Adamanto, u otras palabras similares son usadas para referirse a cualquier sustancia especialmente dura, ya sea una composición de diamante, alguna otra piedra preciosa o algún tipo de metal. Tanto el adamanto como el diamante derivan de la palabra griega ἀδάμας, ἀδάμαντος (adamas, adamantos), que significa "indomable". Adamantita y adamantium (un nombre metálico derivado de la terminación -ium del Neo-Latin) también son variantes comunes.
El adamantino ha sido, durante la historia antigua, referido a cualquier cosa que fuera hecha de un material muy duro. Virgilio describe que el Tártaro poseía una puerta protegida por dos columnas de adamantino sólido (Eneida libro VI). Más tarde, en la Edad Media, este término acabó refiriéndose al diamante, y era el material más duro conocido entonces.
Fue también en la Edad Media, que la dureza del adamantino y las propiedades magnéticas de la magnetita provocaron una confusión y se combinaron, llevando a una definición alternativa en la que "adamanto" significaba imán, erróneamente derivado del latín "adamare", que significa estar enamorado o atraído hacia algo.[1] Otra conexión fue la creencia de que el adamanto (la definición de diamante) podría bloquear los efectos de un imán. Esto fue tratado en el capítulo III del Pseudodoxia Epidemica, por ejemplo.
Ya que la palabra diamante es ahora usada para la gema más dura, el cada véz más arcaico término "adamanto" tiene un uso más poético o figurativo. Bajo ese concepto, el nombre es frecuentemente usado en los medios populares y en la ficción para referirse a una substancia especialmente dura.