Las estrategias de afrontamiento (a veces llamadas con el término inglés coping y su castellanización copear) hacen referencia a los esfuerzos, mediante conducta manifiesta o interna, para hacer frente a las demandas internas y ambientales, y los conflictos entre ellas, que exceden los recursos de la persona. Estos procesos entran en funcionamiento en todos aquellos casos en que se desequilibra la transacción individuo-ambiente. Se trata de un término propio de la psicología y especialmente vinculado al estrés.
Cuando un organismo, especialmente el ser humano, se encuentra frente a demandas ambientales que exceden o desafían sus capacidades, pone en marcha una serie de conductas, que pueden ser manifiestas o encubiertas, orientadas a restablecer el equilibrio en su transacción con el ambiente (más específicamente en la transacción persona-ambiente) o, al menos, a reducir el desequilibrio percibido y las consecuencias aversivas derivadas del mismo. El mecanismo por el que estas conductas modulan el impacto y efectos de la fuente de amenaza es mediante los cambios que introducen en los procesos valorativos.
Así, cuando una persona se enfrenta a una situación que le puede producir estrés o ansiedad pone en marcha las estrategias de afrontamiento, que son de carácter intencional, deliberado e involuntario.
Dentro del enfoque cognitivo-conductual y centrándonos en el ser humano, hay dos formas de entender las estrategias de afrontamiento
Inicialmente se mencionaban solo Estrategias de afrontamiento centradas en el problema y centradas en la emoción:
Posteriormente se han ido mencionando otras estrategias como: