Las cerezas secas son un tipo de fruta seca. Consisten en cerezas que se han sometido a un proceso de secado.
Un método para producir industrialmente cerezas secas implica mojarlas primero en una solución en evolución de carbonato de sodio al 0,5–2% durante hasta veinte segundos y lavarlas entonces en agua fría, lo que provoca pequeñas grietas en la piel y acelera el proceso de secado. Otros posibles materiales para la solución de remojo incluyen oleato de etilo y alcohol oleílico; la adición de álcalis como el carbonato potásico a esta solución no ha mostrado efectos positivos en el tiempo de secado. Estos efectos ya han sido demostrados en investigaciones de los años 1940.[1] Las cerezas secas también pueden producirse mediante liofilización o secado al aire.[2] Tras el secado, suelen tener un contenido húmedo de cerca del 25%.[1] Añadir dióxido de azufre puede ayudar a mejorar el color y a mantener el sabor durante largos periodos de tiempo.[3]
Las variedades dulces recomendadas para secar incluyen Lambert, Royal Ann, Napoleon, Van y Bing; las variedades agrias recomendadas incluyen Early Richmond o Large Montmorency.[3] Los primeros experimentos registrados intentando secar cerezas agrias Montmorency fueron realizados a finales de los años 1970 por profesores de la Universidad Estatal de Utah. Tras secar las cerezas, fueron cubiertas de azúcar y degustadas como «cerezas nevadas».[4]
Los crow suelen usar cerezas secas molidas finas para producir pemmican.[5]
Ya en la antigüedad Plinio el Viejo había reconocido que las cerezas secas tenían efectos diuréticos, y las mencionó brevemente en su descripción de plantas medicinales recogida en los libros XX–XXVII de su Naturalis Historia.[6]