Carlo Perrier (Turín, Italia, 7 de julio de 1886 - Génova, 22 de mayo de 1948) fue un químico y mineralogista de origen italiano, que descubrió el tecnecio en 1937 junto a su compatriota Emilio Gino Segré de la Universidad de Palermo.
Carlo Perrier | ||
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Información personal | ||
Nacimiento |
1887 o 7 de julio de 1886 Turín (Reino de Italia) | |
Fallecimiento |
22 de mayo de 1948 Génova (Italia) | |
Nacionalidad | Italiana (1946-1948) | |
Información profesional | ||
Ocupación | Mineralogista, físico y químico | |
Empleador | ||
Nacido en Turín en 1886, finaliza sus estudios de química en esa ciudad (1908) y obtuvo más tarde su doctorado en química en la Universidad de Turín. Trabajó durante algún tiempo en el laboratorio de Baur en Zúrich, sobre temas de físico-química. A su regreso a Italia, en 1913, volvió su interés hacia la mineralogía, y se unió a la escuela de Ferruccio Zambonini.
Enseña en las universidades de Nápoles y de Turín como profesor ayudante hasta 1921, cuando es nombrado director del Laboratorio Químico-Petrográfico del Ufficio Geologico en Roma. Consigue puesto definitivo de profesor y enseña en las universidades de Messina (1927-29) y Palermo (1929-1939).[1]
Desde 1939 ejerció como profesor de mineralogía en la universidad de Génova,[2] siendo jefe del Instituto de Mineralogía hasta su muerte en 1948.[3]
En su honor recibe el nombre de perrierita un mineral encontrado en Nettuno (Lazio), un silicato de tierras raras, hierro, manganeso y titanio.[3]
El isótopo 97 del tecnecio (97Tc) fue el primer elemento químico producido artificialmente. Lo descubrieron Carlo Perrier y Emilio Segré en la Universidad de Palermo,[4] analizando blancos de molibdeno que habían sido bombardeados con deuterones (iones de hidrógeno pesado, 2H+).[5] en el ciclotrón de la universidad de Berkeley[6]