Eduardo Navarro Sánchez-Salvador,[1] más conocido como Eduardo Navarro Salvador (Logroño-†Madrid, 22 de abril de 1939)[2] fue un estadístico, periodista y publicista español.[3]
Eduardo Navarro Salvador | ||
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Información personal | ||
Nacimiento | Logroño (España) | |
Fallecimiento |
22 de abril de 1939 Madrid (España) | |
Residencia | Calle del Noviciado | |
Información profesional | ||
Ocupación | Militar, escritor, periodista, estadístico y filatelista | |
Escritor y militar de profesión,[4] desde principios del siglo xx fue redactor del diario liberal Heraldo de Madrid, así como de El Reformista Pedagógico y de la revista La Escuela Moderna, donde escribió numerosos artículos sobre la educación y el analfabetismo en España y en otros países.[5]
Ya en 1911 había colaborado con el carlista Severino Aznar en un asunto de estadísticas.[6] De inclinaciones germanófilas (argüía que Alemania y Austria eran países laboriosos y cultos que solo querían la victoria para vivir en paz),[7] durante la Primera Guerra Mundial empezó a escribir para el diario tradicionalista El Correo Español, en el que estuvo a cargo de la sección de estadísticas.[8] En 1919 pasó a colaborar con El Siglo Futuro.[9] Fue asimismo redactor de El Correo de Zamora, la Gaceta de los Caminos de Hierro y La Correspondencia de España,[3] entre otros.
Perteneció como estadístico a la Real Sociedad Geográfica.[10] En 1923 Miguel Peñaflor publicó un artículo en el que afirmaba dudar que entre los españoles alfabetos existiese alguno que no hubiese leído trabajos periodísticos de Eduardo Navarro Salvador, a quien definía como un ejemplo de patriota, añadiendo en broma que padecía «la obsesión de las estadísticas».[11]
Dedicado también a la filatelia, en 1928 elaboró sellos con las efigies del papa Pío XI y del rey Alfonso XIII;[12] y en 1930 editó sellos dedicados a Francisco de Goya[13] y dirigió la emisión de una serie de estampillas conmemorativas del descubrimiento de América.[14][15]
Durante la guerra civil estuvo encarcelado en el Madrid republicano debido a sus afinidades ideológicas. Falleció a consecuencia de su largo cautiverio en abril de 1939,[3] a los setenta años de edad.[2] La Editorial Tradicionalista y el personal sobreviviente de El Siglo Futuro publicó una esquela en la que se incluía su nombre entre los trabajadores y colaboradores de este diario muertos por los ideales tradicionalistas de «Dios, Patria y Rey».[16] Había quedado viudo un año antes de su muerte. No tuvo hijos.[1]