Arcobacter es un género de bacterias descrito por primera vez en 1991 por Vandamme y colaboradores[1] dentro de la familia Campylobacteraceae. Actualmente el género se compone por 33 especies validadas,[2] de las cuales 18 han sido descritas a partir de 2015. Los aislamientos de dichas especies se ha realizado de numerosas fuentes: ambientales (aguas de río, aguas fecales, aguas de ambientes salinos, raíces de Spartina alterniflora),[3] agroalimentarios (ganado porcino y bovino, aves de corral, marisco y moluscos, verduras y hortalizas)[4] y clínicos (heces de pacientes).[5] Debido a la heterogeneidad de los nichos de las arcobacterias todos los años se descubren nuevas especies.
Las especies del género Arcobacter son bacilos pequeños de entre 0,2 y 0,9 micrómetros de ancho y 1,0 y 3,0 micrómetros de largo. Tienen forma de "S" o helicoidal, son Gram negativos y no espodulados. Gracias a que poseen flagelo son capaces de moverse, realizando un movimiento en forma de sacacorchos.[1]
En cuanto ala bioquímica que presentan, son bacterias oxidasa y catalasa positivas, negativos a las pruebas de rojo indol y Voges-Proskauer, no hemolíticos, capaces de reducir nitratos pero incapaces de fermentar y/u oxidar carbohidratos.[1]
Algunas de las especies pertenecientes a este género se han asociado con generar patologías tanto en humanos como en animales. Esas especies son Arcobacter cryaerophilus, A. skirrowii, A. thereius y A. butzleri. Esta última es la especie más prevalente del género y desde 2002 está catalogada como patógeno emergente por la Comisión Internacional de Especificaciones Microbiológicas en Alimentos (ICMSF por sus siglas en inglés).[6]
Durante la última década se está trabajando en todo el mundo con distintas especies de este género con la intención de conocer más sobre ellas y sobre los mecanismos de virulencia, resistencia a antibióticos,[7] formación de biopelícula[8] y patogenia;[9][10] haciendo uso de técnicas tradicionales[11] y novedosas como el NGS.[12]