra el virus.[1] Los pacientes que presentan episodios de repetición suelen tener menos de tres brotes al año.[9] Además, con el tiempo disminuye la frecuencia de los brotes.[1]