La batalla de Burdigala fue un enfrentamiento militar ocurrido en 107 a. C. entre la tribu de los tigurinos y las legiones romanas dentro del contexto de la Guerra cimbria.
Batalla de Burdigala | ||||
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Parte de Guerra cimbria | ||||
![]() Romanos bajo el yugo, pintura de Gleyre Charles, 1858. Representación de la humillación de los legionarios. | ||||
Fecha | 107 a. C. | |||
Lugar | Burdigala, actual Burdeos (Francia) | |||
Resultado | Victoria celto-germánica | |||
Beligerantes | ||||
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Comandantes | ||||
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Fuerzas en combate | ||||
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Después de vencer al cónsul Cneo Papirio Carbón, los cimbrios y teutones se dirigieron a la Galia.[2] En el 109 a. C., el cónsul Marco Junio Silano marchó contra los bárbaros con probablemente dos legiones.[3] Los cimbrios enviaron embajadores para solicitar tierras donde asentarse, pero el Senado los ignoró.[4] Silano fue vencido completamente[5] en un lugar desconocido de la Galia Transalpina, posiblemente cerca del río Ródano, a unas 100 millas al norte de Arausio.[6]
La marea humana incluía a los cimbrios,[7] teutones[2] y tigurinos.[8] Se habían aliado con los volcas tectósages, habitantes del área donde se habían instalado, cerca de Tolosa (Toulouse).[6] Lucio Casio Longino se hizo famoso en 111 a. C., cuando siendo pretor convenció al rey de Numidia, Jugurta, de venir a negociar a Roma.[9] Electo cónsul fue puesto al mando de dos legiones de ciudadanos romanos más las alae aportadas por los socii itálicos.[3]
El primer combate se debió dar justo a las afueras de Tolosa y empezó bien para los romanos, vencieron a los bárbaros y capturaron sus carromatos con todas sus posesiones. Por dos semanas,[1] Casio persiguió a sus enemigos en dirección al océano Atlántico,[10] llegando hasta Burdigala (Burdeos), oppidum sobre una colina donde los bárbaros reunieron a sus fuerzas, recibieron refuerzos y prepararon las defensas. Seguramente, Longino ya se sentía vencedor y después de dejar en el castra (campamento) una guarnición de cinco cohortes procedió a avanzar con el grueso de sus soldados, pero sin enviar exploradores ni organizar a sus hombres adecuadamente para el combate.[1] Cayó en una emboscada, rodeado y muerto[10] en territorio de los nitióbroges.[11] Probablemente sus errores le impidieron formar rápida y adecuadamente una formación defensiva.[1] El legado Lucio Calpurnio Pisón Cesonino también falleció.[12]
El único alto oficial vivo era Cayo Popilio Lenas, queda a cargo de los sobrevivientes que huyeron al campamento.[12] Probablemente se escucharon los gritos de la carnicería y vio llegar a los grupos de supervivientes, para verse rodeados de una horda de millares de bárbaros victoriosos.[1] Debió ser algo terrorífico para un oficial joven y con muy pocos soldados.[13] Para evitar una masacre inútil y ser torturado y ejecutado de una forma bestial si era capturado, se rindió.[14]
Él negoció la entrega de rehenes y la mitad de las posesiones de los legionarios a cambio de dejarlos ir desarmados[15] después de pasar por el yugo (como en Horcas Caudinas).[16] La humillación probablemente marcó a Lenas de por vida y condenó su carrera política.[14] Debió volver a Roma, donde sería juzgado por este acto pero dadas las circunstancias, absuelto.[17]
Al año siguiente, otro cónsul, Quinto Servilio Cepión, marchó a la Galia a sofocar una rebelión y capturó la ciudad, en donde tomó una enorme suma de dinero, el Aurum Tolosanum, «Oro de Tolosa». Parte de ese dinero desapareció misteriosamente cuando se transportaba a Massilia (Marsella).[18] Finalmente en el año 105 a. C. Quinto Servilio fue vencido en Arausio.[7]
El procónsul Cayo Julio César tuvo muy presente la suerte de Casio cuando enfrentó a los helvecios medio siglo después en Bibracte.[16]