Francisco Echenique Anchorena (Elizondo, España 26 de junio de 1880- Elizondo, 19 de junio de 1948) fue un fotógrafo, dibujante y pintor navarro perteneciente a la escuela del Bidasoa. Sus retratos paisajistas y fieles recreaciones del mundo rural lo convirtieron en uno de los pintores más ilustres del siglo XX.
Francisco Echenique Anchorena | ||
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Información personal | ||
Nacimiento |
26 de junio de 1880 Elizondo, España | |
Fallecimiento |
19 de junio de 1948 Elizondo, España | |
Causa de muerte | Cáncer | |
Residencia | Elizondo, España | |
Nacionalidad | Español | |
Educación | ||
Educación | Básica | |
Información profesional | ||
Ocupación | Fotógrafo, dibujante y pintor | |
Nace en 1880 en la capital de la comarca baztanesa, Elizondo, concretamente en la casa Tellagorria. De familia humilde, acude a la escuela de su localidad natal hasta los 12 años, momento en el cual ingresa a trabajar de ayudante en el Ayuntamiento. Francisco no abandonará las labores administrativas hasta el final de sus días.[1]
Hombre inquieto, vive el apogeo de un nuevo invento, la fotografía, convirtiéndose en un apasionado de dicha creación. En ningún momento acude a una academia o institución artística, sino que aprende y desarrolla su arte de una manera autodidacta.
En un principio, comienza su carrera como fotógrafo artístico y consigue que se le galardone por los ayuntamientos de Pamplona y Buenos Aires en 1907 y 1908.[2]
Pese a ello considera que la fotografía no permite expresar la espiritualidad de la realidad, con lo cual comienza a centrarse a principios de siglo en el dibujo y la pintura. A través del dibujo y la pintura comienza a pintar el mundo que lo rodea, centrándose en el paisaje. Si el dibujo muestra retratos, la pintura al óleo se centra en los paisajes. Expuso varias veces en País Vasco y Navarra, hasta su muerte, por cáncer, en 1948.
Echenique Anchorena fue un dibujante y pintor centrado sobre todo en los paisajes. Paisajes predominantemente silenciosos, donde la naturaleza y los caseríos son abundantes. Siempre desde una óptica silenciosa, donde el ser humano se muestra ausente. Mención especial al caserío, que ocupa muchos de sus cuadros como figura principal, otorgándole un cierto carácter místico. Otra figura material de la naturaleza destacable es el árbol. Francisco muestra un amor y una devoción a lo largo de su trayectoria por los árboles, con los cuales juegan en sus cuadros convirtiéndoles en portadores de la luz y la sombra.[3]
El aire y la luz se convierte en los elementos centrales indirectos que dotan de significado a sus obras, siendo los motores centrales. La luz la usa para dar vida al cuadro y el aire escenifica la atmósfera. Sin embargo, usa el monte como su opuesto para generar un contraste de tonalidades, siendo dicha montaña el contrapunto realista.
En la trayectoria del artista se pueden diferenciar, relativamente, 3 etapas:[4]