La etapa inglesa de Canaletto comprende el período entre 1746 y 1754, cuando Canaletto se instala en Inglaterra,[1] país donde, al ser el pintor favorito de la nobleza británica del siglo XVIII, encuentra un gran número de clientes.[2]
En parte, su traslado se debe a la guerra de sucesión austriaca (1741-1748) que hizo que los visitantes ingleses, principales clientes de Canaletto que adquirían sus cuadros como recuerdos dentro del denominado Grand Tour, no visitasen Venecia.[3][4]
En Inglaterra se dedica a pintar Londres y la campiña inglesa con encargos de varios nobles que también querían cuadros de sus mansiones y castillos, como el Castillo de Alnwick. Un paisaje de Alnwick se conserva en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.
En general el trabajo de este periodo pierde calidad: pierde fluidez y la técnica se convierte en mecánica. Esta caída de calidad culmina con las críticas del crítico de arte George Vertue, quien llega a decir que el Canaletto llegado a Londres era un impostor. El artista por culpa de estas críticas se vio obligado a realizar demostraciones públicas de pintura para desmentir está acusación; con todo, su reputación nunca más se recuperó en su vida.