Casa de Campo es una novela del escritor chileno José Donoso que fue publicada en 1978.[1] Desde la perspectiva sociológico-literaria, se la ha considerado como una alegoría política de la dictadura en Chile durante la década de 1970. Por esta obra, Donoso recibió el premio de la Crítica de narrativa castellana en 1979.[1][2]
Casa de Campo es la obra maestra de Donoso y tal vez, una de las grandes obras de la narrativa actual en lengua castellana. El horizonte cultural de la novela es complejo y por momentos fascinante. Donoso volcó aquí su conocimiento apasionado de la pintura, de la música, de la literatura, de la historia europea e hispanoamericana [...] la voz del autor, el recurso al artificio narrativo, siempre están presentes. Hay un tejido denso, una verdadera selva de significados y de símbolos. En alguna medida, Casa de Campo no evita los recursos clásicos de la novela de aventura.Prólogo de Jorge Edwards en Casa de campo, de la Editorial Universitaria.[cita requerida]
Donoso comenzó a escribir Casa de campo en Calaceite[1] (España) y demoró ocho años en terminarla.[2] La novela ha tenido ediciones de Alfaguara, Seix Barral, Punto de Lectura y Editorial Universitaria.
El libro se compone de dos partes, con siete capítulos cada una. La primera parte se denomina "La partida" y la segunda, "El regreso".
El estilo de José Donoso se caracteriza por la complejidad de su narración debido a los múltiples puntos de vista, diferentes tipos de narradores presentes en el relato gracias a los cambios de foco —autor-creador, omnisciente, testigo, protagonista—, donde convergen el autor, el escritor, el narrador, con el metarrelato oculto tras las máscaras en los niveles textual y argumentativo. Así, el límite entre la realidad y la ficción no es fácil de distinguir para el lector, que se transporta a la novela como un personaje ficticio constituido por el narrador y sus personajes, oculto por múltiples disfraces, como una ficción de otra ficción, en lo que Norman Friedman llamaría la «omnisciencia múltiple y selectiva» puesto que el narrador vincula en el propio relato elementos extra-textuales; el autor y el lector, como parte del mundo real discursivo mediante la verosimilitud y alusiones irónicas de su propio contexto social, político e histórico de Chile tras la dictadura militar, que intenta ridiculizar el poder totalitario de la época, alegorizando incluso con el poder del narrador omnisciente.[cita requerida]
Según la perspectiva sociológico-literaria de Luis Íñigo-Madrigal, los personajes de esta novela son símbolos: Los adultos representan políticamente a la oligarquía; los niños, a las capas medias de la sociedad; los nativos, al proletariado; y la servidumbre, a los aparatos represivos del Estado y de las Fuerzas Armadas.